Política

El prior que se resiste a la exhumación de Franco cree que el Concordato le avala

Santiago Cantera refuerza el pulso al Gobierno al negarse por segunda vez a autorizar el acceso a la basílica para que se ejecute el traslado del dictador / Carmen Calvo pidió en enero al Vaticano que tomara medidas para evitar un “conflicto” indeseado

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El prior que se resiste a la exhumación de Franco cree que el Concordato le avala
Santiago Cantera, prior del monasterio del Valle de los Caídos, en una entrevista concedida en marzo de 2017.

Santiago Cantera, prior del monasterio del Valle de los Caídos, en una entrevista concedida en marzo de 2017. G. M. PIANTADOSI

Resumen:

«Más vale morir por las leyes divinas que hacer traición de los derechos de la Iglesia rindiéndose a los despreciadores y violadores de esas divinas leyes, porque no resistirles no cabe duda que es renegar la fe de Cristo». Santiago Cantera Montenegro (Madrid, 1972), prior de la abadía del Valle de los Caídos desde hace cinco años, está decidido casi diez siglos después a seguir hasta las últimas consecuencias la proclama del Papa San Gregorio VII en el pleito que mantiene con el Gobierno de Pedro Sánchez a cuenta del proyecto de exhumación de los restos de Franco.

Salvo que el Vaticano le obligue a renunciar a la inviolabilidad del templo, el monje está dispuesto a llevar hasta Estrasburgo la defensa del derecho a la libertad religiosa y a la no intromisión de los poderes civiles en los lugares y actos de culto mientras el Ejecutivo en funciones -en vísperas de las elecciones del 10-N- ve cada vez más cerca la salida del cuerpo embalsamado del dictador de la basílica de Cuelgamuros después de casi 44 años tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo.

En su respuesta al Gobierno, fechada este miércoles, Santiago Cantera hace ver que la oposición de los nietos del dictador se mantiene e insiste en que es necesaria la autorización para que el Ejecutivo pueda acceder al templo y levantar la losa de granito que tapa la sepultura del dictador desde noviembre de 1975 en virtud del artículo 1.5 del Acuerdo con la Santa Sede para asuntos jurídicos. Vigente desde 1979, este precepto establece que «los lugares de culto tienen garantizada su inviolabilidad con arreglo a las Leyes».

Es la segunda vez -la primera ocasión tuvo lugar el pasado 26 de diciembre- que el prior deniega el permiso al gabinete de Pedro Sánchez. Esta oposición ya llevó a la vicepresidenta Carmen Calvo el pasado enero a pedir al Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, que tomara las decisiones oportunas «a fin de remover los obstáculos que la referida abadía ha creado con su decisión» y evitar «un conflicto jurídico y político» indeseado. En este tiempo, Roma no ha amagado siquiera con desautorizar a Cantera, que sólo responde ante el Papa Francisco. Moncloa espera que ahora, tras el pronunciamiento del Supremo, «entre en razón».

Los benedictinos interpretan que, si abrieran las puertas para que se produjera la exhumación, estarían dejando sin finalidad los recursos que se interpondrán ante el Tribunal Constitucional por vulneración de derechos fundamentales y allanarían el camino para que el Ejecutivo pudiera trasladar a otras sepulturas los restos de la veintena de monjes que están enterrados en el cementerio de la abadía.

El prior, por dos veces, ha denegado la autorización eclesiástica que le ha pedido el Gobierno de Sánchez

El decreto-ley por el que se modificó la Ley de Memoria Histórica en agosto de 2018 para dar cobertura legal a la exhumación del cadáver embalsamado de Franco no deja dudas a interpretaciones: «Sólo podrán yacer en el Valle de los Caídos los restos mortales de personas que fallecieron a causa de la Guerra Civil y, en consecuencia, habilitar la exhumación de los restos mortales de personas distintas a las caídas durante la Guerra». Ninguno de los religiosos murió antes de enero de 1963, por lo que no cumplen la condición para continuar en Cuelgamuros.

Sin fecha aún por parte del Gobierno, el traslado de los restos del dictador no ha terminado de dirimirse en el plano judicial pese al pronunciamiento que avala el proyecto del Ejecutivo. El Alto Tribunal ha de resolver el recurso de la abadía y de otras dos partes -la Fundación Nacional Francisco Franco y la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos- y, mientras tanto, la exhumación está suspendida cautelarmente. Fracasada la vía del Supremo, las familia ha anunciado ya que recurrirá al Constitucional, al que pedirán que frene el traslado de forma cautelarísima hasta que al menos decida si admite o no a trámite el amparo.

El prior, ‘marcado’ por Franco

Santiago Cantera Montenegro tenía tan sólo tres años cuando murió el dictador por un «shock tóxico por peritonitis» en la Ciudad Sanitaria La Paz de Madrid, pero Franco marcará para siempre su etapa como prior administrador del Valle de los Caídos. Su rechazo a autorizar la entrada en la basílica para que se ejecute la exhumación por la oposición de la familia lo ha convertido en un ‘héroe’ para muchos católicos que ensalzan su defensa numantina mientras algunos cargos de la curia española se han puesto de perfil y en un ‘villano’ para los que piensan que está boicoteando un acuerdo emanado del Parlamento y una sentencia del máximo órgano jurisdiccional del país.

Hijo de un catedrático de Filología Francesa nacido en San Sebastián y de una gallega que había estudiado Filosofía y Letras, Santiago Cantera es el menor de cinco hermanos criados en un ambiente religioso. Él sintió la llamada a la vida monástica cuando estaba a punto de cumplir los 30 años, si bien ha contado en alguna entrevista periodística que la vocación empezó a notarla a raíz de una visita que con sólo 12 hizo al monasterio cisterciense de Cañas. En la localidad riojana, donde nació Santo Domingo de Silos en el año 1000, fue cuando empezó a darse cuenta del interés que despertaba en él la actividad monacal, a la que terminaría consagrando su vida décadas después.

Cantera fue alférez de Infantería y figuró en una candidatura de Falange antes de licenciarse en Historia y ejercer la docencia

La biografía de Cantera incluye su paso por el servicio militar en Alicante y su ingreso en la Academia de Infantería de Toledo, desde donde fue destinado como alférez a una unidad de la División Acorazada en Badajoz. Era mediados de los 90 y ultimaba sus estudios en Historia en la Universidad Complutense de Madrid.

Fue después de haber integrado la candidatura con la que Falange Española Independiente (FEI) se presentó a las elecciones generales celebradas el 6 de junio de 1993 -Cantera ocupaba el puesto 32 (de 34) en aquella lista encabezada por Miguel Ángel Gimeno Álvarez, hermano del ex director general de El Corte Inglés Dimas Gimeno- y a los comicios europeos de 1994, también en posiciones de cola.

Ese episodio de su juventud es utilizado ahora por sus detractores para arremeter contra él y subrayar su supuesto perfil antidemocrático por no aceptar la voluntad expresada por los grupos en el Congreso de los Diputados en mayo de 2017 y no aquietarse ante la sentencia con la que el Tribunal Supremo ha desestimado por unanimidad el recurso interpuesto por los siete nietos del dictador para frenar la exhumación de los restos de su abuelo.

Un benedictino… estudioso de los cartujos

Menos aireado que su inclusión en las listas de Falange es que el origen de dicho movimiento fue el llamado Frente de Estudiantes Sindicalistas, un grupo de oposición al régimen franquista por considerar que el dictador había traicionado el ideario de justicia social que promovió José Antonio Primo de Rivera. «Fue idealismo de juventud», ha justificado en alguna ocasión el hoy prior, que nunca llegó a militar en la Falange.

Cerrado ese paréntesis, Santiago Cantera se licenció en Historia y se doctoró con una tesis que abordaba el puesto que los monjes cartujos ocuparon en España entre 1390 -año en que tuvo lugar la fundación del monasterio de Santa María de El Paular (Madrid)- y 1563, cuando se inauguró el cenobio Aula Dei de Zaragoza.

No fue el hábito cartujo sino el benedictino el que decidió vestir tras cerrar su etapa como profesor de Historia Medieval en la Universidad San Pablo-CEU, a pesar de haberse sometido a una prueba como candidato en la Cartuja de Miraflores (Burgos) y que su concepción austera de la vida monástica le situaba más cerca de la orden fundada por San Bruno en el siglo XI. La posibilidad de ejercer un cierto apostolado externo es lo que justifica que se decantara por la congregación creada por Benito de Nursia.

Prendida definitivamente la llamada de la vocación monástica, Cantera dejó la docencia universitaria y en marzo de 2002 ingresó en la comunidad benedictina tras participar en unos ejercicios espirituales en Valladolid. Desde entonces ha permanecido en la abadía del Valle de los Caídos, regida desde su fundación por monjes benedictinos. Ellos tienen encomendada la gestión del culto en la basílica y la dirección de la escolanía, entre otras funciones.

En septiembre de 2014, Santiago Cantera fue nombrado prior administrador, rango inmediatamente inferior al de abad. Esta condición sólo la han tenido en Cuelgamuros cinco personas: Justo Pérez de Urbel, Luis María de Lojendio e Irure, Emilio Aparicio Olmos, Ernesto Dolado Pablo -todos ellos ya fallecidos- y fray Anselmo Álvarez Navarrete.

Recién cumplidos los primeros cinco años, el historiador madrileño copa ahora titulares en la prensa ante su decisión de no autorizar el acceso a la basílica para que se materialice la exhumación mientras arrecian las críticas de unos por su postura y las alabanzas de otros por su férrea postura. Él tiene muy presentes las palabras de San Gregorio VII: «Una Iglesia libre, casta y católica». En la situación actual, sin duda, es toda una declaración de intenciones.