Policías nacionales, desalojando a los manifestantes que cortaban el tráfico en la AP-7 en Girona.

Policías nacionales, durante el corte al tráfico en la AP-7. EFE

Política

"Te atacan con odio. Si pudieran matarte lo harían sin dudarlo"

Los testimonios de policías nacionales desplegados en Cataluña ante los actos violentos promovidos por radicales en respuesta a la sentencia del 'procés' / "Nos tiraban de todo y cantaban: '¿Dónde está el paracaidista?", relata un agente

«Antes iba a una manifestación y, sí, tornaba en cargas policiales y en un rifirrafe, pero es que ahora te atacan con odio. Si pudieran matarte lo harían sin dudarlo. Se me ponen los pelos de punta; hay veces que me dan ganas de llorar». Lleva varias décadas destinado en Cataluña como policía nacional y jamás imaginó que viviría las escenas de violencia que se están registrando esta semana en las calles de Barcelona por parte de radicales independentistas tras dictarse la sentencia del procés.

«He visto el odio en los ojos. Si los chavales que estaban allí hubieran podido matarme lo hubieran hecho», insiste este funcionario del Cuerpo Nacional, que accede a contar sus vivencias a El Independiente bajo la condición de que se preserve su identidad. Su relato no difiere mucho del ofrecido a este diario por otros agentes movilizados por el Ministerio del Interior para aplacar las violentas revueltas.

Esa «rabia» exacerbada la percibieron también las decenas de antidisturbios que el martes por la noche participaron en el servicio que se montó ante la muchedumbre que se congregó a las puertas de la Jefatura Superior de Policía de Cataluña, en la céntrica Vía Laietana.

Ese punto de Barcelona ha sido uno de los escenarios críticos esta semana, tanto el martes como en la tarde-noche de este viernes. Primero fue el asedio al aeropuerto de El Prat, lo que motivó la cancelación de más de un centenar de vuelos. El miércoles la multitud se congregó ante la sede de la Delegación del Gobierno, uno de los símbolos del poder del Estado en Cataluña.

«Nos arrojaron de todo: cervezas, botellas de cristal, paraguas, pinchos, tornillos… Y nos dedicaban todo tipo de cánticos, muy despectivos. Cantaban: ‘¿Dónde está el paracaidista [en alusión al militar que se enganchó a una farola durante el reciente desfile celebrado en Madrid por el Día de la Hispanidad]?», rememora bajo anonimato uno de los agentes que intervino en el dispositivo desplegado ante la Jefatura Superior.

Nos tiraban de todo y cantaban: ‘¿Dónde está el paracaidista?», rememora uno de los antidisturbios movilizados en Barcelona

El policía no olvida el grado de excitación que producía a los congregados cuando los manifestantes cogían las banderas de España que se habían colocado en las farolas de Vía Laietana por el 12 de octubre y trataban de quemarlas. «En una de ésas, varios jóvenes se acercaron a la valla que había delante de la Jefatura y tiraron al suelo la bandera que habían arrancado previamente. Como es nuestra enseña y la respetamos, un compañero decidió ir a por ella. En ese momento la gente se alteró mucho y empezaron a lanzarnos de todo. Uno le pegó una patada a la valla y la tiró. Nosotros retrocedimos hasta que el jefe del operativo decidió que había que ir a levantarla. En ese momento empezaron a acercarse los jóvenes y tumbaron no una, sino dos, tres… Ya no es que las tiraran, es que las cogían del suelo y nos las lanzaban», relata.

El policía destaca el hecho de que en esa concentración -repetida en la noche de este viernes- hubiera «mucha gente joven y mucha gente mayor». «No había término medio», resalta el funcionario, que detalla cómo les ayuda a identificar a los radicales que acuden a «reventar» este tipo de actos la «indumentaria» que visten. «Había muchos chavalines, los típicos jóvenes que van de la mano de gente que piensa que van a una fiesta a emborracharse y se convierte en una exaltación de la violencia y contra los policías», describe.

«Virulencia» inesperada

Pese a su experiencia policial y que los disturbios eran fáciles de presagiar, el otro agente admite abiertamente su sorpresa por la «virulencia» con la que se están desenvolviendo los grupos radicales de los Comités para la Defensa de la República (CDR). «Siempre analizas el peor de los escenarios, pero no se preveía esto. Pensabas que esta situación podía darse una noche, pero no tantos días seguidos. No nos ha pillado desprevenidos, pero sí nos ha sorprendido», explica.

Sí hay un reconocimiento unánime a la labor que están desarrollando esta semana los Mossos d’Esquadra, muy criticados por la pasividad demostrada con motivo del referéndum de autodeterminación del 1-O en 2017. «Cuando se han visto abandonados, no les queda más remedio que cambiar la táctica y ahora están tratando de recuperar el prestigio y ganarse la amistad. Ahora bien, si no llega a ser por el despliegue extraordinario de la Policía Nacional el lunes en el aeropuerto no habrían tenido capacidad de respuesta por la gravedad de los hechos», explica un funcionario.

«Ver esa alianza en las actuaciones, trabajando conjuntamente y dándose relevos, es un motivo de orgullo después de la vergüenza del 1-O», destaca David Hernández, presidente de Politeia. Nacida en el otoño de 2017, se trata de una asociación que trata de reforzar lazos entre los integrantes de los distintos Cuerpos en Cataluña (Mossos, Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Portuaria, entre otros).

«Hay mucha gente joven. Ver al futuro de Cataluña arrojando a la policía todo tipo de objetos te entristece aún más», dice un ‘mosso’

Hernández declara que tanto la Brigada Móvil (Brimo) como los funcionarios adscritos al Área Regional de Recursos Operativos (Arro) de la Policía de la Generalitat están dando «el do de pecho» y trabajando de manera coordinada con la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional, pero tiene dudas de la actuación de las unidades de Seguridad Ciudadana y de Tráfico. «Sólo hay que ver las imágenes de televisión para comprobar la facilitad pasmosa que [el independentismo] tiene para cortar carreteras o autopistas. Ahí sí que no llega la orden y no hay coordinación», reprocha.

En el seno de la Policía Autonómica, la sensación reinante es de «abandono» por parte de los dirigentes políticos pese al «sobreesfuerzo» que los integrantes de este Cuerpo están realizando -al igual que los miembros de la Policía Nacional- para repeler los actos de «violencia desmedida» que llevan a cabo los radicales desde el pasado lunes.

«Hay sensación de que estamos como abandonados. No se reconoce la labor que estamos haciendo de pacificación de la vía pública para que toda la sociedad pueda convivir en paz», reprocha Fran Reina, integrante de la ejecutiva del Sindicato de Policías de Cataluña (SPC). Su sensación no puede ser más triste: «Llama la atención que hay mucha gente joven. Ver al futuro de Cataluña delante tuya arrojando a la policía todo tipo de objetos te entristece aún más».

«El Estado, ausente en 30 años»

Uno de los policías nacionales con el que ha hablado este periódico no se manifiesta simplemente como especialista en materia de seguridad, sino también como un ciudadano que ha echado raíces en esta comunidad y que adora la tierra que le acogió. Su relato destila amargura y trata de explicar ese sentimiento contrario a lo que supone el Estado por parte de un sector de la población. «En Cataluña, por parte del secesionismo, hay un odio inaceptable hacia cualquier persona con ideas diferentes, no ya hacia los policías. Se palpa en el ambiente. Esta fractura no es normal ni le veo solución a corto plazo», sostiene.

Ese clima, dice, hace «insufrible» trabajar en este momento en Cataluña a policías nacionales y guardias civiles. También a otros profesionales a los que el independentismo ha puesto en la diana, como a jueces y fiscales. «Tengo decidido marcharme. Es por nuestras familias. Por el mero hecho de que soy policía, ya consideran a mis hijos fachas. A partir del 1-O, dejaron de hablarles algunos de sus amigos desde que iban al colegio por vestir yo este uniforme», censura.

En su opinión, ese «veneno» se viene inoculando «desde hace años» a través del «adoctrinamiento» en las escuelas catalanas. No es la única explicación que encuentra este funcionario: «El Estado ha estado ausente de Cataluña en los últimos 30 años y ahora se están pagando estas consecuencias».

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