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El PP quiere ser feminista y ecologista para ampliar su base electoral

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El PP quiere ser feminista y ecologista para ampliar su base electoral

Casado junto a García Egea y Beltrán en la reunión de su Junta Directiva EFE

Resumen:

El PP quiere ampliar su base electoral, atraer a un sector de la socialdemocracia y resituarse en el centro del tablero político aprovechando la debilidad de Ciudadanos. Y para ello entiende que debe «ampliar su discurso» a cuestiones muy pegadas al debate social. «Porque no todo es economía», Pablo Casado y sus barones territoriales coincidieron este lunes en la necesidad de intentar «impedir que las banderas de la igualdad, de la lucha contra la violencia de género, del cambio climático y del europeísmo», entre otras, estén sólo del lado del Gobierno de coalición PSOE-Unidos Podemos.

Esta fue una de las cuestiones que trataron en el almuerzo posterior a la reunión de la Junta Directiva Nacional, según ha podido conocer El Independiente. En qué se va a traducir eso está por ver, pero sí asumieron que las siglas populares no se identifican con muchas de las actuales reivindicaciones, incluso aparecen como negacionistas de las mismas.

Es el caso de los delitos contra la libertad sexual, en concreto en lo que se refiere al consentimiento de modo que el Código Penal deje de distinguir entre abuso y violación, cuestión pendiente de reforma esta legislatura. Una destacada dirigente del PP como es su portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, ha insistido en distintas ocasiones en que la ausencia del «sí» no significa necesariamente «no», pero la ex presidenta del Congreso y ex ministra Ana Pastor se ha alineado con los que entienden que «si no hay consentimiento hay violación».

Casado ha comenzado a apelar a la igualdad y recordado la creación del Ministerio de Medioambiente

Y frente a presidentes autonómicos populares que como el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco proponen sacar adelante una ley autonómica de cambio climático para situar a la Comunidad a la «vanguardia» de la lucha contra este problema mundial, José María Aznar arremete contra la activista Greta Thunberg de la que dijo, con motivo de su presencia en Madrid para asistir a la Conferencia sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (COP25) de noviembre, que «esa niña debería estar en la escuela. Podemos hacer el espectáculo que queramos, podemos coger una niña y, como no le gusta un avión porque contamina, fletar un barco y cruzar el Atlántico».

Precisamente ayer, en un acto de partido, el líder del PP, incorporó ambos asuntos en la agenda al reivindicar que «estamos a favor de la igualdad de la mujer, pero con hechos. El PP hizo la gran revolución del empleo de las mujeres». Y sobre la cuestión medioambiental, apeló a que fue un gobierno de su partido el que creó el Ministerio de Medio Ambiente y firmó Kioto y París. ¿Qué lecciones nos van a dar a nosotros de desarrollo mediambiental?».

Lo cierto es que, a efectos de imagen y de mensaje el PP tiene un largo camino que recorrer. De nada sirve que recuerden que fueron ellos, «y no los socialistas», los primeros en presentar a un buen número de candidatas a presidencias de Comunidad y ayuntamientos de capitales de provincia en las elecciones autonómicas y municipales de un ya lejano 1995; también en tener las primeras mujeres al frente del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre, respectivamente, hace veinte años.

De hecho, cuando el Congreso aprobó este diciembre la presidencia de Meritxell Batet y el Senado la de Pilar Llop, incluso el PSOE se volcó en destacar que, por primera vez, dos mujeres ocupaban simultáneamente la tercera y cuarta autoridad del Estado, lo que no era cierto.

Pero también fue del PP la primera y única mujer española que ha sido comisaria europea, Loyola de Palacio, y, mucho antes que el PSOE, una portavoz parlamentaria y una número dos del partido como Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Pero con ser todo ello cierto, la etiqueta de la igualdad entre hombres y mujeres no se vincula a los populares, tampoco la de la lucha contra la violencia de género ni el ecologismo. De hecho, los sondeos del CIS han venido demostrando históricamente que si bien se reconocía al PP mayor competencia en la gestión económica, el apartado social era terreno del socialismo.

Anclarse al centro y ser fronterizos con el PSOE, fórmula para crecer electoralmente

Barones territoriales populares como el andaluz Juan Manuel Moreno han apelado no pocas veces a que el partido debe tener «un pie anclado en el centro» político. Otro dirigente argumenta que «la única forma de crecer es siendo limítrofes por el centro con el PSOE». Casado denunció el pasado lunes ante su Junta Directiva Nacional que Pedro Sánchez ha dado un «giro a la izquierda» obligado por su coalición con Pablo Iglesias, dejando aún más expedito ese espacio central que hasta hace bien poco ponía y quitaba gobiernos.

Habrá que preguntarse si la polarización permite otra cosa que no sea la política de trincheras, precisamente las que este martes denunciaba el dimisionario Borja Sémper, un representante genuíno de la centralidad en el PP.

La dirección nacional no termina de tener resuelto el tono de oposición. No es el mismo el que empleó Casado el pasado día 4, durante la primera sesión del debate de investidura, que el 7, cuando la votación salió adelante. Pasó de una dureza similar a la de la campaña del 28-A a un discurso mucho más moderado, el mismo del que echó mano este mismo lunes ante el más importante órgano del partido entre congresos, que fue calificado por los suyos de «propio de un hombre de Estado».

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