Estuvo a punto de ser secretario general de la ONU en 2016 cuando fue elegido finalmente el portugués Antonio Guterres. Ahora cree que tuvo suerte porque es el trabajo más imposible que uno pueda concebir. Danilo Türk (Maribor, 1952) es doctor en Leyes por la Universidad de Liubliana, especializado en derecho al desarrollo y derechos humanos. Fue elegido presidente de Eslovenia en 2007 contra todo pronóstico, ya que es una figura independiente cuyo principal aval es su progresismo social y su trayectoria internacional. Estuvo en el cargo hasta 2012.

Acaba de ser elegido presidente del Club de Madrid, una asamblea de líderes mundiales de la que forman parte más de 100 ex presidentes y ex primeros ministros de países democráticos, cuyo fin es apoyar los valores de la democracia y promover el liderazgo.

Forman parte del Club de Madrid los ex presidentes del gobierno español José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González. Celebrarán su próximo encuentro en la primavera en Boston. Türk, que sigue la política española, acaba de visitar Madrid, sede de la organización.

En las oficinas en pleno centro hablamos de las amenazas de la democracia, del Brexit, de Cataluña, de Venezuela y de China. No puede, por deferencia, distinguir a ninguno de sus colegas en el Club de Madrid, pero sí comenta cómo le impresionó Nelson Mandela cuando coincidió con el líder antiapartheid en la ONU en varias ocasiones. «Siempre tenía una sonrisa en los labios y una manera luminosa de afrontar los problemas», rememora.

Cree que el nacionalismo y el populismo amenazan la democracia en la actualidad y explica cómo su país llegó a la independencia como consecuencia del colapso de Yugoslavia. «Era una necesidad existencial, una vía para evitar la guerra en una situación excepcional. Nadie la habría apoyado diez años antes».

Pregunta.- ¿Qué quiere usted conseguir al frente del Club de Madrid?

Respuesta.- El Club de Madrid es una gran organización de 110 ex presidentes y ex primeros ministros. Tenemos varios prioridades: el primero es lo que denominamos una nueva generación de democracia. Vemos problemas en la democracia actualmente y necesitamos afrontarlos. Algunas tienen que ver con la tecnología, la inteligencia artificial, las redes sociales, el microtargeting, etc… En Boston veremos cómo proteger la democracia de los abusos y la manipulación que estamos viendo en elecciones recientes. Estamos preocupados por estas cuestiones y por ello reflexionaremos con legisladores también y haremos recomendaciones.

A su vez queremos promover el multilateralismo, que es un deber, es la manera de abordar los problemas globales.

P.- La democracia está amenazada hoy en día por el populismo y el nacionalismo.

Nacionalismo y populismo son muchas veces lo mismo… En Italia hemos visto cómo la gente no está muy contenta con el populismo nacionalista de Salvini

R.- Son a menudo lo mismo. Algunas veces el populismo es otro nombre de un mal nacionalismo que viene del pasado y está renaciendo en sitios como Italia, Hungría… y hay que buscar alternativas. En Italia hemos visto ahora cómo en Emilia-Romaña Salvini no ha ganado. Y eso revela que la gente no está muy contenta con ese populismo nacionalista que representa Salvini. No todo está perdido: hay esperanza. Hay que buscar alternativas: ya pasó en los Países Bajos y en Francia, aún no ha sucedido en Hungría…

P.- Es usted optimista, deduzco.

R.- No soy optimista pero no he perdido la esperanza. Hay una diferencia. Veo que hay ejemplos que alientan esta esperanza, donde no domina el sentimiento nacionalista.

P.- Esta semana ha sido la última del Reino Unido como miembro de la Unión Europea tras el referéndum del Brexit del 23 de junio de 2016. El Brexit sería un ejemplo de estas amenazas a las que se enfrenta la democracia. Votaron en referéndum, pero el proceso estuvo tan distorsionado que no es un ejemplo de democracia. Como especialista en leyes, ¿qué le parece que se resuelvan cuestiones tan complejas por medio de referéndums?

R.- El gobierno permitió el referéndum para ganarlo y luego tuvo un enorme problema al perderlo. Fue un error político. En el proceso hubo muchas mentiras, irregularidades… Eso lo sabemos ahora. Hemos de tener cuidado con las maneras en que se usan los big data en los referéndum. En términos legales nunca he sido partidario del sistema mayoritario en el que el ganador se queda con la mayoría de los votos. En mi país se optó por el sistema proporcional que representa la voluntad de la gente mejor. Hace necesarias las coaliciones, y sé que aquí los españoles estáis empezando a saber qué es un gobierno en coalición.

P.- ¿Y considera que una cuestión como el Brexit ha de dirimirse en un referéndum?

R.- No lo es. Tiene más sentido una discusión pública racional. En los referéndum se potencia lo emocional. Debería haber una forma más racional y realista de afrontar un problema así, con argumentos contrastados. La experiencia británica ha fortalecido a la Unión Europea. El Brexit es un reflejo de la cultura política británica. El Reino Unido nunca ha sido un socio que se sintiera cómodo. Nadie en la UE quiere irse de la UE, sino al contrario. Buscan ese Reino Unido global como reminiscencia de su antiguo imperio.

El Brexit es un reflejo de la cultura política británica. Buscan ese Reino Unido global como reminiscencia de su antiguo imperio

Y hay otra cuestión antropológica que ya resaltaba John Stuart Mill, tiene que ver con esa mirada británica que no se toma nada en serio, que considera que ser demasiado racional lleva al autoritarismo. De ahí esa excentricidad. No se toman la política en serio. Pero no hay una única respuesta que explique por qué se ha llevado a cabo el Brexit. Crean esa distancia entre los ciudadanos y el Estado de esa manera.

P.- Sería lo opuesto a Francia.

R.- Así es. Francia cultiva la racionalidad y el poder del Estado.

P.- Usted proviene de un país, Eslovenia, que accedió a la independencia cuando Yugoslavia se rompió en pedazos, en 1991. Recientemente los independentistas catalanes han evocado Eslovenia como ejemplo para su vía a la independencia. ¿Qué opina?

R.- Cada caso es único. De Cataluña no sé mucho, pero sí de Eslovenia. La independencia fue una opción para Eslovenia como consecuencia del colapso de Yugoslavia. La independencia no era una cuestión simple como elegir menú en el restaurante, era una necesidad existencial. Había temor de que la guerra estallara y la independencia podía ser una vía de evitarlo y protegerse. La inflación era galopante y la economía estaba al borde del colapso. Si hubieras preguntado diez años antes a los eslovenos, no habrían apoyado la independencia. Eslovenia era parte de la confederación y la base para la independencia ya estaba en la Constitución.

P.- En España seguimos lidiando con la llamada cuestión catalana. Los independentistas simularon un referéndum y proclamaron la independencia y ahora han sido juzgados y varios de sus dirigentes están en la cárcel después de un juicio con todas las garantías legales. Son políticos que están en prisión por no acatar la ley. Pero tratan de trasladar a la opinión internacional que son presos políticos.

R.- Hay que mirar la parte legal y la política de forma separada. Sobre la cuestión legal a muchos en Europa ha sorprendido que las penas sean tan severas. Están sustentadas en argumentos legales, lo sé. También la cuestión de los mandatos de los dirigentes independentistas en el Parlamento Europeo. Estas cuestiones legales deberían de abordarse en el seno de la UE.

Desde el punto de vista político, no deberíamos ver imposible el diálogo, siempre que se respete la ley, y creo que el gobierno está en esta vía. El diálogo es clave. Estos dos caminos, legal y político, son independientes y complementarios.

P.- ¿Cómo pueden mejorar las relaciones entre la UE y Latinoamérica desde el club de Madrid, donde confluyen ex mandatarios de los dos lados del Atlántico?

R.- En el pasado a los latinoamericanos les importaba más la conexión con la UE. Pero hay que entender que la UE ha de asumir su papel de potencia global y ha de comprender las expectativas generadas en otras regiones, como en Latinoamérica. Ahora está más ligada a China económicamente. Pero a los dos lados les viene bien una cooperación más estrecha. Latinoamérica y la UE se necesitan mutuamente. Hemos de afrontar las necesidades cambiantes de cada momento.

P.- En Latinoamérica hay una crisis especialmente grave que en España preocupa mucho: la crisis venezolana. Ahí la democracia está amenazada por el régimen que se apuntala en el ejército.

R.- La falta de diálogo es un problema para Venezuela. Seguí los acontecimientos de Venezuela en el pasado, con Hugo Chávez. Me impresionó la gente de Primero Justicia. Creía que iban a liderar el proceso de diálogo y reformas. Esa era mi esperanza. Venezuela tiene mucha gente con talento de los que hemos perdido la pista. El colapso del régimen no parece que pueda darse sin más sufrimiento. No vemos ahora la salida.

Muchos creen en Venezuela que el régimen caerá como consecuencia de las manifestaciones… Se necesita algo más

P.- En Venezuela el problema con el diálogo es que el régimen lo ha usado tanto que ha pervertido su significado.

R.- El diálogo pierde su credibilidad cuando eso ocurre. Eso es cierto. Pero tengo la sensación de que muchos creen que como resultado de manifestaciones y recogidas de firmas va a cambiar el gobierno y eso no va a pasar. Se necesita algo más y eso falta.

P.- Hay quienes señalan que la cuestión de la no injerencia en asuntos de otros países es clave y así justifican su respaldo, más o menos claro, a Maduro. Pero el apacigüamiento y la condescendencia con el régimen es una manera de intervención también, cuando se violan los derechos humanos.

R.- El apacigüamiento en Venezuela no ha dado nada bueno. El régimen en Venezuela está implicado en narcotráfico, delincuencia… con todo tipo de patologías sociales. No es una situación política normal. No veo condiciones para el diálogo en la actualidad.

P.- Antes se refirió a China y su presencia en Latinoamérica. China es la segunda potencia global, pero no es una potencia democrática y su respeto a los derechos humanos está en entredicho. ¿Cómo coexistir con China?

R.- Hemos de comprender que el mundo evoluciona y que hay diferentes modelos de desarrollo y diversos tipos de legitimidad. Deberíamos abandonar la ilusión de un único modelo de legitimidad y de desarrollo. Los Estados pueden obtener la legitimidad por otras vías. A pequeña escala el ejemplo es Singapur y a grande es China. Es la realidad. Podemos estar de acuerdo en la importancia del respeto al Estado de derecho y es lo que hemos de promover.

P.- En contra del Estado de derecho se sitúan ahora no solo nacionalistas sino también los que se consideran perdedores de la globalización, a quienes los populistas captan con facilidad. ¿Cómo se puede atender a las necesidades de aquellos que sufren las desigualdades y que como consecuencia están dispuestos a echar todo por tierra?

R.- Una de las deficiencias de la democracia es que no ha afrontado la desigualdad de la mejor manera. Esto ha generado un gran problema. La única manera es desarrollar políticas que busquen cómo compensar este desequilibrio. Hay organizaciones que lo llevan diciendo décadas. No se trata solo de derechos humanos y democracia, sino de la sostenibilidad de los Estados. Los Estados se convierten en inestables con la desigualdad. Mucho se puede hacer con fiscalidad y con Estado de derecho. La presión de los beneficios y la especulación ha sido muy grande. En Davos cada vez se habla más de este enfoque, no solo se habla ya de beneficios, sino también de bien común. Hace diez años no se referían a estas cuestiones. Puede haber mejoras si hay voluntad política.