El periodista Juan Pablo Cardenal se ha pasado el último año y medio resiguiendo el rastro de la red internacional de contactos creada en la última década por le independentismo para afianzar el apoyo de la opinión publica europea a su causa. Ha sido uno de los grandes éxitos del procés, culminado con las imágenes del 1-O, y Cardenal lo describe a fondo en La telaraña. Tras su investigación, este periodista catalán afincado en Suiza afirma que la política exterior de la Generalitat demuestra «que utilizaron nuestro dinero para impulsar un fin ilegal que tenía como objetivo romper España». Y constata con preocupación que si los constitucionalistas no hacen nada por evitarlo, Cataluña se acabará independizando «de iure o de facto».

Pregunta.- ¿Qué proyección le augura a Puigdemont como eurodiputado?

Respuesta.- Está en un sitio que es el circo perfecto para su show. Como ahí hay frikis de todo pelaje y condición siempre va a tener público. Va a tener fuerzas -las nacionalistas o las de extrema izquierda- que le van a acoger y le van a dar toda la cancha del mundo, y el Parlamento Europeo se presta a eso. Hasta que lo extraditen a España el objetivo de Puigdemont será no dejar que se apague el tema y para hacer eso hablará mal de España. En Bruselas el tema de la independencia tiene mala venta y la alternativa a eso es hablar de la España autoritaria. Es una mala noticia porque tiene su parroquia en Europa, seguirá haciendo ruido y la prensa le seguirá dando cancha. No les queda otra, como tampoco van a dejar de hacer ruido en la ONU. Son los dos sitios que les quedan para hacer ruido, Ginebra y Bruselas.

P.- ¿Cómo explica los informes del Grupo de detenciones arbitrarias de la ONU, tan parciales a favor del independentismo?

R.- Es inexplicable. Ese informe en concreto es intelectualmente bochornoso. Por suerte es tan grotesco que en el fondo nadie le hace caso, excepto para consumo interno. Aquí se ha vendido como que la ONU dice que… Los independentistas entendieron muy bien el funcionamiento de la ONU y que hay una serie de mecanismos, bastante periféricos respecto al centro de decisiones, que podía utilizar. Hicieron pequeñas donaciones a la oficina del Alto Comisionado, y a partir de ahí tienes acceso a los relatores, puedes sugerir cosas, estás en la pomada de ser un donante. Si haces una donación y pones a una persona como Manonelles, que se mueve bien en la ONU, vendes tu relato, tienes acceso a algunos relatores que son de un perfil muy proclive a defender una causa como esta y ya lo tienes.

El informe del Grupo de la ONU es intelectualmente bochornoso, pero les sirve para su agit prop«

No olvidemos que no es una vía judicial, es la opinión personal de los relatores, no de la ONU, pero esto es una batalla propagandística y lo que queda es ‘la ONU ha dicho’. En ese aspecto ellos han sido listos, han visto que ahí tenían una vía para su agit prop.

P.- Vistas las sentencias contrarias en Alemania, Bélgica o el TJUE ¿España ha perdido la batalla del relato internacional sobre el procés?

R.- Absolutamente. Las personas que han apoyado el procés se lo han trabajado y se han quedado con una parte de la historia, del relato, porque la otra parte, que era el Gobierno de España, decidió no hacerlo. Nos han ganado por goleada, y mi lógica me dice que esas sentencias de los tribunales no pueden ser ajenas a ese clima.

P.- La batalla de la opinión pública internacional parece perdida. ¿Como va la batalla institucional?

R.- Al Gobierno español le concedo dos cosas en su respuesta: que no había precedentes y había que estar ahí para gestionar eso, no era fácil; y que en la foto no se ha movido nadie a nivel de gobiernos. Pero es que ninguno de esos gobiernos europeos tenía ningún incentivo para apoyar esta causa, el Gobierno español partía con ventaja, porque con las tensiones territoriales que hay en Europa nadie quería agitar ese avispero. Peter Collecott, de Independent Diplomat, me demostró que había gobiernos que simpatizaban con la causa independentista, pero ni siquiera esos tenían un incentivo para meterse en el jaleo de enfrentarse a España para apoyarlo públicamente. Estoy seguro de que entre bastidores el Gobierno lo hizo bien, pero jugaban con ventaja, e hicieron algo muy mal que es desatender a la opinión pública. Los gobiernos de esos países no solo debían tener en cuenta lo que les podía decir el Gobierno español sino que debían tener en cuenta también lo que les podía decir su opinión pública. Eso es algo que el independentismo entendió muy bien y el Gobierno, incomprensiblemente, desatendió.

Cuando el Gobierno opta por un perfil bajo influye su alergia a los medios internacionales porque sabían que no podrían evitar las preguntas sobre corrupción»

P.- ¿A qué atribuye la ceguera del Gobierno a la hora de construir un relato que contraponer al del independentismo a nivel internacional? ¿Es resultado de la personalidad de Rajoy?

R.- La idiosincrasia de Rajoy es sin duda un factor, ni a él ni a su jefa de Comunicación, Carmen Martin Castro, les gusta la comunicación, no la entienden, y los que tenían que hacer esa estrategia no reunían los requisitos, por ejemplo de idiomas. Además, creo que el factor de la corrupción no ayudó. Cuando deciden mantener un perfil bajo es cierto que no querían internacionalizar el conflicto con los independentistas, pero además tenían cierta alergia a los medios internacionales porque sabían que no podrían evitar las preguntas de corrupción. Es una mezcla de todo, de desidia, políticos de otro siglo que no hablan idiomas, no usan las redes sociales ni le ven valor a la comunicación.

P.- ¿En este contexto, cómo valora la sustitución de García-Margallo, al que los independentistas definían como el ‘ministro de Cataluña?

R.- Margallo comete el mismo error, desatender la opinión pública internacional, no concede entrevistas a medios internacionales. Alfonso Dastis, que es un político de perfil mucho más plano, tiene una jefa de comunicación que le arrastra a muchas entrevistas y sobre todo off the record. Algunos de esos encuentros no salieron bien, con el famoso Hardtalk de la BBC, pero aún así hizo una labor que no se había hecho antes. Aunque eso llegó tarde, cuando ya había muchas posiciones consolidadas en la prensa internacional.

P.- ¿Después del 1-O como se le da la vuelta a esa imagen?

R.- Tarde y mal. El 1-O fue el colofón de una gestión de comunicación nefasta durante todo el procés. Ahí se visualiza la victoria independentista. Hubo una cierta reacción con Dastis, pero el que entiende que aunque hay posiciones consolidadas hay que dar esa batalla es Josep Borrell. Para él era el tema más importante. Las élites madrileñas no acaban de entender lo que pasa en Cataluña, no lo han respirado. Borrell lo ha respirado. Ha hecho una buena labor, ha cambiado algunas cosas, pero no ha durado mucho y el daño estaba hecho.

Cuando Borrell sale del Consejo de Ministros estamos perdiendo un activo de la causa constitucionalista. Su trabajo es incompatible con tener de socios a ERC»

P.- ¿Cómo queda ese camino recorrido con la actual configuración del Gobierno y su dependencia de ERC?

R.- Es incompatible. Cuando Borrell sale del Consejo de Ministros estamos perdiendo un activo de la causa constitucionalista. No conozco a la nueva ministra, pero la sensación que da es que no va a ser su prioridad. Es una prioridad que tiene mal encaje con tener de socios a los independentistas, no puedo ser optimista.

P.- Ha afirmado que si no se planta batalla en 30 años Cataluña será independiente.

R.- Quizá ocurra antes. Estoy convencido de que si España no se hace visible en Cataluña, si no tenemos un relato nacional en Cataluña es cuestión de tiempo. No sabemos como desembocará esto, será de iure o de facto, pero Cataluña va a ser independiente. Y si eso ocurre va a ser culpa nuestra, porque no veo como los catalanes de las futuras generaciones pueden tener un vínculo con España si España es algo completamente ajeno. A eso súmale todo el agit prop nacionalista de los medios catalanes y todo lo que pueden meterles en la cabeza en las escuelas. Va a caer como fruta madura.  

No veo como las futuras generaciones de catalanes pueden tener un vínculo con España si España es algo completamente ajeno»

P.- ¿La división del independentismo no va a frenar el procés?

R.- Siempre han tenido rivalidad, ahora peor que antes, con unos líderes de poco nivel. Pero ellos tienen algo que nosotros no tenemos: un objetivo común. Lo pueden hacer todo lo mal que quieran pero eso no los desmoviliza y en una parte de la sociedad catalana hay un sentimiento, que sobre todo es anti español, tan arraigado que tienen un suelo electoral enorme. Se pueden permitir hacerlo mal y no perder apoyo. El ejemplo es Puigdemont, un dirigente que huye, deja en la estacada a sus compañeros, y cuanto más fanático se muestra más apoyo recibe.  

P.- En ese éxito del independentismo a la hora de convencer a la opinión pública europea ¿cuánto hay de venta del proyecto romántico de la revolución de las sonrisas y cuánto de aprovechamiento de la leyenda negra española?

R.- Un factor clave es el desconocimiento enorme de una crisis tan grave en el extranjero. Los independentistas han rellenado ese vacío con recursos públicos que han usado para impulsar por tierra, mar y aire su relato. En un territorio virgen ellos tienen todos los recursos y la motivación política, y quien tiene que neutralizarlos, que es el Gobierno, decide que eso no va con ellos. Pero eso no me hace disculpar a las audiencias internacionales, a los líderes de opinión o a los académicos. Muchos de ellos se han tirado a la piscina muy frívolamente sin entender cuestiones clave.

P.- ¿Ve la misma frivolidad en la prensa?

R.- En el caso de los periodistas, encuentro montón de ejemplos en los que donde no alcanza su conocimiento lo rellenan con los estereotipos negativos sobre España. Y ahí, toda esa mirada condescendiente que tiene buena parte de Europa hacia el sur, y en concreto hacia España, se me ha hecho muy evidente. A los periodistas no les salvo en absoluto, son muy responsables de que haya calado ese mensaje. He entrevistado a expertos legales, a periodistas, a académicos, o eurodiputados que nos ponen a parir con una hostilidad que no entiendo, porque siendo extranjeros deberían tomar más distancia. Hablas con ellos y te das cuenta de que no tienen ni idea, están intoxicados o tienen prejuicios, y en sus países o sus tribunas pasan como voces autorizadas.

He entrevistado a expertos legales, periodistas, académicos, o eurodiputados que nos ponen a parir con una hostilidad que no entiendo, siendo extranjeros deberían tomar más distancia»

P.- ¿Hasta donde llegan los lazos del independentismo con movimientos populistas como el de Steve Bannon?

R.- El independentismo es un movimiento populista. No en vano empieza con una crisis, todo su relato es puro populismo, usan herramientas tecnológicas como otros movimientos populistas, y lo han hecho brillantemente.

P.- ¿Cree en la participación de potencias extranjeras en el procés para desestabilizar a uno de los grandes estados de la UE, en la conexión rusa?

R.- Es la pregunta del millón. Lo que pude averiguar de Rusia tenía toda la verosimilitud del mundo, pero como no pude establecer las conexiones me pareció atrevido ponerlo en el libro. En el episodio de Oriol Soler en la embajada de Ecuador con Julian Assange todas las piezas encajan, y la gente que lo ha seguido está convencida de que esto formaba parte de la estrategia de Rusia para desestabilizar las democracias occidentales. Yo no he sido capaz de probarlo.

P.- El análisis del Tribunal de Cuentas cifra en 417 millones lo gastado en promoción de la independencia, ¿es ajustado según tu investigación?

R.- Ese informe es el que demuestra que el procés no fue una ensoñación, aunque hay muchas actividades que el Tribunal de Cuentas dejó fuera de lo que es estrictamente procés porque no se podía discriminar, como viajes en los que hubo encuentros privados que seguramente se usaron para defender la independencia. Pero la cifra no es lo importante. Lo importante es que ahí se ve muy caro que era la prioridad de la acción de gobierno de la Generalitat durante todos esos años. Queda claro que era un esfuerzo planeado y coordinado, que pusieron cantidad de recursos de fondos públicos de todos y los recursos humanos para eso.

No compraron apoyos a golpe de talonario, los compras con un buen relato, trayéndoles a Barcelona, dándoles acceso a fuentes, el teléfono de Romeva, llevándolos a un buen restaurante… el abc de las relaciones públicas»

El dinero es importante, sin dinero no lo habrían podido hacer, pero la gente cree que a los aliados del independentismo los han comprado a golpe de talonario, y no es así. Los compras con un buen relato, trayéndoles a Barcelona, dándoles acceso a fuentes, el teléfono de Romeva, llevándolos a un buen restaurante… el abc de las relaciones públicas. Ellos lo entendieron muy bien, hicieron eso, construyeron un relato atractivo, que además tenía como la otra cara de la moneda la España negra, con gente que en muchos casos no tenían un conocimiento previo de este tema, algunos de ellos auténticos oportunistas y ahí tienes la foto. Me encantaría tener una cifra, pero al final da igual, utilizaron nuestro dinero para impulsar un fin ilegal que tenía como objetivo romper España.

P.- ¿Qué papel tiene el Colectivo Wilson -un grupo de catedráticos de grandes universidades- en la proyección del independentismo?

R.- Jugaron un rol en su momento. En el extranjero partimos de la base de que el conocimiento que hay de la crisis catalana y de España en general es nulo. El hecho de que siete profesores que están en algunas de las mejores universidades de Estados Unidos den su beneplácito al procés tiene repercusión, por lo menos en su ámbito. Pero donde realmente tuvieron impacto fue en Cataluña. Tras una crisis económica la gente no quería poner en riesgo su futuro, y entonces llegan unos profesores que están en las mejores universidades del mundo, seis de ellos economistas, y te dicen que vamos a vivir mejor. Eso fue un espaldarazo intelectual enorme para el independentismo.