Cien días después de que China diera la voz de alarma a la Organización Mundial de la Salud por los contagios de una nueva enfermedad, el Covid-19, un tipo de coronavirus como el SARS-1, ya han muerto más de 100.000 personas en todo el planeta. Todos los países están afectados, pero la lista por número de fallecidos la encabeza Italia seguida muy de cerca por Estados Unidos, donde el presidente, Donald Trump, cuenta con que haya en su país entre 100.000 y 240.000 bajas. A día de hoy, en el mundo ya han perdido la vida más personas que estadounidenses en las guerras de Vietnam, Corea y el 11-S. Y la pandemia aún no ha llegado a azotar con fuerza las zonas más sensibles como África o América Latina con sistemas sanitarios muy frágiles.

Estamos ante un desafío descomunal y de la respuesta que demos dependerá el destino de las próximas generaciones. Tendemos a buscar referentes históricos para intentar entender pero es difícil establecer cualquier parangón. El secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, ha hecho un llamamiento dramático a la comunidad internacional porque nos enfrentamos «a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial».

Estamos ante una crisis de salud global como no ha habido otra en los 75 años de historia de la ONU», dice su secretario general, Antonio Guterres

«Estamos ante una crisis de salud global como no ha habido otra en los 75 años de las Naciones Unidas», un virus que «está matando gente, propagando el sufrimiento humano y cambiando la vida de las personas… Es mucho más que una crisis de salud», dijo Guterres, en la presentación del informe Responsabilidad compartida, solidaridad global: respondiendo al impacto socio-económico de la COVID-19 el 31 de marzo. Ha pedido que se coordine una respuesta multilateral que suponga el 10% del PIB global para paliar los efectos de esta pandemia.  

La comparación con la Segunda Guerra Mundial (1945-1949) en términos de bajas es imposible. Murieron en la contienda más sangrienta del siglo XX más de 60 millones de personas y el país con más número de bajas fue la Unión Soviética con la tercera parte de los caídos. Reino Unido, Francia y Estados Unidos perdieron aproximadamente medio millón de personas cada país. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) murieron 20 millones de personas, la mitad civiles.

En Vietnam, todo un símbolo en el imaginario estadounidense, perdieron la vida 58.000 soldados estadounidenses, y más de un millón de vietnamitas. En Corea murieron más de 36.000 y en los atentados del 11-S, otro hito en el siglo XX, cayeron 2.983 personas. En total, unas 100.000 bajas las mismas que en todo el mundo se ha cobrado ya el coronavirus. Hay más de 1,6 millones de infectados.

El Covid-19 es la mayor amenaza a la salud pública que ha vivido el mundo desde la gripe de 1918″, señala un informe del Imperial College, que apunta que solo en EEUU puede morir más de un millón de personas

Según un estudio publicado el 16 de marzo por el Imperial College de Londres, en el Reino Unido morirán unas 250.000 personas y en Estados Unidos, más de un millón, en el mejor de sus escenarios. El informe, dirigido por Neil Ferguson, estima que la propagación del Covid-19 supone «la mayor amenaza a la salud pública que ha vivido el mundo desde la gripe de 1918».

Si no se hubiera detectado el coronavirus, este año habrían muerto unos 40 millones de personas, según el Imperial College.

Otra investigación de este centro académico, que hace prospectivas semanales, señala que gracias a las medidas adoptadas en 11 países, incluida España, se han salvado hasta 120.000 vidas en Europa.

Como consecuencia de la gripe de 1918, que no tuvo su origen en España pero sí una gran propagación, perdió la vida entre el 3% y el 5% de la población global. Hubo tres oleadas. En España afectó a ocho millones de personas y murieron 300.000, la mayoría entre 20 y 40 años.

En España han muerto por el brote de coronavirus cinco veces más personas que por la gripe en 2019. El exceso de muertes como consecuencia del Covid-19 es de 15.000 fallecidos, un 48% mayor, según ha publicado El País. En enero de 2019 hubo un brote de gripe y fue de un 4% el ascenso, 3.000 muertes más.

Sin embargo, hay enfermedades que hoy en día causan miles de muertos al año, muchos más que los registrados hasta ahora por el Covid-19. En Occidente se nos olvida con facilidad porque quienes mueren no están delante de nosotros.

Como explica Matiana González, coordinadora de la Iniciativa para la Erradicación de la Malaria en ISGlobal, centro impulsado por La Caixa, la malaria causa 400.000 muertes cada año, de ellas el 90% en países africanos. Hay 200 millones de enfermos cada año, y la tasa de mortalidad ha descendido un 30%.

«El Covid-19 se va a sumar las enfermedades que ya existen. En la India ya mueren miles por diarrea. Las tasas de mortalidad en niños son bajas hasta ahora, pero no sabemos lo que pasará en países más pobres, donde los niños tienen unos sistemas inmunes muy debilitados. Los grupos de riesgo no serán los mismos», comenta Matiana González, especializada en Historia de la Ciencia.

Pandemias como guerras

Estamos ante una pandemia, no una guerra como tal. «La primera vez que se aludió a la terminología bélica para referirse a enfermedades fue en 1880, cuando el médico militar francés Charles Laveran descubrió la malaria y la definió ‘como una invasión en el cuerpo que había que combatir'», señalan Santiago Castelo y Martín Szulman en El framing en la crisis, un capítulo del libro Lecciones del coronavirus para la comunicación de gobiernos, editado por la Cátedra Ideograma-UPF de comunicación política, que se publicará este mes de abril de 2020.

Han recurrido a la terminología bélica varios líderes políticos como el presidente francés, Emmanuel Macron, que en su último discurso a la nación pronunció numerosas veces la palabra «guèrre», aunque aclaró en alguna ocasión que era una «guerra sanitaria» en la que nos enfrentamos a un «enemigo invisible e inasible y que avanza».

O el salvadoreño Nayib Bukele que anunció: «Estamos en la Tercera Guerra Mundial». También la reina de Inglaterra, en su discurso del domingo 5 de abril, evocó su primera intervención radiofónica en plena Segunda Guerra Mundial, cuando a sus 14 años se dirigió a los niños que habían tenido que abandonar sus hogares. Ahora los críos han de confinarse en sus casas y no salir.

Las metáforas moldean nuestro pensamiento, guardan un poder simbólico capaz de estructurar lo que pensamos, decimos, hacemos y sentimos», escriben Heyman y Szulza

Según señalan Castelo y Szulman, «desde un primer momento, se impuso esta metáfora y el coronavirus dejó de ser pandemia para convertirse en guerra. Se suele subestimar el poder de las metáforas, pero son mucho más que una figura literaria, moldean nuestro pensamiento, guardan un poder simbólico capaz de estructurar lo que pensamos, decimos, hacemos y sentimos. Si el coronavirus es una guerra, hay un enemigo común, que es el virus, y todos estamos llamados a luchar, combatir y vencer».

Pero los autores de El framing en la crisis recuerdan cómo Susan Sontag sostenía «cómo la analogía castrense menosprecia el rigor científico y degrada a los enfermos. Los sanitarios no son soldados, una profesión además altamente medicalizada, ni héroes o mártires. Una cosa es reconocer la labor que están haciendo miles de ellos, otra es dar por sentado que estén dispuestos a dar su vida».

Crisis global y amenaza existencial

Guerra o no guerra la propagación del coronavirus ha provocado una crisis global. Los más pesimistas se preguntan si no estaremos ante otros siglo maldito, como fue el XVII, cuando confluyeron, como relata Geoffrey Parker, tres desastres: la pequeña edad de hielo, la guerra de religión y varias pandemias de viruela, paludismo, peste y tifus. Uno de los focos estuvo en Lombardía, como ahora, y en concreto en Milán. Murió casi un millón de personas.

A juicio de David Sarias, profesor de Historia del Pensamiento Político en la Universidad San Pablo-CEU, estamos en una guerra, si bien «no se pueden comparar los números de muertos con las guerras mundiales del siglo XX porque se han tomado medidas. La lección que se puede extraer es que en un país como China se han dado cuenta de que la vida humana cuenta. Han parado el país para salvar vidas».

Con la salvedad del incomparable número de bajas, David Sarias sí cree que «esto es una guerra y se toman medidas de guerra. Lo que se valora es la supervivencia, la protección de la integridad física de los ciudadanos, y la supervivencia del Estado. Es una amenaza existencial a la supervivencia del aparato del Estado. Y el Estado reacciona volviendo a las funciones básicas del Estado y, por ello, impone el estado de alarma».

Sarias apunta que, al contrario de los que descartan la comparación bélica porque en la guerra hay un enemigo claro, en el caso de la pandemia «hay un enemigo, aunque no sea humano. El concepto de enemigo está vinculado a la amenaza que esa entidad supone. El Covid-19 plantea una amenaza existencial».

La devastación sí puede ser similar a la de una guerra, sobre todo, si atendemos al pronóstico de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, que ha dicho que viviremos la peor recesión desde la Gran Depresión de 1929.

«Todavía afrontamos con una incertidumbre extraordinaria la profundidad y duración de esta crisis, pero está claro que es una crisis como ninguna otra», señala la búlgara Kristalina Georgieva en su discurso Combatiendo la crisis: Prioridades para la economía global.

«La reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial era física, y en cierta manera, eso es más fácil. En este caso se va a acelerar lo que se venía gestando, un cambio de modelo productivo, como ocurrió con la crisis de 1873», explica Javier Redondo, profesor de Política y Gobierno de la Universidad Francisco de Vitoria.

«La crisis de 1873 cierra la era del capitalismo industrial surgido de la revolución industrial. A partir de esa crisis el capitalismo se transforma, según Hobsbawm, en varios aspectos que afectan al modelo productivo y al orden político: nueva era tecnológica; auge del consumo privado, extensión y estabilización de clase media, que consume en serie producción en serie, crecimiento demográfico, colectivismo y nueva era de competencia económica entre potencias que las condujo al retraimiento y recelo. Esa crisis constituye el antecedente que condujo u orientó al mundo hacia la Gran Guerra», detalla Redondo.

En esta ocasión procesos como la digitalización se van a acelerar. La economía tendrá que asentarse sobre otras bases y esta crisis va a empujar la transformación que ya se vislumbraba. Richard Haass, presidente del Council of Foreign Relations, sostiene que lo previsible será una aceleración de tendencias geopolíticas ya consolidadas: Estados Unidos perderá poder y lo ganará China.

Lecciones de la II Guerra Mundial

Sostiene Arnold Toynbee que la historia es un equilibrio entre desafío y respuesta. Cuanto mayor es el desafío, mayor ha de ser la respuesta. Para afrontar el reto que plantea a la comunidad internacional la pandemia del coronavirus sería útil fijarse en lo aprendido en la última contienda internacional.

En un artículo publicado en Politico, Mark R. Wilson se refiere a cinco lecciones de la Segunda Guerra Mundial que pueden servir para afrontar el actual desafío global. «Durante la Segunda Guerra Mundial, los fabricantes de productos básicos tenían la garantía del Estado de que comprarían toda su producción, incluso aunque no se necesitara el material… La lección para 2020 sería que si queremos más respiradores, el gobierno nacional ha de garantizar su adquisición».

Como se hizo en el conflicto del siglo XX, los gobiernos y la empresa privada han de colaborar para lograr las mejores versiones de test, respiradores, medicamentos y vacunas con los que combatir el coronavirus.

En la misma línea, para avanzar más rápido en la producción, el sector público podría crear las fábricas necesarias y dejar al privado que lo gestione.

En caso de que haya carencia de determinados materiales necesarios que se produzcan en el exterior, habrá que buscar alternativas nacionales. También recomienda el autor que se vigile muy de cerca que no haya quienes aprovechen el momento para encarecer los precios. En España ha ocurrido con ciertas funerarias, o con condiciones que pretendían imponer los bancos a créditos que estaban avalados por el Estado en un 80%.

Lecciones de otras pandemias

La primera gran pandemia de la que tienen constancia los historiadores data de la primavera de 542, cuando llegó a la ciudad de Constantinopla. La peste bubónica llegó años más tarde a las islas británicas y se convirtió en pandemia.

Como explica José Enrique Ruiz-Doménec, en su artículo sobre Estrategias históricas para después de una pandemia, en La Vanguardia, «la sociedad reaccionó. Se cambió la geopolítica para adaptarla al mundo surgido tras la epidemia… El resultado más llamativo fue la formación del imperio carolingio; un esbozo de Europa».

Como consecuencia de la peste negra en la Edad Media (1348 fue su momento álgido) murió la mitad de la población europea en tres años. También hubo una reacción de la sociedad, con cambios sustanciales en el modo de vida. Se sustentaron las bases del Renacimiento.

Las pandemias socavan la estructura social más fundamental. No es infrecuente que haya momentos de inestabilidad social posteriormente, fruto de llevar la situación al límite, dice Matiana González

«Las pandemias socavan la estructura social más fundamental. No es infrecuente que haya momentos de inestabilidad social posteriormente, fruto de llevar la situación al límite», señala Matiana González, de ISGlobal.

Pero Matiana aclara que «no es cierto que ataquen por igual a pobres y ricos. Lo veremos cuando se extienda por África con sistemas colapsados, población desnutrida y con un sistema inmunológico debilitado… Lo mismo ocurría en épocas pasadas cuando los ricos estaban en mejores condiciones para irse de un lado a otro. Lo que sí es cierto es que todo el mundo está en riesgo y hay miedo a la incertidumbre». 

La investigadora señala que las pandemias hacen que la Historia se incline de un lado u otro: «En América Latina tras la llegada de los españoles el papel de la viruela y la mortandad masiva en la población prehispánica permitió la conquista».

Hay otros dos elementos comunes a otras pandemias: suelen buscarse culpables y la primera reacción es la negación. Es decir, creemos que a nosotros no nos va a pasar.

Sostiene Albert Camus en La peste, tan evocada estos días pandémicos: «Cuando estalla una guerra, la gente se dice: ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez persiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice a sí mismo que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar».

Aún no hemos despertado.