El pasaporte inmunológico -un carné acreditativo de la posibilidad e contagio de coronavirus- se ha convertido el punto más polémico del plan de desconfinamiento propuesto por Oriol Mitjà a la Generalitat. Un proyecto que el Govern debería aprobar, tras su examen y posible matización por parte de los responsables de emergencias, esta misma semana, según insistió este martes la portavoz Meritxell Budó.

Una polémica que ha llevado al responsable del plan ha matizar su postura inicial, aunque desde su fundación son tajantes a la hora de señalar que los cambios no se deben en ningún caso a «presiones políticas» sino a la opinión de expertos en diversas áreas consultados por Mitjà. Un extremo que confirman desde el Govern, reconociendo que el decálogo de medidas anunciado por el president Quim Torra el domingo era un texto preliminar, que todavía no había pasado ese proceso de verificación externa.

En el documento definitivo, Mitjà suaviza su propuesta mas polémica: El pasaporte inmunológico no aparece en el decálogo de medidas de resumen, pero si en el plan de control y desconfinamiento, concretamente dentro de las medidas diagnóstico y de aislamiento, como una opción para controlar los contagios y limitar el acceso a espacios con alto riesgo de contagio, como hospitales, empresas públicas o aviones. O centros de ocio, como las discotecas, en los que es imposible mantener la distancia social.

El estudio apunta la posibilidad de que personas con resultado positivo en anticuerpos -que han pasado la enfermedad y se han inmunizado- o hayan tenido un resultado negativo reciente en PCR puedan recibir esas «acreditaciones de inmunidad» que les «habiliten para moverse libremente» y señala los casos de Alemania y Reino Unido como ejemplos de países europeos que ya lo están estudiando.

Reconoce, eso sí, que existen todavía limitaciones tecnológicas y sociales y señalan repetidamente la necesidad de cumplir los estándares europeos y asegurar el respeto a criterios bioéticos.

Limitaciones técnicas

Entre las limitaciones técnicas, «que hoy impiden avanzar en esta línea» Mitjà destaca que no se ha completado la validació externa de ningún kit comercial para la detección de anticuerpos. Y añade que todavía no hay evidencias suficientes sobre el efecto protector y la duración de los anticuerpos.

Apunta además, como limitaciones sociales, la posibilidad de que esa acreditación acentúe desigualdades sociales. «Puede acabar penalizando a quienes han actuado de forma responsable y solidaria durante el confinamiento» o incluso convertirse en «un incentivo para que algunas personas, por ejemplo los jóvenes, intente infectarse para poder volver a la vida normal».

La propuesta de Mitjà aventura tres niveles de acreditación: semáforo verde para aquellos que tiene anticuerpos; amarillo para los negativos en PGC y análisis serológicos, que no están contagiados pero pueden infectarse en cualquier momento; y verde para los portadores de anticuerpos.

APP de seguimiento de contagios Modelo singapur

El plan de desconfinamiento seguro propone además incorporar una aplicación que permita seguir los contactos mantenidos por cualquier infectado a partir de su móvil. Con la aplicación de Singapur como ejemplo, Mitjà propone este sistema como «herramienta de aislamiento preventivo de contactos». La aplicación advierte a todos los contactos recientes de una persona que da positivo, activando el registro que ha realizado su móvil vía bluetooth.

Una medida recomendada también por la UE para interrumpir las cadenas de transmisión, aunque advierte de que se tiene que aplicar de forma anónima y agregada, sin hacer seguimiento a los ciudadanos. La aplicación, además, debería ser de uso voluntario.

«Para proyectar y monitorizar el efecto de la relajación del distanciamiento social hay que recoger datos con un sistema robusto» añade el informe, que señala una tercera pata imprescindible en este proceso: la capacidad de la sanidad catalana de realizar test masivos..

Capacidad de test

El informe advierte de que «es urgente que el sistema de Atención Primaria y las urgenicias pueda cursar los test PCR y serológicos» para generalizar estas pruebas, restringidas en el caso de los PCR a los hospitales de referencia.

La capacidad actual PCR en Cataluña es de unas 4.000-5.000 preubas diarias, explica el informe. Y la provisión de nuevos equipos y la activación del Programa Orfeo anunciado por la Generalitat debe aumentar esa capacidad «en un plazo corto» a 13.000-15.000 test diarios «para garantizar el cribage masivo» que requiere el plan. Un cribage basado en la realización de 1,5 millones de test PCR y seis millones de test rápidos serológicos.

El cálculo del equipo capitaneado por Mitjà es que necesitan para ello llegar a realizar 360.000 test al mes, con los que llegar a todas las personas sintomáticas -60.0000- además de los contactos expuestos -otras 120.0000- y toda la población de riesgo, incluyendo personal sanitario y de residencias, y los mayores de esas residencias, que suman otras 100.000 personas.