Sin banderas ni símbolos nacionales. La cumbre Unión Europea-Balcanes, que ha tenido lugar este miércoles por videoconferencia, ha sido novedosa. Por primera vez el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha participado en un encuentro oficial en el que ha estado presente Kosovo, cuya independencia no reconoce España.

La Unión Europea ha presentado una serie de medidas para apoyar al sector sanitario y contribuir a la recuperación económica y social de los Balcanes ante la acometida de la crisis del coronavirus, según fuentes gubernamentales españolas. Ha movilizado 3.300 millones de euros en beneficio de los Balcanes Occidentales en un paquete que incluye la entrega de material sanitario esencial para salvar vidas.

También incluye un paquete de ayuda macrofinanciera de 750 millones de euros, y otro paquete de ayuda del Banco Europeo de Inversiones de 1.700 millones, según la declaración conjunta.

Han participado los 27 países miembros de la UE, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli; el Alto Representante para la Política Exterior y la Seguridad de la UE, Josep Borrell; y los jefes de Estado y de gobierno de Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Albania, más el territorio de Kosovo.

Hay una declaración conjunta. Es la primera vez que el gobierno de España firma un texto también suscrito por Kosovo.

Perspectiva europea en los Balcanes

Sánchez ha subrayado el compromiso y solidaridad de España con los Balcanes Occidentales en su lucha contra la pandemia y ha destacado su apoyo a la “perspectiva europea” de la región.

Ha animado a estos países de los Balcanes a avanzar «en las reformas en línea con los valores y principios europeos, clave en la estabilidad de nuestro continente», según un comunicado de Moncloa.

Además del apoyo financiero para gestionar la crisis del coronavirus y paliar las  consecuencias socioeconómicas en la zona, la cumbre ha abordado la necesidad de luchar contra las campañas de desinformación y otras actividades híbridas originarias en países terceros como China o Rusia con las que se pretende «socavar la perspectiva europea en la región», según un reciente informe de un grupo de trabajo del Servicio Europeo de Acción Exterior.

Este acercamiento a los Balcanes marca una nueva fase también con Serbia. Su presidente, Aleksander Vucic, clamó indignado contra la Unión Europea recientemente por vetar la exportación de material sanitario. Al contrario, elogió al amigo Xi Jinping, el presidente chino, por brindarles apoyo en momentos difíciles. «La solidaridad europea no existe, es puro cuento», clamó Vucic en marzo pasado.

España no reconoce a Kosovo

España es uno de los cinco países de la Unión Europea que no reconoce a Kosovo, que se declaró independiente de Serbia en 2008. Es una cuestión incómoda para la diplomacia española en el seno de la Unión Europea.

La UE considera a Kosovo como candidato potencial al ingreso y mantiene un acuerdo de estabilización y asociación. Los otros cuatro países que no reconocen la independencia de Kosovo son Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre.

Hasta ahora la posición española ha sido muy tajante. Incluso España ha vetado declaraciones de la UE, solo para no figurar en el mismo documento que Kosovo. En 2018 el entonces jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, se ausentó de una cumbre entre la UE y los Balcanes y delegó en el embajador ante la UE.

No debemos decir a serbios y kosovares qué deben acordar. Nuestro papel es permitir el diálogo», dice Josep Borrell

Probablemente la situación cambiará cuando avancen las negociaciones entre Serbia y Kosovo. La Unión Europea considera prioritario que Serbia y Kosovo normalicen sus relaciones para que prosperen las negociaciones que llevarían a su ingreso en la UE. El Alto Representante para la Política Exterior, Josep Borrell, no ha descartado un intercambio de territorios y un nuevo trazado de fronteras.

Borrell asegura que la UE es la facilitadora del diálogo y no condiciona nada. «No debemos decir a serbios y kosovares qué deben acordar. Nuestro papel es permitir el diálogo», mantiene el jefe de la diplomacia europea.