Ha tenido tiempo para escribir, leer, teletrabajar, ofrecer conferencias virtuales y «reflexionar» sobre sí mismo en la soledad de su confinamiento en Madrid, desde donde atiende la llamada de El Independiente el día después de conocerse el pacto del Gobierno con Bildu para derogar la reforma laboral del PP a cambio de su apoyo a la continuidad del estado de alarma.

Sociólogo especialista en Teoría de las organizaciones y cambios sociales y socio de la escuela de negocios Next International Business School, Juan Antonio Gómez Bule (Madrid, 1964) ha orientado su actividad profesional en las dos últimas décadas principalmente hacia el campo de la inteligencia económica y la ciberseguridad, por lo que ha sido requerido tanto en España como fuera. Ese conocimiento le ha llevado también a ocupar un puesto de consejero del Centro Nacional de Excelencia para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dependiente del Ministerio del Interior.

PREGUNTA.-¿La pandemia de la covid-19 va a alterar los ejes de poder desde el punto de vista de la geoestrategia?
RESPUESTA.-El panorama es ciertamente complejo y, a mi modo de ver, los equilibrios se están transformando. Los países que tienen vocación imperial tienen voluntad de expansión económica, política y de todo tipo. Estamos asistiendo a una nueva línea de emperadores: Xi Jimping ha modificado las leyes para poder ser presidente de China a perpetuidad, Putin ha cambiado las normas para poder ser presidente de Rusia sine die, Erdogan ha hecho los mismo… Los países que tienen esas voluntades son los que tienen trazada una línea a medio y largo recorrido de influencia sobre el territorio. Estamos viendo cómo esa estructura de generación de poder está teniendo un giro y está haciendo que el mundo cambie. Estamos hablando de un modelo de acción geoestratégica distinto.

España tiene que dar un paso adelante y ser un país comprometido con la Unión Europea para sobrevivir»

P.-¿Y Europa? ¿Considera que Europa va a perder mucha influencia tras esta crisis?
R.-El mapa de Europa no cuenta para nada en este tablero. Si antes tenía poco poder ahora tiene menos. A ver cómo salimos de la reconstrucción. En verdad, esta situación es una oportunidad para Europa. Si su vocación es la de salir reforzada, esta desgracia puede hacer que volvamos a tener cohesión. A nivel económico hemos tenido dificultades. A nivel político, el eje franco-alemán ha tomado una vez más el peso y su liderazgo es indudable, sobre todo en el entorno europeo.

P.-En ese escenario que está dibujando, ¿qué papel le augura a España en el tablero internacional?
R.-España no tiene un papel muy definido, mucho menos cuando no tenemos un mapa muy claro de qué es lo que tenemos que hacer y se traslada una desconfianza internacional por el sesgo político que está tomando nuestro país. Estamos viendo que la distancia entre los ejes normales y el de España se está alejando bastante. La derivada que está teniendo el Gobierno hacia actitudes más populistas nos está sacando de esa posición de poder.

P.-¿Qué debería hacer España para tratar de ganar influencia en el contexto internacional y no perder peso específico?
R.-Para querer tener influencia, un país necesita tener influencia y herramientas. Necesita creérselo y estructurar un sistema que le permita generar influencia, si no es uno más. ¿Y España? Sigue teniendo mucha influencia sobre Hispanoamérica pero necesita creérselo y ocupar su posición. Y en Europa tiene que dar un paso adelante y ser un país comprometido con la UE para sobrevivir y ser un buen jugador en ese tablero. Sin Reino Unido, Alemania y Francia han sido siempre los países más potentes. Italia era el tercero en potencia y en fuerza, aunque en alguna ocasión le hemos superado. España tiene que ser soberana digital y económicamente, pero se lo tiene que creer. Tiene un problema de configuración política. Para ejercer influencia tiene que tener claro cuál es su estructura y su estrategia exterior. Y tener planes a medio y largo plazo que le permitan ocupar ese espacio.

El Gobierno se ha desgastado mucho y lo más adecuado sería, cuando haya una cierta normalidad, preparar elecciones en España»

P.-¿Y ve que el bipartito de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tenga ese plan definido?
R.-No lo creo en absoluto. Ahora les ocupan otros temas y la influencia es un tema para ellos secundario.

P.-¿La figura de Borrell como Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad pude ayudar en esa tarea?
R.-Borrell es un europeísta convencido. Por la posición que ocupa tiene que defender a todos los países con ecuanimidad y él lo hace. Tiene peso y estoy convencido de que ayudará.

P.-En esta tesitura, ¿la presencia de Podemos en el Gobierno es un lastre?
R.-A mi modo de ver, sí.

P.-¿Por qué?
R.-Porque realmente hace que no haya una política clara. Si el PSOE pudiese ser más fuerte en el Gobierno, ni habría esa situación de negociación permanente ni Podemos ocuparía espacios que no debería ocupar. No creo que esta estructura de poder beneficie en la toma de decisiones de España.

P.-¿El desgaste del bipartito por la gestión de la crisis sanitaria y las fricciones que se están revelando entre los socios, como se ha visto con el pacto con Bildu para derogar la reforma laboral del PP, hará necesariamente que la legislatura no se agote?
R.-El Gobierno se ha desgastado mucho y lo más adecuado sería, cuando se haya vuelto a una cierta normalidad, preparar unas elecciones en España. O los distintos partidos negocian y llegan a una posición de consenso para la reconstrucción con un gobierno de concentración, para lo que hace falta mucha generosidad, o tenemos que ir a elecciones.

P.-Habla de generosidad. ¿La intuye en la oposición o sólo ve deseos de derribar al Gobierno para intentar acceder al poder?
R.-Yo creo que la oposición tiene que ejercer todos los medios constitucionales para asegurar su nivel de control y parlamentario del Gobierno.

Si la vocación de Europa es la de salir reforzada de esta crisis, la reconstrucción es una oportunidad para que volvamos a tener cohesión»

P.-¿Cuántos años calcula que España tardará en recuperarse de esta inmensa tragedia social y económica?
R.-Muchos, no sabría decirle cuántos. A nivel económico se pensaba que la recuperación podría ser en ‘V’ y hemos visto que es en ‘U’, muchos puestos de trabajo destruidos… Vamos a tener una crisis de bastantes años. Ojalá fuera más rápida la recuperación, pero para eso hacen falta grandes niveles de compromiso de la sociedad en general y de colaboración de la parte pública y privada.

P.-La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto claramente el sentimiento de división entre la Europa del Norte, con Holanda a la cabeza, respecto a la del Sur por las ayudas para la reconstrucción. ¿Qué lectura hace usted?
R.-Es que Europa es eso. Hasta ahora hemos tenido una Europa unida. Que Holanda diga que la factura de los países del Sur la paguen los países del Sur no es algo que sea desconocido para nosotros. Europa ha sido siempre así, pero si queremos construir Europa puede ser un buen momento. Tenemos las tensiones holandesas y lo que abriga esa forma de entender el concepto tradicional de que unos ganan y otros gastan. Eso no es una Europa justa. Es una traslación de lo que venimos viendo en los últimos años en Europa.

P.-Intuyo cierto optimismo en sus palabras sobre el futuro de Europa cuando la crisis sanitaria ha revelado precisamente grietas en la cohesión en el momento que más unidos había que estar para hacer frente a esta situación desconocida. ¿No cree que los hechos dan argumentos a los euroescépticos?
R.-No es que sea optimista, sino que me gustaría serlo. Lo que sí es cierto es que, en una Europa dividida, quien no gana es Europa. Habría que ver quién está financiando a esos euroescépticos o animándoles para tener una Europa más dividida.

P.-¿A quién le interesa una Europa dividida?
R.-Por un lado a Rusia, siempre interesada en una Europa fragmentada, y a Estados Unidos, a quien tampoco interesa una Europa unida. China no tiene ningún problema porque ya está dominando el eje de la influencia y vamos a ir viendo progresivamente cómo en las tensiones económicas aparecerá como si fuera una gran salvadora de la situación. En esta pandemia, China fue el primer país que dio ayuda a Italia y España. Estamos viendo movimientos de intereses políticos y económicos en el mundo europeo.

Hay que refundar la OMS. Desde que está financiada fundamentalmente por empresas, su interés es de parte»

P.-¿Verdaderamente hay motivos para pensar en una Europa fortalecida tras la mayor crisis que se está viviendo desde la Segunda Guerra Mundial?
R.-Siempre hay un motivo, pero hay que ser valientes para encontrarlos. Lo que se ha construido estas décadas no se puede perder. Es una gran oportunidad. Hay que ser optimistas con Europa, hay que trabajar por Europa y no bajar la guardia. El euroescepticismo entra y cala profundamente. Si Europa no fuera en este momento lo que es, países como Italia y España lo hubieran pasado francamente mal. Habrá que profundizar en los elementos de cohesión. Entre nosotros nos hemos despedazado económicamente buscando lo mejor para cada uno de los países en vez de tener una estrategia europea común.

P.-¿La Organización Mundial de la Salud (OMS) habría que refundarla?
R.-Tengo al respecto una visión muy particular. Yo creo que el interés de la OMS, desde que está financiada fundamentalmente por empresas, dista mucho de ser global. Su interés es de parte.

P.-¿Se alinea usted con la visión de Donald Trump?
R.-No me alineo con las críticas de Trump, sino con el planteamiento de que hay que refundar la Organización Mundial de la Salud en su situación económica para que los pesos de los que toman las decisiones sean como un organismo de las Naciones Unidas. Hay una diferencia sustancial siendo sus principales patrocinadores laboratorios farmacéuticos. El modelo de la acción de la OMS en las distintas crisis de los últimos años habría que revisarla. Cómo actuó en la crisis de la gripe aviar, la del covid-19… En todas.

P.-¿Se cree las cifras de la incidencia de la pandemia que han difundido las autoridades chinas?
R.-Francamente, no. Nos creemos lo que nos creemos. Estoy convencido de que las cifras en China han sido superiores. A nivel estadístico, su población es extraordinariamente numerosa y la afectación tendría que haber sido mayor.

Para la recuperación van a hacer falta grandes niveles de compromiso de la sociedad y la colaboración de lo público y privado»

P.-¿Le ha sorprendido la virulencia con la que la enfermedad se está manifestando en Estados Unidos?
R.-Esto es una cuestión de probabilidades y de población. Que haya sido Nueva York el foco más activo es quizá también porque es el foco de mayor presencia de viajeros para podernos contaminar. Las medidas de precaución que se han tomado allí han sido tan asimétricas que es normal que haya habido ese grado de contagio, sumado a la negación de una política pública sanitaria que llegue a toda la población tras desactivarse el ‘plan Obama’ de salud pública.

P.-¿Volverá Trump a ganar las elecciones pese a su gestión de la covid-19?
R.-Aunque haya gestionado la crisis del coronavirus de una forma más que discutible, yo creo que volverá a ganar las elecciones. Volverá a actuar impulsivamente y tomará otro reto para que los estadounidenses piensen en el lema America first (América primero).

P.-¿Ve algún ganador en esta catástrofe mundial?
R.-Siempre hay alguien que gana, pero no me atrevería a decirlo en este momento. Puedo presuponerlo, pero me lo voy a guardar.