«Dejadnos respirar» es el lema de la comunidad afroamericana, que una vez más ha sido víctima de la brutalidad policial. Esta vez, a la vista de todos. La detención del agente blanco Derek Chaubi, que estuvo nueve minutos con la rodilla clavada en el cuello del afroamericano George Floyd, que murió poco después en el hospital, no ha calmado los ánimos en Minneapolis (Minnesota). Sus dos compañeros aún siguen impunes. El movimiento «Black lives matters» (las vidas de los negros importan) ha resurgido con fuerza en todo Estados Unidos.

Miles de personas en Minneapolis, la ciudad origen de las protestas, se saltaron el toque de queda y se plantaron ante los restos de la comisaría incendiada la noche anterior, la más cercana al lugar de los abusos, con la rodilla hincada en el suelo al grito de «dejadnos respirar». Claman justicia, como llevan haciendo décadas.

Un joven de 19 años ha muerto en Detroit cuando participaba en las protestas por la muerte de George Floyd. Desde un vehículo se hicieron varios disparos contra un grupo de manifestantes y el joven resultó herido. Falleció poco después en el hospital, según fuentes policiales citadas por medios estadounidenses, según informa la agencia Efe.

Fue la muerte de Michael Brown en 2004 lo que propició el movimiento Black lives matters. Poco se ha avanzado desde entonces.

Muchos, como cuenta Chris McGreal, corresponsal de The Guardian se han paseado por los restos de la comisaría cercana al lugar donde George Floyd sufrió abusos que le llevaron a la muerte. El agente Chauvi ha de comparecer el lunes ante un tribunal en Minneapolis. El fiscal del condado ha anunciado que los cargos contra él son homicidio en tercer grado y homicidio involuntario.

Una viandante dejó constancia de todo en un video que da escalofríos. «No quiero morir. No puedo respirar», clama George Floyd, un ex guardia de seguridad de 46 años, mientras el agente Derek Chauvi clava su rodilla en su cuello, y sus dos compañeros intentan evitar que actúen los atónitos testigos.

Martin Luther King III ha recordado el mensaje de su padre: «Los disturbios son el idioma de los que no son escuchados. ¿Qué es lo que América no ha querido escuchar? No atienden a nuestra demanda: las promesas de justicia y libertad no se han cumplido».

Minneapolis, y su ciudad gemela St Paul, han sido escenario de saqueos en diferentes comercios. Hacia la medianoche en EEUU, madrugada en España, tropas de la Guardia Nacional y de la policía se han desplegado en las calles, según el Star Tribune de Minneapolis.

El gobernador, Tim Walz, ha pedido a los ciudadanos que se queden en casa porque «la situación es peligrosa… esto es el caos». El Pentágono ha puesto en alerta a sus efectivos por si ha de desplegarse en Minneapolis.

En Atlanta los manifestantes incendiaron un coche de la policía y rompieron varias ventanas de la sede de la CNN. El gobernador de Georgia ha declarado el estado de emergencia.

En Nueva York se han visto protestas pacíficas ante la Torre Trump. También en Foley Square se concentraron al grito de «justicia», «las vidas de los negros importan» y «dejadnos respirar».

El alcalde de la Gran Manzana, Bill de Blasio, ha dicho en su cuenta de Twitter: «Nuestro objetivo es desescalar la tensión y que la gente esté segura. Investigaremos lo que ha pasado. No queremos volver a vivir una noche como esta». Hubo 70 arrestos.

En Washington la Casa Blanca ha adoptado medidas de seguridad extraordinarias por las protestas pacíficas en las inmediaciones. En Oakland, San José y Los Angeles se han quemado neumáticos, se han cortado carreteras y la policía arrojó gas lacrimógeno contra los manifestantes.  

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, difundió el viernes un tuit que incluso la red social Twitter calificó como incendiario. Advertía Trump como «después de los saqueos, vienen los disparos». Fue tal la reacción que después moderó su tono y prometió una investigación sobre la muerte de George Floyd.

En una rueda de prensa el viernes, a primera hora de la tarde en Washington, Trump no mencionó la muerte de George Floyd, cuando apenas se había anunciado el arresto del agente Chaubi. Dedicó la comparecencia a atacar a China y anunciar la ruptura definitiva de EEUU con la OMS.

El aspirante a la Casa Blanca, el demócrata Joe Biden, llamó a la calma y reconoció el sufrimiento y los abusos sufridos por la comunidad afroamericana. «Somos un país con una herida abierta. No podemos dar la espalda. No podemos guardar silencio. Ninguno de nosotros puede escuchar esas palabras, ‘no puedo respirar’, y no hacer nada. Hemos de comprometernos como nación, con toda nuestra alma, para que se haga justicia».

También el ex presidente Barack Obama, el primer y único afromericano en llegar a la Casa Blanca, ha escrito un mensaje, reposado, reflexivo y conciliador, sobre este estallido de furia de una comunidad que lleva décadas sufriendo.

«Es natural desear que la vida vuelva a lo ‘normal’ cuando estamos inmersos en la crisis económica y sanitaria originada por la pandemia. Pero hemos de recordar que para millones de americanos, que son tratados de forma diferente por su raza es trágica, enloquecida y dolorosamente normal. Lo ven cuando tratan con el sistema sanitario, o cuando recurren a la justicia, o cuando corren en las calles, o simplemente cuando contemplan los pájaros en un parque», señala Obama. «Esto no debería ser ‘normal’ en 2020. Si queremos que nuestros niños crezcan en una nación con los más grandes ideales, podemos y debemos hacerlo mejor».