«Existe un cosa que se llama Unidas Podemos y que tiene los resultados de siempre de Izquierda Unida», sentenciaba Íñigo Errejón este domingo por la noche tras conocer la debacle de Pablo Iglesias en las elecciones vascas y gallegas. Apuntaba el diputado de Más País a la alargada sombra del recientemente fallecido Julio Anguita, quien en sus mejores tiempos no superó el techo de los 21 escaños, en 1996. Y no es el único que vaticina para el partido morado un destino similar, esto es, quedar como una formación política menor superada por el nacionalismo y el independentismo, que se alimentan precisamente de su pérdida de votos tras los 71 escaños que consiguió en las generales de junio de 2016, en plena cresta de la ola.

Que Unidas Podemos es un partido a la baja es una realidad incontestable. Nunca tuvo más poder y menos votos en su corta historia. Al menos Pablo Iglesias consiguió algo que nunca se le ofreció a Julio Anguita, uno de sus padres políticos: entrar en un gobierno de coalición. Felipe González no le perdonó su pinza con José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, con Gaspar Llamazares ya al frente de IU, tiró de distintos socios parlamentarios.

Precisamente, el ex coordinador general de Izquierda Unida decía vía Twitter este lunes de resaca electoral no compartir «que aquí no ha pasado nada ni el certificado de defunción de Unidas Podemos a partir de unas elecciones parciales. Sí creo que no basta con reconocer el mal resultado para seguir en lo mismo. Hay que cambiar el proyecto populista y el modelo personalista de partido».

Apuntaba a un dato que también criticó un ex dirigente de Podemos, Ramón Espinar. Ya el pasado 16 de mayo, en entrevista con El Independiente, afirmaba que «Iglesias está en retroceso electoral». Y criticaba un «hiperliderazgo brutal, siempre muy vinculado a la imagen del líder» que si bien en sus comienzos era necesario, debería haber evolucionado a un modelo orgánico más fuerte. Este domingo achacó la «bofetada» electoral a una «tendencia asentadísima: cuanto más poder interno acapara la actual dirección, más desastrosos son los resultados».

La evolución de Izquierda Unida siempre ha planeado sobre Podemos. A fin de cuentas el vicepresidente segundo se lanzó al ruedo político cuando la coalición le cerró el paso en la lista europea de los comicios de 2014. Hasta ese momento se había debatido sobre si existía un espacio político significativo a la izquierda del PSOE y cuál podía ser su «utilidad». Sí la demostró durante años en el ámbito autonómico y local, pero en el Congreso nunca tuvo la suficiente masa crítica par condicionar las políticas del PSOE.

Con una izquierda aún más fragmentada que entonces y una política cantonalizada, Podemos reunirá esta semana a su consejo de coordinación estatal para analizar la debacle. De haber asunción de responsabilidades políticas éstas no serán las de Pablo Iglesias.

Serra descarta la asunción de responsabilidades por parte de Iglesias

La portavoz de Podemos, Isa Serra, recordó este lunes que Iglesias fue «revalidado» en la Tercera Asamblea Ciudadana Estatal que se celebró de forma telemática y clandestina en mayo, en lo más duro del confinamiento de la población por coronavirus. Las cabezas visibles de Podemos han mantenido silencio tras el tuit del domingo en el que Iglesias admitía la «derrota sin paliativos». Ni Irene Montero ni Pablo Echenique se han referido a la bofetada electoral.

IU sólo crecía cuando a los socialistas les iba peor en las urnas. Eran vasos comunicantes. Este escenario es distinto en la medida que el voto de Podemos, allí donde no se ha fragmentado en las luchas intestinas, no alimenta a Sánchez, a tenor de lo sucedido en Galicia y País Vasco, tal y como ha admitido el coordinador autonómico de Podemos Castilla-La Mancha, José Luis García Gascón,