Con una puesta en escena megalómana, en los jardines de una Casa Blanca engalanada con banderas americanas, y un público entregado, y sin mascarillas en su mayoría, Donald Trump ha aceptado la nominación para la reelección como presidente de Estados Unidos de América. En un discurso apocalíptico y de autobombo, Trump se ha presentado como el candidato del pueblo frente a su rival, el demócrata Joe Biden, quien defiende una agenda que «destruirá América».

«Lo que hemos conseguido está ahora en peligro. Esta es la elección más importante en la Historia de nuestro país. Nunca antes los votantes han enfrentado una elección tan clara entre dos partidos, dos visiones, dos filosofías, o dos agendas», ha dicho Trump al aceptar la nominación con un discurso de 71 minutos, uno de los más extensos que se recuerdan.

«En esta elección decidiremos si salvamos el sueño americano o si permitimos una agenda socialista que demolerá nuestro querido destino», ha remarcado. «Nadie estará seguro en la América de Biden».

«Decidiremos si seguimos creando millones de empleos bien pagados o si destruimos nuestras industrias y enviamos millones de estos empleos al exterior como han venido haciendo durante décadas. Vuestro voto decidirá si protegemos a la América que defiende la ley o si dejamos campo libre a los anarquistas violentos, los agitadores y los violentos que amenazan nuestras ciudades. Esta elección decidirá si defendemos el modo de vida americano o si permitimos que un movimiento radical lo desmantele completamente y lo destruya. Eso no pasará», ha dicho Trump, en un mensaje que deja clara cuál será su línea de acción en esta campaña electoral.

El presidente Trump ha hablado desde los jardines de la Casa Blanca con lo que rompe la tradición de respetar la neutralidad de los edificios gubernamentales. Para muchos es una violación de la Ley Hatch que prohibe a los funcionarios utilizar medios federales con fines partidistas, si bien el presidente y el vicepresidente serían excepciones a esta norma.

Previamente, en esta misma Convención Republicana, la primera dama Melania Trump habló en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, lo hizo desde Jerusalén, donde se encontraba en visita oficial. Todos los funcionarios del Departamento de Estado tienen prohibido hacer campaña o declaraciones partidistas. Hay una investigación en curso promovida por los demócratas.

En su mensaje a los americanos, Trump ha dibujado a su rival como un auténtico radical que pondrá en peligro el país. «Joe Biden no es el salvador del alma americana sino el destructor del empleo y la prosperidad». Biden, que ha sido vicepresidente con Obama durante ocho años (2008-2016), insiste en sus alocuciones en que está en juego el alma del país.

Ha descrito a Biden como un defensor del establishment y un amigo de… China, a quien Trump culpa del coronavirus y acusa de querer injerir en las elecciones apoyando a su rival demócrata. «Hemos adoptado las medidas más duras contra China en la Historia de Estados Unidos», ha recordado, en alusión a la guerra comercial con la segunda potencia global.

China estaría contenta si ganara Biden… China ser hará con nuestro país si Biden fuera presidente», ha dicho Trump

«China estaría contenta si gana Biden», ha dicho, al tiempo que recordaba que su defensa de China en Organización Mundial del Comercio (OMC) como vicepresidente perjudicó a los americanos que perdieron sus empleos. «Biden es el candidato de China. Trump es el candidato de los Estados Unidos de América… China se hará con nuestro país si Biden fuera elegido», ha concluido.

«Desde que dejé mi vida anterior, y era una buena vida, no he hecho otra cosa que pensar en vosotros. He hecho lo que no esperaban en Washington. He cumplido mis promesas… No les gusto porque en lugar de poner primer al establishment siempre he colocado a América primero», ha dicho el presidente, en una alocución en la que no ha tenido reparos en presentarse como el mejor entre los mejores.

Autobombo sin límites

En esa línea, Trump se ha presentado como el presidente que más ha hecho desde Abraham Lincoln, «nuestro primer presidente republicano», y por supuesto mucho más que Joe Biden «en 47 años». Trump, que llegó a la Presidencia en 2016 sin experiencia política, se presenta como la antítesis de su rival, que aspira a presidir el país desde 1988. «Si soy reelegido, vendrá lo mejor», ha subrayado. «Cuatro años más, cuatro años más», ha coreado un público entusiasta.

La brecha racial es más evidente que nunca en Estados Unidos después de dos sucesos que han podido verse y difundirse gracias a las redes sociales. El 25 de mayo toda América, y todo el mundo, vio cómo el afroamericano George Floyd era sometido por la fuerza, con una pierna presionando su cuello, por un policía en Minneapolis. Floyd murió a las pocas horas en el hospital. El movimiento Black Lives Matter alentó una rebelión en las calles como no se había visto desde tiempos de Martin Luther King.

El domingo pasado, otro afroamericano, Jacob Blake, recibía siete disparos por la espalda cuando entraba en su vehículo tras una discusión con agentes de la policía. Blake se debate entre la vida y la muerte, y si sobrevive se quedará paralítico. La NBA suspendió tres partidos para llamar la atención sobre los abusos policiales y el racismo. LeBron James, la estrella de Los Angeles Lakers, ha pedido un voto masivo para promover el cambio. Trump ha acusado a la NBA de haberse convertido en una organización política.

Trump ha aludido al caos generado por los más radicales de los manifestantes, ha defendido a los agentes de la ley, ha acusado a Biden de querer suprimir fondos a la policía, pero no ha mencionado ni a Floyd ni a Blake, como víctimas del racismo y los abusos policiales.

La promesa de la vacuna contra el coronavirus

Ante un auditorio sin mascarilla y sin respetar la distancia social, Trump ha aludido al coronavirus, aunque no ha mencionado que Estados Unidos es el país con más casos, más de 5,8 millones, y más de 180.000 muertos, un récord global, según los datos de la Universidad Johns Hopkins.

El presidente ha prometido que vencerá al coronavirus. «El plan de Biden no es una solución al virus, sino una rendición», ha remarcado, en alusión a que el líder demócrata cerraría el país, lo que, según el presidente devastará la economía americana.

Trump ha defendido su gestión de la pandemia, a pesar de que los datos revelan cómo ha sido un total fracaso. «Ningún país ha hecho más tests que ningún otro país en el mundo», ha señalado el presidente, que ha asegurado que se está reduciendo la incidencia en un 80% desde abril.

Ha prometido que antes de fin de año habrá vacuna, «incluso antes». Trump confía en que haya una vacuna antes de las elecciones para tratar de que se olvide la cruda realidad de los números. A su vez, ha señalado cómo la crisis económica ha llegado cuando el país tenía unos niveles bajísimos de desempleo, un 3,5%, y que el país se va a recuperar rápidamente.

La Convención Republicana ha sido la convención de la familia Trump. En esta última jornada ha intervenido Ivanka Trump, que ha presentado a su padre. Previamente, hablaron Donald Trump Jr, el más combativo, junto a su novia, Kimberly Guilfoyle, Eric y Tiffany, y, por supuesto, la primera dama, Melania, la más moderada. En el cierre, todos juntos contemplaron unos magníficos fuegos artificiales que dibujaron en el cielo las palabras Trump 2020.