Nixon y Trump

El ex presidente Richard Nixon dimitió por el Watergate. Ahora Trump está implicado en el Ucraniagate. CARMEN VIVAS

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Del Watergate al Ucraniagate

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Del Watergate al Ucraniagate

Los republicanos dejaron caer a Nixon, que dimitió antes del impeachment; Trump depende de los senadores de su partido

Los estadounidenses de 2019 van a situar Ucrania en el mapa como los ciudadanos de principios de los 70 supieron dónde se ubicaba el edificio Watergate, sede del Comité Nacional del Partido Demócrata en Washington.

Una llamada telefónica entre el presidente Donald Trump y el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, está en foco del llamado Ucraniagate. Trump le pide un favor al líder ucraniano que puede costarle la Presidencia. El arresto de cinco personas por un allanamiento en el edificio Watergate el 17 de junio de 1972 hizo detonar una bomba que provocó el mayor escándalo político en el siglo XX en EEUU.

Richard Nixon no llegó a enfrentarse a un impeachment (juicio político) porque dimitió el 8 de agosto de 1974 al saber que ni sus propios correligionarios republicanos le apoyaban.

Al revelarse, por orden del Supremo, las grabaciones en las que se le escuchaba junto a su equipo intentado poner trabas a la investigación acabaron por sepultarlo. Su sucesor, Gerald Ford, le otorgó el perdón presidencial un mes después. No quería que Nixon fuera el protagonista de su mandato.

Donald Trump se ve como víctima de una “caza de brujas”, como Nixon, instigada por sus rivales del Partido Demócrata, que han iniciado el proceso que podría derivar en su destitución.

Res ipsa loquitur”. Los hechos hablan por sí mismos. Así lo cree congresistas demócratas como Jamie Raskin, uno de los 218 miembros de la Cámara de Representantes favorable al impeachment. Nancy Pelosi, presidenta de esta Cámara, ha dado el paso y ha anunciado el inicio del proceso. “No hay nadie por encima de la ley”.

La Constitución de EEUU en la sección cuarta del artículo II lo suscribe. El presidente, el vicepresidente, y todos los funcionarios civiles de Estados Unidos «serán separados de sus puestos si son declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves».

¿Cuáles son los hechos? Nos remontamos al 25 de julio cuando el presidente Trump mantuvo una llamada telefónica con el recién elegido presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, novato en política, como lo era Trump en su día.

Esta conversación fue escuchada por una docena de personas y a algunas les pareció tan comprometedor el contenido que decidieron guardarla bajo siete llaves, es decir, bajo un sistema de seguridad más extremo del habitual.

Entre quienes oyeron la llamada telefónica hubo al menos una  persona que dio la voz de alarma. El presidente Trump había pedido “un favor” a Zelenski. Quería que el fiscal general ucraniano investigara al hijo de Joe Biden, ex vicepresidente demócrata y  uno de los candidatos mejor situados para ser rival de Trump en las próximas presidenciales  de 2020. Daba a entender Trump que Biden se había entrometido para que el fiscal anterior no prosiguiera con la investigación.

A su vez, el presidente insistía en que EEUU se portaba “muy, muy bien” con Ucrania y que Ucrania seguía necesitando ayuda. Sin mencionarlo, flotaba en el aire una ayuda militar de 400 millones de dólares que había sido paralizada por Trump, pese a haber sido aprobada en el Congreso.

En resumen: el presidente de Estados Unidos recurría al líder de un país extranjero para recabar información sobre la familia de un rival político. Es decir, hace uso de su cargo para su interés partidista. Sería prevaricación. Si bien no hay un explícito quid pro quo, es cierto que la ayuda militar no se desbloqueó hasta que se dio a conocer la existencia de esta llamada, el 11 de septiembre.

Pelosi sabe muy bien dónde se está metiendo. La trama rusa trata de hechos de cuando Trump era candidato pero ahora son hechos relacionados con Trump ya presidente», dice Crespo

“Nancy Pelosi, al iniciar la investigación ahora, sabe muy bien dónde se está metiendo. La gran diferencia con la trama rusa y el informe Mueller estriba en que se refiere a hechos que sucedieron cuando Trump aún no era presidente. Ahora son hechos que han tenido lugar con Trump en la Casa Blanca. Y no solo se trata de la llamada, son los tratos de su abogado personal, Rudolph Giuliani, con dirigentes ucranianos, entre otras cuestiones”, señala Cristina Crespo, coordinadora general del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares.

Un funcionario de la Administración, que tenía datos completos sobre la conversación aunque no la escuchó él directamente, denunció el caso. Para ello se amparó en una ley de 1998 que protege a los empleados de los servicios de inteligencia a hacer revelaciones de forma protegida cuando saben de abusos de poder. Es la figura del whistleblower.

Este funcionario (un agente de la CIA, según el New York Times) elaboró una denuncia muy completa sobre la que informó el director general de Inteligencia, Joseph Maguire, este jueves ante la Comisión de Inteligencia, quien respaldó al whistleblower  y remarcó que el caso era “único, sin precedentes”.

El choque entre los servicios de Inteligencia y el presidente se hace evidente en este caso. La Casa Blanca habría tratado de ocultar la llamada al archivarla en un sistema donde se almacena información “sensible”.

A poco más de un año para las presidenciales de 2020 los demócratas han dado un paso arriesgado al lanzarse por la vía del impeachment, o proceso que deriva en un juicio político al presidente. Nancy Pelosi ha sido hasta ahora muy reticente, porque prefería que los demócratas se centraran en la agenda política y Trump no monopolizara el debate. Pero los hechos, a su juicio, son tan graves que no hay otra salida.

“Ha sido sorprendente que Pelosi haya dado este paso. Pelosi, que es muy buena estratega, considera que ha llegado el momento porque es un caso muy claro de abuso de poder… Pelosi calcula que en estos meses va a salir mucho más. Ha pedido una lista de todo lo que puede haber sobre Trump. La investigación está en curso y durará meses”, apunta Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid.

Trump primero reconoció la llamada, aunque negó que hubiera presionado a Zelenski. Este miércoles la Casa Blanca daba a conocer un memorándum (no es la transcripción palabra por palabra) y al día siguiente se conocía la denuncia del whistleblower, que no es quien escuchó directamente la conversación sino que recabó datos de varias fuentes.

Trump ha descalificado este testimonio por esa razón: no es fuente directa. En una conversación ante funcionarios de la ONU, ha llegado a decir que quien ha desvelado su conversación es «un espía» y ha añorado cómo trataban a los espías en otros tiempos, en alusión a cómo los encarcelaban o hacían desaparecer en la Guerra Fría.

Trump piensa que no importa lo que ha hecho y por eso lo hace público. Cree que puede hacer y deshacer a su antojo. Pero nadie está por encima de la ley», dice Moceri

En un comunicado, tras conocer cómo Trump se burlaba del hecho de que los demócratas consideraran la conversación como una muestra de abuso de poder, Nancy Pelosi remarcaba que o bien Trump ignora la gravedad de los hechos, o bien actúa sin moral y sin respetar la dignidad del cargo.

Como señala Alana Moceri, “Trump piensa que no importa lo que ha hecho y por eso lo ha hecho público. Cree que como presidente está blindado y que puede hacer y deshacer a su antojo. Pero nadie está por encima de la ley”.

Los ecos del Watergate

Ningún presidente ha sido destituido hasta ahora por un proceso de impeachment. Hicieron frente a un juicio político Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, pero en los dos casos el Senado votó en contra.

Para que se produzca la destitución del presidente han de votar a favor del impeachment dos tercios de los senadores. En el juicio político un representante del Supremo actúa como juez, los senadores como jurado y los miembros de la Cámara de Representantes como fiscales. El presidente cuenta con abogados defensores.

En el caso de Nixon el escándalo del Watergate derivó en su dimisión. Lo que empezó como el arresto de cinco implicados en el robo en la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate acabó destapando una gigantesca red de abuso de poder que llevó a juicio a 69 personas y provocó la dimisión del presidente. El FBI descubrió el vínculo entre ese robo y el dinero negro que iba a parar a la campaña de la reelección del presidente republicano.

La indagación destapó una descomunal trama de hostigamiento a activistas y opositores políticos. Marcó un antes y un después en la política y en el periodismo de EEUU. The Washington Post, con Bob Woodward y Carl Bernstein, a cargo de un fabuloso equipo de reporteros, llevó la voz cantante con una investigación prolija y venciendo todo tipo de presiones. 

Woodward publicó hace un año Miedo: Trump en la Casa Blanca donde describe la Administración del actual presidente como un manicomio. Refiere un patrón de comportamiento que suele repetirse: los asesores esconden a Trump información para que no provoque ningún desatino.

La congresista demócrata Elizabeth Holtzman explica en un artículo titulado Voté por la destitución de Nixon. Haré lo mismo con Trump, publicado en The New York Times, los puntos en común entre los dos casos. Según Holzman, en los dos casos se trata de “un abuso del poder presidencial que amenaza nuestra democracia”. Tanto Nixon como Trump han empleado sus prerrogativas presidenciales para actuar contra adversarios políticos.

Nixon recurrió a su abogado para pagar en negro a los ladrones del Watergate. Trump utilizaba a su abogado como mediador ante Zelenski», escribe Holtzman

“Como Nixon, Trump habría actuado en su propio beneficio personal y su interés político y no en bien del interés nacional. Nixon recurrió a su abogado personal para pagar dinero negro a los ladrones del Watergate. Trump utilizaba a su abogado (Giuliani) como mediador ante Zelenski”, escribe la congresista, autora del libro The Case for Impeachment Trump.

Si bien el caso Watergate siempre va a ser una referencia cuando se trate de escándalos que conciernan a un presidente en ejercicio en Estados Unidos, hay diferencias con el Ucraniagate, al menos en esta fase inicial.

Javier Redondo, profesor de Ciencia Política y autor de Presidentes de Estados Unidos (La Esfera de los Libros), destaca cómo la correlación de fuerzas en el Congreso, lo que se traduce en las posibilidades de ejecución del impeachment, es muy distinta ahora y como era en los años 70.

“Nixon carecía de protección en el Senado, donde la mayoría demócrata era aplastante. Trump dispone de mayoría republicana en el Senado (53 republicanos, 45 demócratas, dos independientes). Para acabar con Trump, la mayoría demócrata en el Congreso primero tiene que romper, disolver, agrietar al Partido Republicano. De modo que es mucho más fácil interpretar la maniobra en términos de lucha partidista, no en una cuestión sobre el estado de salud democrática de la nación”, explica Redondo.

Otra diferencia que subraya Javier Redondo se basa en cómo la opinión pública pudo ver entonces lo que ocurrió. “Había cinco personas en los juzgados, los ladrones que operaban para la fontanería de la Casa Blanca. No se pudo probar que Nixon diera la orden de espiar a los demócratas, pero sí la existencia de un fondo secreto para fabricar pruebas contra los adversarios políticos. En el caso de Trump tenemos un memorándum -no una transcripción-, y de momento, sólo eso”

En los 70 la prensa tenía gran prestigio. Podía tumbar a un presidente, aunque no fuera su objetivo. Ahora Trump se presenta como víctima de una cruzada de la prensa», afirma Redondo

A ello sumaría el autor de Presidentes de Estados Unidos la transformación que han experimentados los medios de comunicación. “En los 70 la prensa tenía un gran prestigio. Podía tumbar a un presidente, aunque no fuera su objetivo. Ahora Trump se presenta como víctima de una cruzada de la prensa”. Y muchos le creen. La opinión pública se construye de forma muy diferente y cuando se enreda la madeja de las noticias falsas se desvirtúa cualquier posibilidad de que haya una verdad irrefutable.

Carl Bernstein sigue confiando en el poder de los medios de comunicación. tanto Nixon como Trump detestan a la prensa. «Trump dice que los medios son el enemigo del pueblo, algo que suena estalinista. Lo hace porque contrastan lo que dice y hace, desarman sus mentiras y defienden el Estado de Derecho», señalaba en una intervención en Lehigh.

El momento político de Nixon y Trump es muy distinto también. «Nixon ya no iba a optar a la reelección, mientras que Trump está terminando su primer mandato. Resistir el embate para Trump es un desafío personal”, concluye Redondo.

La repercusión internacional del Ucraniagate es evidente, mientras que el Watergate era una cuestión doméstica. En la conversación de Trump y Zelenski, queda en cuestión la relación con Rusia y con la Unión Europea. Además, Zelenski queda retratado como un fiel servidor de Estados Unidos.

Según Cristina Crespo, del Instituto Franklin, “Nixon era más estratégico que Trump. Watergate era un caso más interno. La diferencia es que estamos en un escenario internacional. En una parte de la conversación es sobre Rusia. Ucrania necesita el apoyo de EEUU para defenderse de Rusia. Puede tener consecuencias para la relación con Putin”.

El silencio de los republicanos

La bomba de Ucraniagate ha estallado frente al Partido Republicano en vísperas de la campaña electoral, muy prolongada en Estados Unidos por las primarias, cruciales para los demócratas que tiene una veintena de aspirantes, entre ellos el ex vicepresidente Joe Biden, a quien el escándalo afecta directamente.

Si se plantean dudas sobre Trump, también surge la incógnita sobre Biden: ¿colocó a su hijo en la empresa gasística ucraniana? ¿Actuó para impedir la investigación del fiscal ucraniano? De momento, no hay pruebas en su contra, pero la duda está ahí. Trump ya le ha lanzado al barro.

La clave para que el impeachment tenga visos de aprobarse en el Senado está en una veintena de senadores que tendrían que dar la espalda a Trump para sumar los dos tercios necesarios para la destitución. De momento nadie apoya explícitamente el impeachment en las filas republicanas, pero reina el silencio. Tampoco hay defensas enconadas.

Los republicanos no han dicho nada. O poco. Es muy duro para ellos… Habrán de definir si son más leales a su partido o a su país», dice Moceri

«Los republicanos hasta ahora no han dicho nada. Por fin hay silencio. O poco. Han sido bastante tímidos. Es muy duro para ellos. Sobre todo los que tienen elección en un año… Lo más importante es que no dicen nada. No quieren apoyar a un presidente que hace esto. Son muy fieles al partido, más que los demócratas. Habrán de definir si son más leales a su partido o a su país”, afirma Alana Moceri.

Trump sabe que precisa de la lealtad republicana y así lo ha expresado en sus tuits, cuya cantidad delata lo enfurecido que está con este escándalo. “Quieren destruir el Partido Republicano y la Presidencial… La nación está en juego… Es acoso presidencial. Una caza de brujas”.

Entre las filas republicanas quien ha ido más lejos es el senador por Utah Mitt Romney, quien fuera candidato a la Presidencia en 2012 frente al entonces presidente Barack Obama.

Romney considera que el contenido de la conversación entre Trump y Zelenski es “muy preocupante”, según expuso en una entrevista en The Atlantic Festival. El sábado ya expresaba en su cuenta de Twitter su temor a que fuera cierta esa intervención sobre Biden ante Zelenski. «Sería inquietante en grado sumo».

Romney prometió desde su elección como senador por Utah estar vigilante con el presidente Trump. Será quien abandere la contestación a Trump, si finalmente hubiera una revuelta entre los republicanos.

También han reconocido que los hechos no son de su agrado los senadores Ben Sasse, de Nebraska, quien a su vez lamentaba que fuera a reforzarse el enfrentamiento enconado y partisano. Mike Turner, de Ohio, dijo: «No está bien esa conversación». El senador Pat Tooney de Pensilvania la ha calificado como “inapropiada”.

Incluso el senador Marco Rubio, de Florida, ha dicho que el presidente “no debería haber hablado sobre Joe Biden con el presidente ucraniano”, aunque afirmó que no veía indicios para promover un impeachment.

En esta fase hasta seis comisiones de la Cámara de Representantes están investigando a Trump. En primer lugar, el Pleno de la Cámara habría de votar si llevar a juicio político al presidente o no.

De los 235 demócratas de la Cámara de Representantes demócratas, 223 se inclinan a favor del impeachment, 12 lo dudan o están en contra y un independiente y un republicano (Mark Amodei) lo apoyarían, según un recuento realizado por The New York Times. Cincuenta y tres miembros de la Cámara no saben, no contestan de momento. Habría mayoría suficiente para aprobar que se lleve a cabo el juicio político en el Senado.

Los republicanos andan con pies de plomo. Como señala Javier Redondo, “si Trump se desvinculara y se presentara como independiente puede ocasionar aún mayor daño en el partido, que necesita una renovación urgente”. De momento prefieren esperar y ver.

En la célebre megaentrevista (30 Horas) realizada en 1977 por el periodista británico David Frost, que luego inspiró la película Nixon/Frost, Nixon finalmente se disculpó. Frost consiguió un testimonio excepcional al invitarle a pedir perdón ante su nación.

Con la mirada baja, Nixon dijo: «Decepcioné a mis amigos, decepcioné al país. Fallé a nuestro sistema de gobierno y los sueños de todos esos jóvenes que querían formar parte de él pero ahora lo ven corrupto (…) Tengo que llevar esa carga por el resto de mi vida. Mi carrera política está acabada».

Cuando Frost le preguntó sobre la legalidad de las acciones del presidente en el contexto de la seguridad nacional. Nixon replicó: «Bueno, si el presidente hace algo, quiere decir que no es ilegal». Así pensaba Nixon, incluso después de tener que renunciar al cargo, y como piensa Trump.