«No lo lamento». Como lo leen. El máximo responsable de que el Reino Unido esté inmerso en una crisis política mayúscula y de que la Unión Europea vaya a perder uno de sus miembros por primera vez en la Historia no lo siente. David Cameron es su nombre. Y no crean que vive en el ostracismo ni que se ha arruinado. Ni siquiera parece arrepentido.

Sabremos en detalle cómo vivió todo el proceso que llevó al Brexit muy pronto. El 19 de septiembre salen a la luz sus memorias, For the Record, en la editorial HarperCollins. Por su autobiografía Cameron recibió 800.000 libras esterlinas en 2016 (unos 830.000 euros) y se comprometió a dar todos los detalles sobre su paso por el 10 de Downing Street.

El libro tiene 400.000 palabras y tuvo que cortar unas 100.000 del primer borrador. Iba a publicarse en la primavera pasada pero se ha retrasado al posponerse la fecha de salida de la UE al 31 de octubre.

Con los sustanciosos ingresos que ha recibido por esta autobiografía, Cameron se ha dado un caprichito: un refugio de madera en el jardín de su casa de Costwolds valorada en 25.000 libras esterlinas (27.600 euros). El ex primer ministro dijo que era su escondite de escritura.

Según informó The Guardian, la lujosa cabaña está hecha a mano y cuenta con un sistema de aislamiento realizado con lana de oveja, una estufa de leña, interruptores para la luz de baquelita, puertas de madera de establo y un sofá cama doble. La pintura interior es de la exclusiva casa de decoración Farrow and Ball.

Los Cameron también tienen casa en Londres y en Cornualles. Otra de sus fuentes de ingresos proviene de las conferencias. Su tarifa es de 120.000 libras esterlinas la hora, es decir, 2.000 libras el minuto. De su agenda para las charlas se ocupa el Washington Speaker’s Bureau.

Además, Cameron acaba de ser contratado, a finales de mayo pasado, para formar parte del consejo de administración de una empresa estadounidense relacionada con la inteligencia artificial, Afiniti.

En un comunicado, Afiniti anunciaba que el ex primer ministro «será responsable de la supervisión de los planes estratégicos» de esta firma, fundada por el empresario pakistano-estadounidense Zia Chishti. Está especializada en aplicar la inteligencia artificial en los centros de atención al cliente.

Chisti se mostró encantado cuando se hizo el anuncio de poder contar con Cameron. «El compromiso personal de David con estas materias le hace especialmente adecuado para dirigir nuestro consejo de administración y apoyar a Afiniti en esta nueva etapa de crecimiento».

El ex primer ministro británico también ha creado un fondo de inversión chino-británico, que no ha tenido mucho éxito. De forma altruista, ha sido presidente de la Investigación sobre el Alzheimer en el Reino Unido.

La deriva hacia el Brexit

David Cameron (Londres, 1966) se convirtió en primer ministro británico con 43 años en 2010. Como el actual jefe del Gobierno, Boris Johnson, es un etonian, es decir, estudiaron en el colegio más elitista del Reino Unido. Desde la cuna parecían encaminados a las grandes finanzas o la política con mayúsculas. No defraudaron.

Los dos, Boris Johnson y David Cameron, que hasta hace poco disfrutaban jugando al tenis en sus ratos de ocio, tienen algo en común: están dispuestos a todo por salvar al Partido Conservador. Incluso llevar a su país a la catástrofe.

Ahora lo hace BoJo con su obcecación por una salida de la UE «sí o sí». Lo hizo Cameron al aceptar la celebración del referéndum sobre el Brexit, por la presión de los conservadores euroescépticos y el ascenso del UKIP, de Nigel Farage.

Cuando Cameron accedió al 10 de Downing Street, en mayo de 2010, tuvo que aliarse a los liberaldemócratas, europeístas, liderados por Nick Clegg. Los conservadores euroescépticos se sentían muy incómodos con este compañero de viaje y comenzaron a presionar para forzar un referéndum.

En noviembre de 2011 promovieron una votación en el Parlamento sobre una consulta para salir de la UE y casi un centenar de diputados conservadores la apoyaron o se abstuvieron. Era la mayor revuelta interna en los tories desde hacía décadas.

La Unión Europea se dirige a un nivel de integración política que está lejos de la zona de confort del Reino Unido… Por eso estoy a favor de un referéndum», dijo Cameron en 2013

En junio de 2012 escribió un artículo en The Sunday Telegraph en el que decía que Europa y referéndum eran palabras que casaban bien juntas. El 23 de enero de 2013, en la célebre conferencia en Bloomberg, lo dejó claro: «La Unión Europea se dirige a un nivel de integración política que está lejos de la zona de confort de Reino Unido… Por eso estoy a favor de un referéndum». Defendió que el Reino Unido se mantuviera pero renegociando condiciones.

A Clegg, que fue su viceprimer ministro, cuando le preguntó por qué se estaba enredando con el lío del referéndum, llegó a confesarle: «Tengo al UKIP echándome el aliento en la nuca y mis diputados son tremendamente euroescépticos».

Clegg veía la jugada muy arriesgada y con consecuencias imprevisibles. Al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, le reconoció que había aceptado la consulta para contentar a su propio partido.

Con lo que no contaba David Cameron era que vencería en las elecciones de mayo de 2015 por mayoría absoluta. Había confíado en volver a aliarse con los liberaldemócratas y responsabilizarles de no convocar la consulta. Pero no había escapatoria. Además, el UKIP había ganado las europeas de 2014 por un 27% de los votos y presionaba para ir a las urnas sobre el Brexit.

Le aconsejaron que lo hiciera cuanto antes y aceptó el envite. Confíaba en su baraka. El referéndum por la independencia de Escocia en 2014, en el que venció el no por diez puntos (55% frente al 45%), le dio aliento.

Pero no tuvo en cuenta que en ese caso el ex primer ministro laborista escocés Gordon Brown se empeñó a fondo. El mensaje en Escocia más convincente para rechazar la independencia fue precisamente la permanencia en la UE. En Escocia y en Irlanda del Norte se impuso el no al Brexit.

Tampoco calculó la dimensión de la campaña del Brexit, sustentada en falsedades, manejo de datos personales, y pura demagogia. David Cummings, ahora asesor de Boris Johnson, fue el artífice de la campaña, basada en el lema Vote Leave. Take back control (retomemos el control). Cuenta los entresijos de la campaña la película de HBO The Uncivil War.

Ha llegado a especularse con su vuelta a la política, incluso como ministro de Exteriores, sobre todo por su buena relación personal con Boris Johnson, pero no parece que su vida vaya por esos derroteros.

Procura mantenerse entre bambalinas porque su nombre se asocia al caos que vive ahora el Reino Unido, pero este otoño volverá a primera fila para hablar de su libro, y defender su trayectoria. Un 58% de los británicos deploran su gestión. Para muchos analistas es uno de los peores primeros ministros desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el reciente cierre temporal del Parlamento, se ha limitado a lamentar en su cuenta de Twitter la marcha de Ruth Davidson, líder conservadora en Escocia. Pero ni una crítica a Boris Johnson, como sí ha hecho John Major.

Prometió un Reino Unido más seguro, más fuerte y más próspero. Dejó un Reino Unido más caótico, más frágil y más pobre. Nunca pagará el daño hecho a las generaciones más jóvenes.