El Parlamento británico ha asestado un duro golpe a Boris Johnson en el primer día tras su regreso del receso veraniego. Trescientos veintiocho diputados han votado a favor de recuperar la agenda del Brexit para promover una tercera prórroga, hasta el 31 de enero y así impedir una salida sin acuerdo. Lo han hecho en contra 301.

Un total de 21 diputados conservadores se han rebelado contra su jefe de filas y van a ser expulsados, entre ellos el decano de los Comunes, el europeísta Kenneth Clarke. En un solo día Boris Johnson ha perdido 22 diputados conservadores, uno al pasarse a los liberal demócratas y otros 21 por discrepar con sus dictados.

Es una derrota amarga para el recién estrenado primer ministro y una muestra de su falta de tolerancia con los disidentes. La ex primera ministra Theresa May se ha atenido a la ortodoxia que ahora marca Boris Johnson.

El primer ministro, Boris Johnson, saltó de su asiento con furia. Ha dicho que se niega a seguir adelante con lo aprobado por el Parlamento y que, si bien no quiere elecciones, se niega a ir a Bruselas en estas condiciones. Ha añadido que si van a votar este miércoles a favor de una prórroga, entonces pedirá que el Parlamento se pronuncie a favor de adelantar las elecciones.

El líder laborista, Jeremy Corbyn, le ha contestado que así funciona la democracia. Ha añadido que solo apoyaría volver a las urnas si antes se ha asegurado que no habrá salida sin acuerdo.

La bronca en el Parlamento ha sido enorme al conocerse el varapalo al primer ministro. Y el speaker, John Bercow, se ha tenido que esforzar a fondo: «Order! Order! Order!».

Mientras la líder liberaldemócrata, Jo Swinson, reconocía que quería elecciones pero que primero habría que impedir una salida sin acuerdo, el líder nacionalista escocés, Ian Blackburn, afirmaba que «toda convocatoria electoral debería respetar la democracia de esta Cámara».

Esta votación contra la prepotencia de Boris Johnson es la contundente respuesta del Parlamento al cierre temporal del Parlamento durante cinco semanas impuesto por el primer ministro, Boris Johnson, con el fin de limitar la acción de los Comunes con vistas a una prórroga o bien un veto a la salida sin acuerdo.

Boris Johnson, elegido por los diputados y confirmado por los militantes conservadores, pidió a la Reina este cierre temporal, algo que la soberana aceptó porque actúa a instancias del Gobierno. Aunque la medida es legal, en estas circunstancias excepcionales, con el Brexit en ciernes, supone un ninguneo mayúsculo de los Comunes.

Al recuperar la agenda parlamentaria, la Cámara británica da un golpe en la mesa al primer ministro, quien ha pretendido gobernar y legislar sin tener en cuenta a Westminster. O minimizando al máximo su capacidad de acción.

En su intervención de este martes, Boris Johnson ha insistido en que aboga por una salida negociada de la Unión Europea. Pero ha remarcado que si cualquier proceso que implique otro retraso o evitar un Brexit sin acuerdo sería «una rendición orquestada por Corbyn. Tendríamos que ir con la bandera blanca a Bruselas. No voy a hacerlo”.

Johnson pretende trasladar que si el Reino Unido quiere negociar con fuerza con la UE ha de dejar claro que la salida se va a producir sea como sea.

En el debate de este martes, el líder laborista, Jeremy Corbyn, ha subrayado que el Reino Unido “no está en guerra con la UE” y que si hay una salida sin acuerdo el Reino Unido “sacrificará» empleos, estándares laborales y bienestar social.

En defensa de los argumentos del Gobierno, Jacob Rees-Mogg, ahora miembro del Consejo Privado de la Reina, ha declarado que la moción que han votado esta noche los parlamentarios «supone un uso inconstitucional del Parlamento como nunca se había visto desde que Charles Stewart Parnell intentó echar por tierra la Cámara».

Curiosa esta tesis viniendo de alguien que defendió la suspensión temporal del Parlamento que ha orquestado el primer ministro. En ese caso no le parecía a Rees-Mogg que se tratase de un uso inconstitucional de la Cámara, porque era en beneficio de sus tesis.

Rees-Mogg, representante de la élite de las élites en el Reino Unido, ha hecho una defensa del poder del pueblo. «La soberanía viene del pueblo, no del vacío. El  pueblo es nuestro señor y nosotros nuestros servidores», ha señalado en lo que es la quinta esencia del populismo.

Ha añadido que hay que considerar «el caos que esta concatenación de circunstancias podría crear». Como si una salida sin acuerdo diera lugar a la armonía y la certeza. Varios diputados británicos han tuiteado una imagen que vale un tesoro sobre este peculiar político conservador, puro brexiter.

En el polo opuesto, el conservador europeísta Kenneth Clarke, el diputado que lleva más tiempo en los Comunes, ha recordado cómo el Parlamento ha votado en contra de la salida sin acuerdo y Boris Johnson ha dejado de lado esta premisa para tratar de ejecutar un Brexit sin acuerdo.

Ha agregado cómo si el Parlamento se pone de lado en una situación así, sería un grave antecedente para gobiernos futuros.

Coincide con el decano de la Cámara una de las rebeldes conservadoras, Antoinette Sandback, ha dicho que si Boris Johnson cierra el Parlamento de forma temporal para reducir las posibilidades de impedir una salida sin acuerdo y no se hace nada para pararlo cualquier otro primer ministro podría hacer lo mismo, según informa The Guardian.

Prueba de la indignación reinante en Escocia ha sido la declaración de Ian Blackford, jefe del grupo parlamentario del Partido Nacional Escocés, quien ha acusado a Boris Johnson de comportarse como un dictador.

Pérdida de la mayoría

El día ha comenzado mal para Boris Johnson. Mientras exponía los resultados del G-7, celebrado en Biarritz, el diputado conservador Phillip Lee se ha cambiado de bancada y se ha pasado a los liberaldemócratas. El Gobierno de Boris Johnson perdía así su frágil mayoría de un diputado justo el día en el que el Parlamento retomaba sus sesiones después de la pausa veraniega.

En su carta de renuncia, Phillip Lee, en los conservadores desde hace 27 años, lamenta cómo el Brexit está llevando a una deriva al Partido Conservador. «Ahora se trata de ver quién es más temerario entre los conservadores a la hora de ejecutar el Brexit», señala Lee. A su vez, añade que el Partido Conservador ha caído en dos grandes males, el populismo y el nacionalismo británico.

Los liberaldemócratas, encabezados por su líder Jo Swinson, le han recibido con los brazos abiertos. Han elogiado la experiencia en los Comunes de Phillip Lee y su decisión de sumar fuerzas para evitar un Brexit sin acuerdo.

Era un mal presagio en una jornada crucial para Boris Johnson, después de que solicitara a la Reina el cierre temporal del Parlamento durante cinco semanas, justo cuando faltan menos de dos meses para el plazo marcado para ejecutar el Brexit, el 31 de octubre.

Ahora el Gobierno de Boris Johnson, conservadores, apoyados desde fuera por los  unionistas irlandeses, cuenta con 319 votos, mientras que los partidos de la oposición suman 320 diputados. Hay 11 diputados que no votan, entre ellos el presidente del Parlamento (speaker) y siete del Sinn Féin.

En una declaración después de una reunión de urgencia del Gobierno, Boris Johnson dijo el lunes que no iba a pedir una prórroga del Brexit porque estaba determinado a que el Reino Unido salga de la UE el 31 de octubre «sí o sí».

La bala que tenía en la recámara Boris Johnson pasar por tratar de anticipar las elecciones, como ya ha anunciado el martes por la noche que hará. Precisa dos tercios de los votos para que se adelante la convocatoria electoral y se realice antes del 31 de octubre. Es decir, los laboristas deberían favorecer este adelanto.

El plan, en ese caso, sería plantear una campaña electoral al estilo de la que llevó a cabo su equipo con el Brexit con el fin de salir reforzado y salir sin acuerdo.

Los ex primeros ministros laboristas Tony Blair y Gordon Brown han advertido a Jeremy Corbyn, acutal líder, de la trampa de un eventual adelanto electoral. En Sky News, la ministra de Exteriores en la sombra, ha señalado que si bien los laboristas desean fervientemente acudir a las urnas, si se votara sobre este adelanto electoral este miércoles, cree que el partido debería abstenerse o votar en contra.

Corbyn coincide con este planteamiento y también la liberaldemócrata Jo Swinson. Así difícilmente saldrá adelante un adelanto electoral. Le queda a Johnson echar la culpa al Parlamento de lo que pase a partir de ahora con el Brexit.

Lo primero ahora es impedir una salida sin acuerdo, después las elecciones. Boris Johnson declaró la guerra al Parlamento británico como si no supiese que está en la esencia del parlamentarismo rebelarse contra cualquiera que pretenda limitar su poder.