“De mi amigo António aprendo todos los días”. El jefe del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, rindió homenaje público al primer ministro portugués, Antonio Costa, en su visita a Lisboa en julio de hace un año. Sánchez reconocía en Costa una fuente de inspiración, como encarnación de un proyecto “progresista, modernizador y europeísta”. Hoy, Costa en el tramo final de su legislatura, y Sánchez, que aspira a la investidura, son la esperanza de una socialdemocracia renovada en la UE.

Pedro Sánchez (Madrid, 1972) deja constancia de su cercanía y admiración por António Costa (Lisboa, 1961) en su Manual de Resistencia. “Habla español a la perfección y lo cierto es que hemos hecho muy buenas migas en los últimos años… Es uno de los que ha aprendido la situación de la izquierda y ha actuado para unirla”. A Sánchez le gusta el talante de Costa y a Costa la resiliencia del líder español.

El reto de la socialdemocracia hoy es saber entenderse con otras fuerzas progresistas. El mejor ejemplo es Portugal”, dice Sánchez

Según Sánchez, “el reto de la socialdemocracia hoy es saber entenderse con otras fuerzas progresistas. El mejor ejemplo de esto es Portugal. Hay que salir del exclusivismo, y esa es la gran lección que nos han dado nuestros vecinos: las izquierdas se pueden entender con la socialdemocracia como gran vector”.

Costa y Sánchez fueron elegidos secretarios generales de sus partidos en 2014. Sánchez en julio y Costa en noviembre. En ese momento el PSOE y el Partido Socialista portugués cotizaban a la baja. A partir de entonces empezaron a coincidir los dos líderes ibéricos y a forjar una sólida relación. Sánchez confiesa cómo consultó a Costa la idea de recuperar la bandera española o la forma de aproximarse a Podemos.

Después de las elecciones del 20 de diciembre de 2015, esos comicios en los que el Partido Popular fue la primera fuerza política pero sin mayoría para gobernar en solitario, Sánchez acude en enero a visitar a Lisboa a ver a Costa. También le interesa dejarse ver con quien había conseguido en Portugal algo excepcional: el apoyo de comunistas (PCP) en coalición con los Verdes, y el Bloco de Esquerda (cercano a Podemos) a su gobierno.

El líder del Partido Socialista de Portugal había terminado 2015 como primer ministro, a pesar de que la coalición conservadora con el nombre Portugal al frente (Partido Social Demócrata y Centro Democrático Social-Partido Popular) contaba con 102 escaños, más que los 86 socialistas.

El presidente Aníbal Cavaco Silva encargó al conservador Passos Coelho formar gobierno y lo hizo en minoría. A los diez días quedaba desbancado por una moción de censura de socialistas, comunistas, ecologistas y bloque de izquierdas.

El lema de Costa se basaba en ofrecer a los portugueses una “alternativa a la austeridad” sin poner en cuestión las reglas de la eurozona. Los comunistas rompieron su tabú, que habían mantenido desde 1976, de no pactar con los socialistas con el fin de impedir la puesta en marcha de un plan neoliberal a ultranza de la coalición Portugal al Frente.

“Son dirigentes sociales que vienen del mainstream, no son del ala izquierda como Jeremy Corbyn. Son genuinos socialdemócratas. Creen que la supervivencia del partido de socialdemocracia ha de buscar nuevas plataformas de reinserción en la sociedad civil que ayuden a refundar una familia política que sufrió mucho con la gestión de las crisis”, señala António Costa Pinto, politólogo del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Costa realizó lo que parecía imposible: una convergencia a la izquierda dominada por el centro izquierda”, dice Costa Pinto

“Costa realizó lo que parecía imposible: una convergencia a la izquierda dominada por el centro izquierda. Provocó el cambio de tendencia de declive de los partidos socialistas”, añade Costa Pinto. No es de extrañar que desde entonces para Sánchez el primer ministro portugués sea una fuente de inspiración.

Su viaje en enero de 2016 se interpretó como una señal a Podemos, que en las elecciones de diciembre se había quedado a apenas 350.000 votos del PSOE, si bien Sánchez ya había dejado claro que el primero en intentar formar gobierno debía ser el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy.

Hagas lo que hagas, que se pueda explicar a la ciudadanía”, aconsejó Costa a Sánchez

Si no lo conseguía, se abriría a la posibilidad de formar un gobierno de izquierdas. “Hagas lo que hagas, que se pueda explicar a la ciudadanía”, le aconsejó entonces Costa. Sánchez lamenta en su autobiografía política cómo los más reacios a comprender la situación estaban en su propio partido. En ese momento Podemos se encumbró y empezó a pedir ministerios antes de entablar conversaciones.

En España quedaba pospuesta la posibilidad de un gobierno “progresista”, debido a la falta de entendimiento entre las izquierdas y por la cuestión catalana. La crisis de gobernabilidad, que en Portugal duró dos meses, en España se prolongó desde diciembre de 2015 hasta noviembre de 2016. Después de repetir elecciones, Rajoy, tras 10 meses en funciones, se mantuvo en el poder.

A Sánchez aún le quedaba pasar por un calvario en su partido, que terminaría con su reelección contra pronóstico el 21 de mayo de 2017. También de forma sorprendente ganaría una moción de censura, el 1 junio de 2018, con el apoyo de aquellos con quienes antes no se había entendido.

Tras las elecciones del 28 de abril, ha logrado que los socialistas sean el partido más votado, aunque aún está intentando recabar apoyos para garantizar su investidura pues no tiene la mayoría absoluta. Su sueño, de nuevo, sería poder gobernar con el apoyo externo de las izquierdas, como en Portugal.

Ahora Unidas Podemos está más debilitada pero en España, a diferencia de Portugal, los nacionalismos periféricos tienen un gran peso y Unidas Podemos ha sufrido una gran pérdida de votos y de escaños en las elecciones con lo que es necesario su apoyo pero no basta. Exigen, a diferencia de las izquierdas más a la izquierda de Portugal, sentarse en el Gobierno. Al menos de momento. Sánchez, como Costa, prefiere independientes.

Lo que quiere Sánchez es un gobierno “progresista”, en sus palabras, “no se trata de hacer políticas revolucionarias, sino de implementar medidas que reviertan el deterioro social de la crisis. Portugal lo ha hecho, y además ha controlado el déficit como le pide Bruselas”.

El inventor de la ‘geringonça’

Cuando António Costa pactó con el Bloque de Izquierdas, el Partido Comunista y los Verdes, nadie apostaba por ese gobierno que Pedro Passo Coelho (PSD) calificó como geringonça, es decir, artilugio, cachibache, o en traducción libre, chapuza. Pero Costa sabía lo que se hacía.

En primer lugar, en casa sabía que era posible cómo hacer entender a comunistas y socialistas reacios a los comunistas. Su madre, María Antónia Palla, fue una periodista destacada en la lucha de los derechos de las mujeres en la dictadura salazarista y después de la Revolución de los Claveles. Recelaba de los comunistas. Su padre era el poeta comunista Orlando da Costa, nacido en Mozambique y criado en la colonia portuguesa de Goa, en la India.

En su hogar la política era un latido cotidiano. Aún no había cumplido los 13 años cuando su padre sintonizó la radio para que todos escucharan el Grandola Vila Morena, el 24 de abril de 1974. “Grandola Vila Morena, terra de fraternidade, o povo é quien mas ordena…”

Entró en las Juventudes Socialistas con 14 años. Después compaginó los estudios de Derecho en la Universidad de Lisboa con su activismo político en el Partido Socialista de Mário Soares, figura trascendental en la democracia portuguesa. En los 80 asciende en el partido y a partir de los 90 y principios de 2000 ocupa cargos electos como diputado, ministro y eurodiputado.

“Costa tiene un capital político enorme. Fue ministro del Interior y Justicia en las presidencias portuguesas de la UE, 2002 y 2007. Costa destacó en ese tiempo. Desde entonces es un referente entre los partidos socialistas europeos”, afirma Patricia Lisa, investigadora en el Real Instituto Elcano.

Portugal ha podido girar la página de la austeridad gracias a su gran capital político en la Unión Europea”, afirma Patricia Lisa

“La solución de Portugal de girar la página de la austeridad se ha logrado en gran parte porque había un gran capital político de Portugal en la UE. Portugal podía actuar contra la ortodoxia”, añade Lisa.

La investigadora explica que los sistemas políticos en los dos países han evolucionado de forma diferente. En Portugal apenas ha habido cambios y no ha irrumpido ningún partido nacionalpopulista, pero en España sí han sufrido más los partidos tradicionales, han surgido partidos nuevos, como Ciudadanos y ahora Vox.

A ello se suma lo que es radicalmente distinto en Portugal y España. En Portugal no hay nacionalismos periféricos ni partidos nacionalistas. De hecho, están prohibidos.

A su vez el presidente en Portugal tiene un papel con más atribuciones que el Rey en España. En la actualidad el presidente es el popular Marcelo Rebelo de Sousa, en el cargo desde marzo de 2016. Del conservador PSD, Marcelo, como es conocido, es extraordinariamente cercano.

Su gestión en la crisis de los incendios del verano de 2017 sirvió para que la población encontrara consuelo. Fue uno de los momentos más difíciles de António Costa, a quien se le tachó de limitar las responsabilidades a destituir a la titular del Interior y de mostrarse distante de los ciudadanos.

“La geringonça ha sido una solución innovadora, fue la primera vez, también porque ha funcionado. Es una situación muy específica de Portugal. El aumento de fragmentación obliga a hacer coaliciones innovadoras. España tendrá que encontrar sus propias soluciones. España tiene una estructura territorial totalmente opuesta a Portugal. Esta pluralidad marca una gran diferencia”, subraya Patricia Lisa, coautora junto a Ignacio Molina del artículo La evolución de los sistemas políticos de España y Portugal: convergencias en la diferencia.

António Costa también aprende sobre cómo acercarse a los comunistas en el ayuntamiento de Lisboa. Entre 2007 y 2015 es presidente de la Cámara Municipal de Lisboa, equivalente a alcalde de la capital portuguesa. Logra una gran fama como gestor y a su vez se mantiene al margen de las consecuencias de la crisis y de los escándalos de corrupción que llevaron a los socialistas a su peor momento.

Costa y Sánchez tienen en común que en un momento dado parecían derrotados. Son supervivientes”, señala Costa Pinto

Como alcalde, Costa consiguió en septiembre de 2013 la reelección con más del 50% de los votos, el doble que su contendiente. Pero no estaba claro de que fuera el hombre que necesitaban los socialistas al frente. Lo logró un año más tarde, en noviembre de 2014. Volvió a arrasar.

“Costa como alcalde de Lisboa empezó una convergencia con los comunistas. Tenía el olfato de que los comunistas antes o después podrían colaborar con un gobierno suyo. Sánchez y Costa tienen en común que en un momento dado los dos parecían derrotados. Son supervivientes”, señala António Costa Pinto, politólogo de la Universidad de Lisboa.

El primer ministro portugués se atuvo al pie de la letra al pacto de mínimos que firmó con el Partido Comunista, los Verdes y el Bloque de Izquierda. Fueron los comunistas los que dejaron a un lado su reclamación de salir de la zona euro para dar prioridad a impulsar las medidas sociales. Como ministro de Finanzas, Costa nombró a Mário Centeno, que ahora es presidente del Eurogrupo.

Además de reducir el paro, hasta menos del 7%, y mantener el crecimiento, en torno al 2%, gracias a un gran boom del turismo, con 13 millones de visitas el año pasado. Con un gasto público muy restrictivo, en tres años ha reducido el déficit del 4 al 0,7% y prevé acabar 2019 con un 0,2%.

La ‘geringonça’ fue concebida como respuesta a la deriva liberal del gobierno conservador de Portugal al Frente”, dice Saraiva Lima

Según António Saraiva Lima, periodista de Publico que informó sobre las recientes elecciones en España, “nada impide que la fórmula de la geringonça sea exportable pero la solución portuguesa fue concebida en unas circunstancias específicas como respuesta a la deriva liberal del gobierno de Portugal al Frente. Los acuerdos entre socialistas, comunistas y bloque de izquierdas eran minimalistas y se basaban principalmente en descongelar las pensiones y la recuperación salarial. También hubo medidas para fomentar el empleo, aumentar el rendimiento de las familias y crear condiciones para la inversión pública”.

Según Saraiva Lima, “en España el sistema de partidos está más fragmentado e incluye partidos regionalistas y nacionalistas e independentistas. El número de acuerdos que ha de hacer Sánchez es mayor, también por el hecho de que en Portugal los partidos de izquierda sí tienen la mayoría en el Parlamento”.

“Da para ser amigos, no para casarnos”, suele decir Costa sobre la entente que mantiene con los partidos situados más a la izquierda. Recientemente incluso ha sido infiel porque ha sido la derecha la que ha apoyado que no se restaure la antigüedad a los profesores, suspendida ocho años durante la crisis, debido a que la medida supondría un gasto excesivo para las arcas portuguesas. Costa enfila el último tramo hacia las elecciones generales del 6 de octubre. Nadie habría apostado que llegaría a finalizar la legislatura.

De la mano en Europa y en el fútbol

António Costa y Pedro Sánchez son los dos primeros ministros que representan al grupo socialista en las conversaciones que mantienen seis jefes de gobierno con el presidente del Consejo, Donald Tusk, sobre el nombramiento de los próximos responsables de la Unión Europea. Es decir, están mano a mano, junto a dos liberales y dos populares, presentes en la decisión sobre el presidente de la Comisión, del Consejo, del Parlamento Europeo y el Alto Representante para la Política Exterior.

Costa y Sánchez abogan por que sea el laborista Frans Timmermans, ex ministro holandés de Exteriores, el próximo presidente de la Comisión Europea. España aspira a una vicepresidencia de peso económico, que puede ser ocupada por Josep Borrell, Nadia Calviño o Teresa Ribera.

A juicio del profesor Costa Pinto, “los jefes del gobierno de Portugal y España son responsables de invertir la tendencia descendente de la socialdemocracia. Primero fue Costa y luego Sánchez”. Y los dos “intentan lanzar una nueva estrategia socialdemócrata en la política europea. Quieren recuperar un modelo para la UE alternativo al modelo liberal de la UE, lo que les lleva a una unidad de acción en la política europea”.

España y Portugal accedieron a la vez a la Unión Europea. Firmaron el Acta de Adhesión el 12 de junio de 1985, hace ahora 34 años. Su ingreso se hizo efectivo el 1 de enero de 1986. Los dos países habían pasado por dictaduras. En Portugal terminó con la Revolución de los Claveles en 1974. Sin embargo, en España el dictador murió en la cama en noviembre de 1975.

España y Portugal inciden en la dimensión social de la Unión Europea. Están alineados en la agenda europea”, afirma Lisa

“El alineamiento de los dos países en la Unión Europea es una gran coincidencia. Los dos defienden la reforma de la Unión Económica y Monetaria. La necesidad de que se centre más en la convergencia de los países de la eurozona e inciden en la dimensión social de la UE. Están alineados en la agenda europea”, subraya Patricia Lisa, del Real Instituto Elcano.

España y Portugal tienen mucho que ganar en esta entente. Los intereses del sur son comunes, y su peso unido es mayor del que tendrían por separado como un país medio/grande y otro medio/pequeño en la UE. La diplomacia portuguesa ha demostrado una habilidad extraordinaria que les ha llevado a situar a un portugués, António Guterres, como secretario general de la ONU. O bien a que Mário Centeno, conocido como el Ronaldo de la economía lusa, sea presidente del Eurogrupo.

“Portugal es muy hábil en el smart power. Hace valer sus prioridades en la búsqueda de consensos. Moviliza sus candidaturas con unanimidad nacional. Es cierto que nuestra mochila es más ligera. Es un país fiable y de consensos”, señala Patricia Lisa.

Costa y Sánchez se han aliado en este eje ibérico para apoyar con fuerza la candidatura de España y Portugal para albergar el Mundial de Fútbol de 2030. Ya optaron juntos los dos países en 2018 pero lo consiguió Rusia. La coalición ibérica sería imbatible si la amistad y admiración tejida entre Costa y Sánchez perdurara y fuera más allá de la cercanía ideológica. Ganarían los ciudadanos de la Península.