Política

Pedro Sánchez ningunea a Susana Díaz en su libro 'Manual de Resistencia'

Obvia su batalla con los barones del partido y agradece a Chaves, Griñán y Felipe González su apoyo interno

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Pedro Sánchez ningunea a Susana Díaz en su libro 'Manual de Resistencia'

Resumen:

Pedro Sánchez pasa por alto en sus memorias su duro enfrentamiento con los barones del partido que provocaron su dimisión durante el Comité Federal el 1 de octubre de 2016. En su libro ‘Manual de Resistencia’, obra a la que la secretaria de Estado y ex diputada de UPyD Irene Lozano ha dado «forma literaria» tras horas de conversación con Sánchez, el presidente del Gobierno obvia su pugna interna con Susana Díaz por el control del PSOE que dio lugar, precisamente, a esa capacidad de resiliencia de la que hace gala en el libro.

«Desde el principio tuve esa incómoda sensación de intruso. Mi victoria en las primarias de 2014 se produjo con el apoyo de la federación andaluza, y ya entonces percibí que algunos me respaldaban solo para ganar tiempo hasta que Susana ocupara mi lugar. Obtuve el cargo de secretario general, pero esa élite no me concedió la legitimidad política para ejercerlo», explica en la obra, que hoy ha salido a la venta y el jueves presentará el propio jefe del Ejecutivo acompañado por los periodistas Mercedes Mila y Jesús Calleja.

Pedro Sánchez rememora así cuando accedió por primera vez a la Secretaría General del PSOE en julio de 2014 gracias al apoyo de Susana Díaz en unas primarias frente a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. La baronesa andaluza lo situó en el cargo de forma temporal para evitar que el diputado vasco se hiciera con el liderazgo del partido y le cerrara el paso a su llegada a Ferraz, que Díaz pretendía aplazar hasta después de las primeras elecciones autonómicas a las que se presentaba como candidata.

El líder socialista relata así la batalla interna durante aquellos primeros meses al frente del PSOE en 2014: «Yo sufría desaires de figuras socialistas con cierta frecuencia, y no solían ocurrir en el ámbito interno del partido», lamenta, haciendo referencia a «filtraciones» en los medios de comunicación sobre posibles rivales en las primarias siguientes, las que debían elegir al candidato a la Presidencia del Gobierno, así como a la intención de los barones de pedir su dimisión si había una debacle electoral en los comicios municipales y autonómicos de mayo de 2015. «Estaba claro que eran maniobras mediáticas destinadas a erosionarme, a minar mi confianza, pero también a dificultar que yo consolidara mi liderazgo al frente del PSOE», concluye.

Entre esos desplantes incluye la ausencia de Susana Díaz en cónclaves del partido importantes para Sánchez, que no le consultara la decisión de adelantar las elecciones andaluzas y que rechazara su ofrecimiento de mediar con Pablo Iglesias para ayudarla a conseguir el apoyo de Podemos a su investidura en Andalucía. «Ella prefirió hablarlo personalmente con él», desvela.

«Hubo numerosos desplantes, en público y en privado, destinados a mí, pero que hacían un daño enorme al partido. Hasta tal punto fue así que el propio Felipe González hubo de intervenir. Yo no se lo pedí, pero se lo agradecí mucho. Fue allá por abril de 2015, cuando salió diciendo: ‘Yo no voté a este secretario general en las primarias. Pero ganó y es mi secretario general’. Tiene todo mi apoyo y debería tener el de todo el partido», rememora Sánchez.

Según su relato, González «intervino para llamar la atención a quienes debilitaban al partido». «Felipe vino a poner orden y yo se lo agradecí». «Como organización, no capitalizábamos los éxitos del secretario general, sino que tirábamos por tierra nuestro propio trabajo, además de someter a la militancia aun gran estrés. Eso fue lo que Felipe González quiso subrayar: nos estamos disparando en el pie», explica en su libro, antes de reconocer que «seguro que yo también cometí errores en aquel año tan difícil de 2015, probablemente debí abordar esa división mucho antes y tejer alianzas fuertes».

El presidente del Gobierno envía otro dardo envenenado a Díaz al contrastar su actitud con la responsabilidad y lealtad demostrada por sus antecesores, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, hacia el PSOE. «En medio de tantos obstáculos hubo un gesto que agradecí muchísimo, el de Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Cuando tuvieron que asumir responsabilidades políticas, lo hicieron. Fue suya la iniciativa, y no tuve que decirles nada. Simplemente me llamaron, me dijeron que renunciaban al acta y lo hicieron, como dos señores. No han vuelto a hacer declaraciones, han protegido al partido y han tratado de mantenerlo al margen, incluso sabiendo, como sabemos todos, que ellos no han obtenido ningún lucro personal en todo el tema de los ERE. pero son dos personas muy conscientes de su figura, de lo que representan en el socialismo andaluz, y cumplieron nuestro código ético escrupulosamente: cuando a alguien se le abre juicio oral debe dimitir. Lo hicieron y asumieron su responsabilidad sin ruido», relata.

Sánchez se equivoca al situar la dimisión de ambos en el inicio del juicio oral, ya que los ex presidentes abandonaron sus escaños al ser imputados, antes de lo que marca el código electoral del PSOE, y después de que Susana Díaz anunciara que así lo harían para lograr el respaldo de Ciudadanos a su investidura. «Pepe, Susana nos ha matado, es como si nos hubiese clavado un puñal», reprochó entonces Chaves a Griñán en una conversación telefónica, según desveló el periodista Manuel Pérez Alcázar en su libro ‘Delfines y Tiburones, la lucha por el poder en el PSOE’. Desde entonces, Albert Rivera siempre ha presumido de haberse cobrado las cabezas de los dos ex presidentes de la Junta de Andalucía como medida de regeneración democrática en Andalucía.