Un día antes de sufrir la parada cardiorespiratoria, Julio Anguita nos llamaba a la dirección del Partido Comunista de España (PCE) para apretarnos y achucharnos. Nos planteó la necesidad de organizar una ofensiva, con el fin de defender las propuestas que había que tomar desde el Gobierno para una salida social de la crisis y combatir a la extrema derecha, que cada vez muestra una cara más agresiva contra la presencia de comunistas en el Gobierno.

Nos repitió una vez más que sin organización no se puede ganar esta batalla, en la que tenemos frente a nosotros a fuerzas muy poderosas. No podía suponer que esa sería su última aportación, la de sumar a su conocido «programa, programa, programa» la insistencia en «organizarse, organizarse, organizarse».

En el momento de conocer la triste noticia de que Julio no había superado esta crisis el sentimiento era de vacío, de orfandad, de rabia, si bien el vacío pronto se empezó a llenar

En el momento de conocer la triste noticia de que Julio no había superado esta crisis el sentimiento era de dolor, de tremendo dolor, pero sobre todo era de vacío, de orfandad, de rabia, si bien pronto el vacío se empezó a llenar. Nos llegaban mensajes de pésame desde todo el planeta, de jefes de Gobierno, dirigentes políticos y sindicales. Pero, sobre todo, eran mensajes de personas anónimas, de camaradas, quienes nos demostraban que la vida de Julio no había sido inútil.

Se nos ha marchado la persona: ya no podremos volver a tomar un vino en la Plaza de la Corredera, o jugar una partida de dominó con Julio, aunque siempre podremos compartir con él la lectura de un libro o el estudio de un documento en el que se trate de plantear cómo responder a esta crisis desde posiciones de izquierdas.

Julio Anguita nunca dejó de ser un Maestro. Convertía cada acto en una clase porque siempre nos decía que con sus discursos no buscaba ganar votos, sino movilizar conciencias.

Cuando recorría los barrios de Córdoba con una pizarra para explicar los Presupuestos del Ayuntamiento de Córdoba y demostrar así que para entender de economía política no había que ser académico.

Cuando nos explicó que la izquierda no cabía en un solo partido por lo que teníamos que construir una gran alianza de fuerzas de izquierdas, en proceso de elaboración colectiva que dio lugar primero a Convocatoria por Andalucía y luego a Izquierda Unida en todo el Estado.

El Maestro Julio Anguita salía a relucir en cada intervención parlamentaria cuando frente a los ataques del adversario ponía razonamientos, o cuando nos planteaba que la militancia no estaba tanto en los símbolos como en los argumentos, que solo ganando la batalla de las ideas se podía cambiar el mundo.

Lo que nos deja no son sólo vivencias y luchas compartidas, sino que son fundamentalmente enseñanzas, testimonios de cómo hacer de la coherencia ideológica, de la firmeza en la defensa de la propuesta, de la pasión por la unidad construida desde la renuncia al personalismo. 

Sus años de alcalde dieron como fruto una Córdoba nueva que más de 30 años después de dejar la Alcaldía lo recuerda y hoy le llora. Sus años de lucha contra la corrupción económica y política, contra los crímenes de Estado y los señores X nos dejaron otra forma de hacer política en la que no tenía cabida el acuerdo basado solamente en el reparto de sillones.

El mejor homenaje que se puede hacer ahora al Maestro Anguita, al camarada Julio, es seguir la lucha y seguir difundiendo sus ideas

Y sus años de trabajo como militante de base, impulsando todo tipo de plataformas unitarias, mesas de convergencia, frentes cívicos como el Colectivo Prometeo o La Disyuntiva. Fue el último proyecto que compartíamos tratando de situar a la clase obrera, a las capas populares, ante la disyuntiva de contemplar pasivamente cómo el sistema capitalista más depredador, militarista, antisocial de la Historia destruye el planeta, o bien organizarse y rebelarse para construir la alternativa de una sociedad más justa, más libre y más igualitaria.

Por todo esto, cuando leemos los mensajes de apoyo, que nos llegan desde América Latina hasta la República Popular China, desde Berlín hasta la República Sudafricana, cuando en Córdoba sus paisanos salen a la calle a darle su adiós, desde la distancia que obligan las actuales circunstancias, no podemos hacer otra cosa que ser conscientes de que el mejor homenaje que se puede hacer al Maestro Anguita, al camarada Julio, es seguir la lucha y seguir difundiendo sus ideas.

Hemos de mantener aquello que cuando caía el Muro de Berlín y algunos corrían a esconder su pasado de militante en el PCE y cambiarse de Partido: «Sí, soy comunista, bueno, ¿y qué?» Y añadimos: «Y lo soy porque no hay otro ideal por el que merezca la pena luchar». 

Por eso, en este momento no se puede terminar cualquier recuerdo de Julio Anguita sin decir «Julio Vive, la Lucha Sigue», porque hoy somos miles quienes nos sentimos Julio Anguita.


José Luis Centella es presidente del Partido Comunista de España (PCE).