Series y Televisión

La audiencia de 'La Isla de las Tentaciones' penaliza más la infidelidad femenina que la masculina

Una investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad de Valladolid (UVA) demuestra que nueve de cada diez comentarios en los perfiles de Instagram no distinguen entre realidad y ficción

Marina, concursante de 'La Isla de las Tentaciones'.

Marina, concursante de 'La Isla de las Tentaciones'. MEDIASET

Nueve de cada diez comentarios en los perfiles de Instagram de los concursantes de la primera edición de La Isla de las Tentaciones no distinguen entre realidad y ficción, según una investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universidad de Valladolid (UVA).

El estudio, publicado en Sustainability, demuestra que la mayoría de los seguidores del programa que escriben sus comentarios en las publicaciones asumen que lo que están viendo es totalmente real y que se corresponde con la vida de los participantes.

«Mientras que películas y series se ven sin problema como actuaciones y montajes, en La Isla de las Tentaciones los espectadores confunden realidad y ficción y llegan a creer que todo lo que allí sucede es ‘real'», explica Alba Torrego, investigadora del Departamento de Estudios Educativos de la UCM.

Esa confusión generada, sumada a la desmesurada implicación de la audiencia en redes sociales tiene consecuencias. «Del linchamiento virtual a los personajes, se pasa al acoso real a las personas en las situaciones de su vida diaria. Las audiencias buscan evadirse de su realidad y utilizan las redes como vehículos de desahogo emocional», añade Alfonso Gutiérrez, Catedrático y profesor de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación en la UVA.

Además de por sus datos de audiencia -ha sido el programa no deportivo más visto en los 14 años de historia del canal de televisión Cuatro, con noches del 30% de share-, los investigadores escogieron este programa por su posible «repercusión en la educación afectivo-sexual» de los espectadores.

Infidelidad femenina, más penalizada que la masculina

Para llevar a cabo el estudio, de entre todas las publicaciones de cada perfil de los diez participantes de la primera edición, los investigadores escogieron las que todos hicieron con motivo de la emisión del capítulo final del programa entre las fechas del 11 y el 14 de febrero de 2020. En la imagen o en el texto hacen referencia a esa emisión y, en algunas ocasiones, invitan a los usuarios a dar su opinión.

Los más de ocho mil comentarios extraídos se dividieron en tres grupos. El primero recoge las opiniones que dan por supuesto o hacen alguna mención al programa de televisión como tal, como «constructo» -producto televisivo con guion y edición-, y comentan características, éxito, puesta en escena o actuaciones. Menos del 1% de los comentarios se engloban aquí.

El grupo más voluminoso de opiniones (93%) demuestra cierta confusión al dirigirse directamente a los personajes televisivos como lo harían a las personas concursantes. Entre estos comentarios se distinguieron entre positivos, habitualmente dirigidos a las personas que no cometían infidelidades, como «eres la mejor de todas»; y negativos, sobre todo hacia aquellos concursantes que tuvieron algún desliz, como «tienes más cara…. asquerosa».

Educación mediática crítica

«Se reproducen patrones machistas y, como hemos podido comprobar en los comentarios vertidos en las cuentas de Instagram de los participantes del concurso, se penaliza más la infidelidad femenina que la masculina», destaca Torrego.

La escasez en Instagram de comentarios críticos sobre La Isla de las Tentaciones como «constructo», y la aparente incapacidad de diferenciar entre la realidad televisada y la ficción televisiva muestra la necesidad de una educación mediática crítica que desarrolle la capacidad de análisis de la ciudadanía.

«En la era del espectáculo, de la posverdad, de las fake news y los clickbaits no abogamos por la censura ni por modelos proteccionistas, sino por la educación mediática. No se trata de apagar la televisión o prohibir el acceso a Internet, sino de encender el espíritu crítico de los consumidores de información y convertirles también en productores responsables», concluyen los autores.

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