Series y Televisión ENTREVISTA | ALONSO CAPARRÓS

"Delante de la cámara nunca estuve colocado, pero un adicto nunca es eficaz al 100%"

Alonso Caparrós, que presenta el libro 'Un trozo de cielo azul', posa para El Independiente en la Gran Vía de Madrid

Alonso Caparrós, que presenta el libro 'Un trozo de cielo azul', posa para El Independiente en la Gran Vía de Madrid Ignacio Encabo

Un cuarto de siglo secuestrado por la cocaína, el alcohol y una impetuosa necesidad de satisfacer fantasías sexuales en prostíbulos. Veinticinco años luchando contra su peor enemigo -él mismo- y demasiado tiempo ahogado en peleas familiares, deudas y culpa hasta encontrar su «luz» y vislumbrar «un trozo de cielo azul» entre tanto escombro. De cómo lo perdió todo excepto la esperanza y de esta maratón vital trata el nuevo libro de Alonso Caparrós (50).

Un trozo de cielo azul es una introspección cruda, emotiva y honesta en la que el actual colaborador de Sálvame se desnuda ante el lector y llora en sus rodillas como «tantas veces» hizo en las de su mujer, cuando «la sombra» de la adicción y la muerte se cruzaban a escondidas en sus intentos por trazar un camino hacia la felicidad. Ahora lo presenta a El Independiente sonriendo, emocionado y sin complejos, «satisfecho», «en paz» y «con todos los perdones resueltos».

PREGUNTA.- ¿Por qué esta reflexión (incluso confesión) llega ahora y en forma de libro?

RESPUESTA.- Porque hasta ahora no me creía capaz. Pero ha llegado el momento. Este libro es el fruto de todo un proceso de recuperación y cuando llegó ese momento y se juntaron el resto de circunstancias como el trabajo, la estabilidad con mi familia y con mi mujer supe que era el momento de escribirlo para cerrar capítulos y que fuera útil. Creo que todo libro lleva un poquito el fin de ayudar consciente o inconscientemente. Este lo lleva de forma consciente, pero en su justa medida. Cada uno lleva su propio camino y este es el mío, no pretendo marcar el recorrido que se debe hacer con los especialistas, sólo es mi camino y espero que sea útil.

P.- ¿Por qué ha decidido narrar los episodios de forma tan explícita?

R.- Porque es necesario y porque el tema principal es la esperanza y el mensaje no se podría entender bien si no explicaba el tránsito de oscuridad que fueron esos 25 años, donde no siempre hubo ese trozo de cielo azul.

P.- En el libro no se relata sólo la historia de una adicción, parece que por encima de eso hay un proceso de autoconocimiento en el que conecta con la espiritualidad…

R.- Sí, ese es el verdadero camino. Hay unos pasos que debes seguir cuando tienes un problema de este tipo. El primero siempre es recurrir a los especialistas, pero luego cada uno tiene que emprender la búsqueda de su nuevo camino. El mío lo encontré a través de la espiritualidad, los viajes y los voluntariados… Ahí entré en contacto con otra cosa que fue lo que hizo clic en mi cabeza.

P.- Con 17 años esnifó su primera raya de cocaína y alguna vez ha contado que se enganchó casi automáticamente, ¿Cómo recuerda esa época?

R.- Bueno, automáticamente no, pero no tardé mucho y además de eso es que fue bastante contundente. Yo no empecé a consumir solo, éramos un entorno de amigos y a dos o a tres la adicción nos agarró con especial inquina. El recuerdo… Es que en realidad esto no tiene secreto, esto que yo he contado es, lamentablemente, una historia muy común. La historia de un chaval que con 17 años se topa con la droga en sus salidas no tiene nada de especial. La historia realmente es cómo durante 25 años me atrapa y está en mi vida y cómo es ese camino de la salvación.

P.- ¿Cree que pertenecer al mundo de la televisión le hizo un flaco favor en este sentido?

R.- Creo que el hecho de trabajar en televisión no, pero que mi éxito fuera tan fulgurante, tan rápido y tan contundente desde luego que sí. Eso sí que fue como cuando echas gasolina al fuego e hizo que mi adicción, que ya estaba presente, se propagara y se hiciera muchísimo más fuerte. Había dinero, fama, popularidad… Había demasiada facilidad para todo.

P.- Hace poco su ahora compañero de plató en Sálvame, Kiko Matamoros, confesaba que llevaba toda la vida enganchado a la cocaína… ¿No le resulta peligroso o no le da miedo tener tan cerca la tentación?

R.- Es importante saber situar el problema. No se puede decir que este problema está ubicado en la tele o en un barrio marginal, lamentablemente no es así. La droga te la puedes encontrar en cualquier sitio, en todas partes, pero parece que en la tele y el teatro siempre ha tenido más visibilidad. Pero no me resulta un problema tener ese mundo cerca, sino iría por la vida siempre con miedo. A estas alturas yo no me asusto de que pueda haber una raya de coca, de ver a alguien consumiendo o de que alguien haga esto. No es una tentación.

Cuando aparece la sombra, como yo la llamo en el libro, lo hace de otra manera. Eso es mucho más fácil de identificar, pero las trampas están en otro lado. La confianza, la seguridad, el dar por sentado que ya estás curado cuando la adicción es un problema para siempre…Cada uno tiene sus propias herramientas, por eso lo que diga o deje de decir Kiko, Miguel Bosé u otro es su problema y estoy a salvo de eso. De todas formas la droga ya no está en mi vida, la adicción está vigilada en un rincón pero yo no voy por la calle y veo y me tiento. Esto ha dejado de sucederme ya, a pesar de que es importante recalcar que eso siempre está ahí.

P.- ¿Un drogodependiente puede llegar recuperarse del todo?

R.- Como si no hubiese ocurrido no. Sí que puedes dejar de consumir, sí que puedes tener otra vida. Ahora, por ejemplo, detesto el alcohol, lo detesto y aunque me lo pongas y estuviese totalmente a salvo, no me gusta. Claro que se puede superar si se siguen los pasos correctos, especialistas… La adicción digamos que es un hábito. Yo creo que tenemos hábitos en muchas otras cosas que nos parecen inofensivas, pero que son mucho más peligrosas. En la manera de pensar, en la manera de entender las cosas o en la manera de entendernos a nosotros mismos. Los hábitos mentales con los que vivimos cada día son más peligrosos muchas veces que a lo mejor que un hecho concreto de consumo. Lo peor de la del consumo y de la drogadicción no es el hecho concreto de «hoy me he puesto u hoy me he colocado», sino las consecuencias, los días de después, el ver cómo eso te va apartando de todo lo que tienes….

P.- Hay muchas leyendas sobre su etapa televisiva cuando todavía consumía… ¿Le llegó a incapacitar o afectar la adicción a las drogas a la hora de hacer su trabajo como presentador?

Cuando presentaba Furor un día mi director, Fernando Navarrete, tuvo que atarme los pies a la silla

R.-Bueno, yo tenía una adicción pero nunca la he compartido con mi trabajo. Es decir, cuando yo consumía lo hacía en mis ratos libres. Eso no significa que no afectará al resto de mi vida, pero a la hora de ponerme delante de la cámara y hacer mi trabajo nunca he estado ni colocado, ni drogado, ni en una situación que no pudiera controlar. Pero eso no significa que la droga no estuviese afectando a toda mi vida. Una persona con una drogodependencia no es eficaz al cien por ciento. No eres eficaz, no eres persona en toda su su definición.

Es cierto que cuando yo hice Furor en la primera etapa en Antena 3, mi director, Fernando Navarrete, hubo un día que me me ató los pies a la silla. A ver, tampoco me los ató, me puso como una cinta aislante. Yo tenía mucha ansiedad, pero era una ansiedad que no sólo porque estaba hecho polvo. Era joven, acababa de entrar en Antena 3, estaba acojonado y yo soy muy nervioso.

Me pasa también con con los tics. Muchas veces recibo mensajes y gente que asocia eso con la drogadicción, ya sabes, comentarios con mala leche. Claro que eso te altera el sistema nervioso, pero esto yo lo padezco desde pequeño. Así que una de las cosas con las que más he sufrido es con la falta de información, la ignorancia y la crueldad de la sociedad. Parece que cuando una persona tiene un problema de estas características se ve como un ser egoísta, como un ser malvado. Eso está muy lejos de la realidad. Es una trampa mortal en la que tu mente te maneja a ti y eso es muy difícil de comprender.

P.- El otro día hablaba con Paz Padilla en plató sobre cómo afrontar la muerte. En un fragmento de la historia dice que durante una temporada pudo haber muerto cualquier día de su vida y estaba obsesionado con esa cuestión… ¿Ha superado ese temor?

¿Superado? No, no… Eso sólo lo supera el Dalai Lama. El miedo a la muerte es muy difícil de superar. Trascenderla es muy complicado. Otra cosa es no mirarla y no tener ni idea de lo que es, pero cuando la miras de frente sigues acojonado. Pero es importante mirarla. Cuando tú vas a ver a un enfermo que tiene cáncer o que tiene una enfermedad terminal, en realidad estás delante de tu propia mortalidad y eso a lo que te lleva es a darte cuenta de la fragilidad de la vida y de lo bonita que es. Porque cualquier día te vas, porque te atropella un coche, porque tienes una sobredosis o te pones enfermo y se acabó. Se nos pasa por alto muchas veces.

P.- En la lectura describe a su mujer, Angélica, casi como un ángel de la guarda… ¿Qué supuso conocerla en un momento tan difícil?

R.- Ella fue el principio de esa toma de contacto con mi camino. Su madre tenía Alzheimer desde hacía veinte años y su padre había muerto hacía unos años. Cuando yo vi a la devoción con la que cuidaba su madre, la devoción con la que cuidaba a su familia, su oficio tratando con niños con síndrome de Down… Ha estado toda su vida dedicada a los demás, pero le sale de una manera totalmente natural. Al margen de que sea mi mujer de la que estoy enamorado. Como ser humano es excepcional.

Lo que haga o diga Matamoros, Bosé u otro es su problema y yo ya estoy a salvo de eso

Ella supuso una luz. Una luz en mitad de una vida en la que a mi alrededor todo eran escombros y yo estaba intentando rescatar algo que me sirviera para empezar a construir. De repente aparece ella y todo se ilumina y a partir de ahí empieza toda mi salvación. No habré llorado yo las rodillas de mi mujer… Esto no me había pasado en la vida. Mira que he encontrado gente que me ha querido y ha tratado de ayudarme, pero ella tuvo un mensaje claro: «esto no puede estar en nuestras vidas». Y no me sonó a mandato ni a exigencia, me sonó a algo muy natural. Lo hizo con tanto amor, con tanta determinación y paciencia… Ahí empezó a cambiar todo.

P.- En el ámbito familiar… ¿Cree que de verdad está todo perdonado y olvidado?

R.- No lo creo, lo sé. Ayer mismo por la noche estuve hablando con mi padre. Hemos quedado ahora porque cumple mi madre 80 años. O sea, quiero decir, todo eso no es una sensación, es real. He recuperado a mi familia, nos hemos recuperado todos. Ahora estoy muy contento. Esto no podría haber salido adelante si no hubiese estado resuelto. No hubiese podido escribir sobre ellos si no hubiesen estado ya todos los perdones resueltos.

P.- ¿Cómo está ahora? ¿Qué implicó el volver a la televisión de manera diaria y de la mano de un formato tan seguido como Sálvame?

R.- Mediaset y Sálvame han sido muy importantes para mí, han sido vitales. Telecinco es la única cadena en la que hubiese podido hacer lo que hice. Es decir, yo creo que en ninguna otra cadena se hubiese atrevido a que una persona se sentase a contar ese drama y luego tener ese enfrentamiento familiar en directo. Y a mí eso me sirvió de mucho. El poder expresarlo y el poder contarlo. Primero me liberó y luego descubrí que había muchísima gente que me comprendía y que me apoyaba. Eso fue muy importante. Sálvame ahora me da estabilidad, tengo un trabajo continuado. Estoy muy contento, me va muy bien, estoy muy satisfecho, acabo de escribir un libro y tengo a mi familia armonizada. Eso lo es todo.

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