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Porfirio, el cura que se encerró con los enfermos en el hospital de Alcorcón

Este sacerdote, catedrático de Ética Periodística en la Universidad Complutense, lleva toda la pandemia en el hospital de Alcorcón ayudando a enfermos y consolando familiares: "No he visto nada igual en mi vida"

Porfirio Barroso, en la puerta del Hospital Fundación de Alcorcón

Porfirio Barroso, en la puerta del Hospital Fundación de Alcorcón Ignacio Encabo

Porfirio Barroso recibió una llamada en su teléfono a principios de marzo. Era el capellán del Hospital Fundación Alcorcón, Miguel Ángel Ubillus , que se tenía que ir a su Perú natal por un tema familiar.

  • ¿Me puedes sustituir unos días que tengo que viajar a Perú?
  • Hombre, claro, por supuesto

«Y nos cogió la pandemia», recuerda Porfirio en una entrevista con El Independiente. «En los días gordos esto era muy duro. No he visto nada igual en mi vida. Durante la alta pandemia habría este hospital casi 1.000 camas, cuando normalmente tiene 400 camas», añade a pocos días de cumplir 51 años como capellán. «Empecé el 2 de julio de 1969 en Puerta de Hierro», dice orgulloso.

Porfirio Barroso, catedrático de Ética en la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense, asegura que jamás se habría imaginado una pandemia como la del coronavirus. En su servicio a Dios y a los demás, se encerró en el Hospital Fundación de Alcorcón durante tres meses para ayudar a los enfermos y consolar, por teléfono, a los familiares. Salía únicamente para ducharse en el Convento de San Pedro Mártir, en Sanchinarro, y volver. «Capellán 24 horas, por el día y por la noche, pero como los médicos y los enfermeros».

Un cuaderno con todos los sacramentos

Es mi oficio y mi vocación y estoy encantado», repite varias veces Porfirio, que ha anotado en un cuaderno el día y la hora de todos los sacramentos que ha dado en los últimos meses. «Son muchísimos», dice. Algunos incluso desde la distancia.

Que muera una persona joven y que su familia no le pueda despedir te quita el sueño»

Hubo una vez, por ejemplo, que tenía que rezar las oraciones post-mortem a un señor cuyo cuerpo estaba ya en el depósito de las cámaras frigoríficas. Lógicamente, en el hospital le dijeron que no podía entrar, pero los familiares le pidieron por favor que rezara. «Me acerqué todo lo que pude a la sala y recé desde fuera. Me lo agradecieron mucho y, al final, Dios lo ve todo y para él la distancia no existe».

Porfirio, que ha sido misionero en Taiwán, dice que ha visto escenas horribles estas últimas semanas, pero no quiere entrar en detalle. «Uno es muy sensible y que muera una persona joven y que su familia no le pueda despedir te quita el sueño. Yo soy muy sensible y me afecta mucho todo».

«Esto pasa porque hemos abandonado a Dios»

Porfirio está convencido de que la pandemia va a acercar a mucha gente a la religión y a Dios. «Todo esto pasa porque los hombres han abandonado un poco a Dios y solamente se acercan a él espontáneamente. Todo esto no terminará hasta que los hombres vuelvan un poco a Dios», afirma.

«La gente tiene que volver a Dios. Dios es todopoderoso y omnipotente. Desde ahora en adelante la gente, va a ser más practicante. La frase dichosa que es un poco vulgar. Uno se acuerda de Santa Bárbara cuando truena… Pues ahora está tronando muy fuerte, esto es terrible», añade antes de despedirse con una bendición Urbi et Orbi para el equipo de El Independiente. «Esta pandemia es la primera vez que ocurre. Y dios quiera que sea la última…»

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