Sociedad

¿Está el sistema educativo preparado para la formación online?

"Si pensamos que educación online es poner a los niños delante de una pantalla las horas correspondientes a las clases, vamos mal", afirma Guillermo Bautista, investigador del departamento de Educación y e-Learning de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

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¿Está el sistema educativo preparado para la formación online?

Dos niños estudian con unas tablets. EUROPA PRESS

Resumen:

En marzo de 2020, todos los centros educativos de España cerraron sus puertas en una situación sin precedentes surgida de la pandemia de coronavirus. Los docentes tuvieron que adaptarse y aprovechar las nuevas tecnologías, en muchos casos con limitaciones, para que la educación no se interrumpiese totalmente.

Así fueron los últimos tres meses de curso y el aumento de contagios en casi todo el país ha provocado que septiembre arranque con una situación parecida que obliga a arrancar con semipresencialidad en algunos ciclos y la sombra de los posibles confinamientos y cuarentenas. «Los docentes nos sentimos algo más preparados por lo que aprendimos con la experiencia del curso pasado, pero no por la labor de las Administraciones», critica Mario Gutiérrez, presidente del área de Educación del sindicato CSIF.

En línea con Gutiérrez se manifiesta José María Ruiz, secretario de Educación Pública no Universitaria de CCOO. «Con la educación digital como en el resto de temas relacionados con la vuelta al cole, se ha dejado todo para el final», lamenta y asegura que algunas comunidades autónomas les han trasladado en los últimos días problemas incluso para adquirir ordenadores por la alta demanda para el inicio del curso escolar.

Con los 2.000 millones anunciados por el Gobierno para reforzar la educación tras la crisis del coronavirus, las Consejerías de Educación han anunciado sus planes de contratación de profesores, compra de materiales, ordenadores y en algunos casos – como ha anunciado la Comunidad de Madrid – de cámaras para retransmitir las clases en directo.

Recursos necesarios que, sin embargo, son insuficientes a juicio de Gutiérrez: «Se ha hecho un plan para eliminar la brecha digital con la compra de ordenadores pero no sabemos qué se va a hacer con las plataformas educativas. En marzo colapsaron y ahora están deprisa y corriendo reforzándolas, pero no sabemos si va a funcionar». Esas plataformas sirven para que los profesores, alumnos y padres estén en contacto, se cuelguen materiales o se desarrollen clases. «Avisamos en abril cuando había tiempo, para que se formase al profesorado, pero no se han puesto en marcha planes».

CSIF asegura que han tenido que multiplicar por cinco el volumen de los cursos que ha puesto en marcha pero que ellos llegan a donde pueden y es «tarea de las administraciones». Una formación que tanto él como Ruiz consideran fundamental para que la formación online «sea eficaz y con garantías».

La formación para el profesorado, 110 millones menos que en 2010

En cuanto a la formación del profesorado, el reto surgido del coronavirus ha llegado a una Educación dañada aún por la anterior crisis. «En el curso 2009-10 se invirtieron en formación del profesorado 269,8 millones de euros. En el curso 2018-19, el último del que tenemos datos, la inversión fue de 159. Teniendo en cuenta el número de profesores, harían falta 136 millones para recuperar las cifras», apunta el representante de CCOO.

Los sindicatos señalan que en los centros públicos no se han puesto en marcha planes de formación y que la falta de inversión de los últimos años han provocado un déficit que ahora pagará el sistema educativo. «Es fácil y da buena imagen de cara a la galería anunciar la compra de los ordenadores, pero si los profesores no conocen las herramientas necesarias no servirá», denuncia Gutiérrez.

Ruiz pone la lupa en otro agente necesario para que esto funcione: las familias. «Hay que formar a las familias. Igual que se hacen jornadas de puertas abiertas o escuelas de padres, se puede hacer. Porque si al otro lado de la pantalla, en su casa, padres e hijo no saben usar la plataforma, no vale para nada. No todas las familias tienen las destrezas necesarias y aquí tampoco se ha hecho nada», afirma.

Otro de los asuntos que preocupa a Ruiz es el de ideas que se han lanzado sin concretar, como la de las clases por streaming anunciadas sin concretar en la Comunidad de Madrid: «Tenemos las cámaras pero los centros están preocupados por muchas otras razones. Si habrá ancho de banda, qué pasará con sus imágenes, con la protección de datos… No hay instrucciones y está a punto de empezar el curso». CCOO ha pedido ya al Ministerio de Educación una ley que regule la teledocencia.

Más allá de las tablets, un cambio de concepto

Más allá de las herramientas, el investigador del departamento de Educación y e-Learning de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), Guillermo Bautista, cree que es necesario abordar un cambio de concepto más profundo: «Si pensamos que educación online es poner a los niños delante de una pantalla las horas correspondientes a las clases, vamos mal».

El experto cree que uno de los errores de los últimos meses ha sido tratar de replicar lo que sucedía en el aula a través de las pantallas. «No se puede dar la misma clase en el aula que delante de una pantalla. Es mucho más que un cambio de espacio, es necesario pensar de otra manera. Los niños y los adultos ya aprendemos online, en youtube o plataformas, lo que necesitan es alguien que les supervise, les guíe, les haga propuestas», explica el investigador.

Bautista cree que más que estar sentados delante de una pantalla todo el horario lectivo escuchando al profesor, se podrían hacer «clases más cortas con la mitad del grupo y luego con el otro, por ejemplo». Para conseguirlo, el investigador ve necesarios los recursos y la formación, pero también una «sensibilidad y un compromiso del profesorado para cambiar».

Respecto a las familias, el profesor de la UOC cree que la brecha que se puede dar puede ser similar a la que se produce con la educación presencial, pero que la situación exige «estar más vigilantes y poner estrategias compensatorias, no solo en cuestiones de tecnología [como la compra de tablets u ordenadores] como de atención que reciben los alumnos».

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