Sin compartir, sin balones en el patio, sin abrazos en la puerta después del verano más largo. La vuelta al cole nos ha dejado imágenes inconcebibles hace seis meses. Los niños españoles han vuelto esta semana a unos colegios que se van llenando poco a poco, escalonadamente, y en cuyos pasillos huele a gel hidroalcohólico. Las sonrisas hay que imaginarlas. En algunos ya han cerrado las primeras aulas, como la de 4º de la E.S.O del colegio Santa María de los Rosales, confinada durante 14 días por el positivo de una de las compañeras de la princesa Leonor, heredera del trono de España y alumna de la escuela.

La ministra de Educación, Isabel Celaá, hablaba este jueves de incidencias en más de medio centenar de colegios. España cuenta unos 28.000 centros educativos no universitarios donde estudian más de ocho millones de niños. La pandemia de coronavirus cerró las aulas en marzo y las ha abierto este septiembre bajo unas medidas de prevención que en la mayoría de las comunidades autónomas se han concretado apenas unos días antes del comienzo del curso.

La sensación tras estos primeros días es muy variada. “Muy positiva” a juicio de la ministra y “caótica” para los sindicatos. Nadie pone pegas al comportamiento de los niños, sin embargo, que han mostrado una responsabilidad por encima de las expectativas. “Estamos rompiendo con unos esquemas establecidos desde que nacieron. Llevan toda su corta vida escuchando que hay que compartir y ahora les decimos que no, que cada uno debe utilizar su propio material, deben de pensar que los adultos nos hemos vuelto locos”, dice Ana Martínez, directora del colegio Los Robles en Aravaca (Madrid).

En este centro, donde estudian alumnos entre los dos y los 18 años, la mayor dificultad para los adolescentes en estos primeros días es, para su directora, la de “no tocarse”. “El reto es guardar la distancia, los adolescentes están acostumbrados a charlar, interaccionar, tocarse… hay que estar pendiente de ellos”.

Un ajedrez, una oca, una rayuela y otros juegos clásicos pintados sobre el pavimento sustituyen en Los Robles al fútbol o el baloncesto, prohibidos de momento en los recreos. Los niños se agrupan en burbujas, ajenos a los meses de trabajo en que los maestros han estudiado la forma de adaptarse a este curso cuya evolución sigue siendo una incógnita.

Elena Benito, directora en España del grupo privado de colegios Inspired, afirma que sus centros comenzaron a pensar en este septiembre ya desde marzo. “Formamos parte de un grupo internacional con cinco colegios en Vietnam, el primer país que cerró sus aulas y siempre hemos contado con esa visión internacional. En abril ya teníamos un posible plan de reapertura, que hemos ido adaptando a la normativa de las Administraciones”.

Ratios de 20 alumnos y grupos burbuja

Abrir los colegios ha sido todo un reto para los centros, donde las principales dificultades han sido la disminución del número máximo de alumnos por clase (a 20 por debajo de 3º ESO, cinco por debajo de lo habitual) y el establecimiento de grupos burbuja de convivencia estable que no deben mezclarse con los demás en ningún momento de la jornada.

La necesidad de separar a los pequeños en clases más pequeñas requiere de más profesores y más espacios que, según los sindicatos, no se han cubierto. «Para tener los 20 alumnos por aula que ha recomendado Sanidad, hemos calculado que se necesitan 70.700 profesores pero las comunidades autónomas sólo van a contratar 30.000. Así no salen las cuentas», denunciaba en este periódico esta semana el secretario de Enseñanza de CCOO, Francisco García.

Ese ha sido uno de los motivos de retraso en el inicio de clases en algunos centros educativos de forma puntual o incluso del general en comunidades autónomas como Galicia, donde este mismo viernes confirmaban el aplazamiento de una semana en el arranque de secundaria, bachillerato y FP. «Esto es una muestra más de la improvisación en Educación, este septiembre igual que en marzo lo han vuelto a dejar todo en manos de los docentes, con continuos cambios en los protocolos», denuncia Mario Gutiérrez, presidente de Educación en CSIF.

Incidencias en ascenso de la transmisión

Con una transmisión comunitaria en ascenso en casi todas las comunidades autónomas, vivimos dos semanas cruciales para ver la evolución de la epidemia. Madrid, Cataluña, Castilla León, Andalucía o País Vasco han cerrado ya algunas aulas ante casos sospechosos.

Como informa Mikel Segovia, en el País Vasco son media docena los centros donde han trascendido incidencias significativas hasta el momento. El curso se inició con el cierre del colegio Bentades de la localidad vizcaína de Mungia -a excepción del aula de 0 a 2 años- que cuenta con 750 alumnos, tras detectarse tres positivos entre el profesorado. También los docentes fueron los responsables del cierre en Zaldibar de su colegio de enseñanza Infantil y Primaria. Otros centros en Sondika, Amezketa, Vitoria o Bilbao han tenido que cerrar las clases esta primera semana.

En Cataluña y a falta del inicio de curso el próximo lunes, una guardería ha sido ya cerrada en Igualada y otro colegio en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) que empezará el curso dos días más tarde porque su dirección está confinada. Allí, como informa Iva Anguera de Sojo, Salud y Educación han elaborado un Plan Centinela que seguirá a 50 colegios para controlar la evolución del virus en el entorno escolar y poder prever nuevas medidas. Este proyecto, enmarcado en una estrategia de control de la escuela que incluye el cribaje a 500.000 personas del entorno educativo, pretende evitar los cierres masivos de escuelas y otros servicios educativos, aunque la Generalitat da por descontados los confinamientos de grupos.

Los retos para este curso: la gestión de casos

Para Jaime Úbeda, director del colegio privado San Patricio en La Moraleja (Madrid), esta semana lo primero ha sido acostumbrarse a mirarse a través de las mascarillas. «Ha desaparecido la expresión y para nosotros los profesores esto es muy importante. Ahora necesitamos más que nunca que los alumnos nos hablen y también saber mirarles más sólo a través de los ojos».

El director de este centro cree que el mayor reto este curso «es que los alumnos no se sientan la generación COVID. Que no tengan la sensación de haber perdido unos meses…. Y para los profesores la motivación, pues el entorno ha cambiado y hay que hacer las cosas de otra manera. Pero creo que estamos preparados para ello».

Este curso exigirá también estar preparados para unas enfermedades que llegarán y no siempre serán COVID-19, pero al principio al menos muchas lo parecerán. Para ello, el papel de los coordinadores COVID-19 (una de las medidas obligatorias impuestas por Educación), enlaces entre Salud Pública y el centro educativo y encargados del tratamiento de casos sospechosos. «Mi papel será vigilar que se cumplen las medidas higiénico sanitarias y estar en contacto directo con las familias y el centro de salud, además del contacto directo con las autoridades sanitarias», explica Pablo Santana, coordinador COVID-19 en el colegio Los Robles.

«El mayor reto este año será probablemente la gestión de los casos que irán apareciendo de forma constante. Los contagios están en la calle y se van a producir, con la dificultad que puedan suponer para las familias, con las que habrá que manejar la ansiedad», apunta Benito.

De momento son ellos, los padres, quiénes más preocupación están mostrando, por encima de los alumnos. Así lo cree Miguel Ángel Domínguez, profesor en la escuela infantil King´s College en Madrid. «Para nosotros lo más complejo como padres es no poder entrar en el centro, y al no ver surgen los miedos. Por eso hemos potenciado las herramientas online, les mandamos imágenes para que vean cómo se lleva a cabo el día a día y eso les ayude a su bienestar emocional».

Lo que creen en general los profesores consultados es que los contagios se darán y que lo más importante es la responsabilidad conjunta para la gestión de casos. «Los niños son inteligentes y van a convivir con la nueva normalidad y cumpliendo las normas, porque tienen muy claro que están en juego muchas cosas importantes, sin duda, su propia salud y la de sus seres queridos», afirma la directora de Los Robles.

«Afortunadamente los niños tienen mucha más capacidad de adaptación. Su horizonte temporal de las cosas más pequeño que los adultos y lo que se hace durante dos días, se convierte en su normalidad», concluye la directora del grupo Inspired.