Educación | Salud | Sociedad

Dos semanas cruciales: la vuelta al cole pone a prueba el control de la epidemia

El último informe de Sanidad recoge que 11.500 niños fueron diagnosticados de COVID-19 en dos semanas, lo que equivaldría a aislar a unas 200.000 personas en los próximos 14 días entre niños y maestros, además de sus familiares.

EFE/ Juan Herrero

El Instituto de Salud Carlos III recoge cada semana los datos de contagios clasificados por edades. El último, con datos de la última quincena de agosto, recoge un total de 11.501 casos diagnosticados en niños menores de 14 años. Unos números que, en términos de la vuelta al cole y teniendo en cuenta que los ratios de clase oscilan entre los 15 y los 20 alumnos, equivaldrían a poner en cuarentena a unas 200.000 personas, pues en muchas comunidades autónomas se ha establecido que ante un positivo toda la clase se vaya a su casa en aislamiento, en otras sería sólo una parte del alumnado.

«El escenario de las próximas dos semanas es una incógnita, porque si aún existe una gran incertidumbre sobre el comportamiento del virus en adultos, en niños es aún mayor, con muchos estudios que ofrecen datos contradictorios», reconoce Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP).

También lo advertía este lunes el portavoz de Sanidad para el coronavirus, Fernando Simón, quién afirmaba que el impacto de la vuelta al cole no se sabrá hasta «el final de la semana que viene o la otra» y planteaba distintas posibilidades, desde que el mayor impacto se lo llevaran las comunidades autónomas que tienen menos transmisión comunitaria en la actualidad «por la vuelta de los alumnos que han estado de vacaciones en sitios con mayor impacto» a que las que tienen más transmisión «la vuelta al cole suponga un mayor foco de amplificación del virus». Además, Simón reconocía el gran reto que supone encima «porque 28.000 centros educativos son muchos centros».

Se plantea imposible vaticinar el impacto de la vuelta al cole aunque la experiencia en otros países donde ya se han reabierto las aulas – desde Reino Unido a Alemania, Italia o China – «la experiencia anima a ser optimistas. El impacto ha sido menor en general, y las pocas experiencias en España, con guarderías privadas o algunas colonias infantiles, nos dicen que la transmisión no es muy elevada», explica Cenarro.

La pediatra se refiere a un estudio realizado por el Hospital Sant Joan de Deu en las colonias infantiles de Barcelona, que analizó el contagio en unos campamentos infantiles durante seis semanas en verano y halló que la tasa de reproducción del virus era de 0,3, seis veces más baja que la registrada entre adultos en el mismo momento y área geográfica.

El foco, en los abuelos

Sin embargo, no es el mismo entorno (en los campamentos hay más actividad al aire libre) ni el mismo volumen de niños, algo que hace que pediatras como Alfonso Delgado, catedrático y miembro del grupo HM Hospitales, pongan el foco en la relación de estos niños con los mayores. «Los niños pueden contagiarse pero la gran mayoría de los casos son leves y pasarán la enfermedad de forma benigna. Ahora donde hay que poner el foco, porque la posibilidad de contagios es alta, es en que no lo transmitan a los mayores, especialmente los vulnerables. Habrá que evitar dar besos y abrazos a los abuelos y otros familiares, mejor hablar por teléfono».

Porque ese impacto, si el contagio se produce de niños a personas de riesgo, sí podría tener un efecto en otros indicadores clave, como la capacidad hospitalaria o la mortalidad. Y esa es una de las cuestiones que más preocupan a los padres y madres que en estos días de vuelta al cole están dejando a sus hijos con una gran incertidumbre y se debaten entre la educación de sus hijos y la salud de sus familiares. «Compartimos con los padres todos sus miedos, porque son los nuestros, pero es necesario abrir los colegios, España es uno de los países de Europa en hacerlo más tarde y ese retraso puede repercutir en la educación, especialmente de los niños en situación de vulnerabilidad económica. Por eso es importante que todos hagamos un esfuerzo en el cumplimiento de las medidas», apunta Cenarro.

Delgado denuncia el tiempo perdido en no haber llegado a la apertura de colegios con índices de contagio menores pero también ve indispensable la vuelta al cole: «No queda otra opción que ir adaptándonos sobre la marcha porque la situación es la que es. El problema es no haberla controlado antes».

Cenarro es pediatra en Aragón, una de las regiones que ha sufrido un mayor pico de contagios en la segunda ola, y asegura que los casos que han visto en esta oleada en niños son en su gran mayoría detectados en el contexto de brotes familiares. «No he visto ningún niño que fuera el paciente cero de un brote y la gran mayoría se han detectado en estudio de contactos, porque o bien no tenían síntomas o estos fueron muy leves».

Esta sintomatología más habitual en los niños (sin síntomas o «un proceso febril bajo y durante poco tiempo, algo de cefalea, dolores musculares o diarrea»), sí que será uno de los mayores retos para este invierno. «El COVID-19 es indistinguible de la mayoría de procesos víricos catarrales y eso sí que va a ser un gran desafío, en ese sentido necesitamos desde Atención Primaria un mayor refuerzo para los pediatras, porque la carga va a ser tremenda». reinvindica Cenarro, que como consejo plantea «ver la fiebre como un posible síntoma de alarma y vigilar la tos o la diarrea, pero no hay una sola cosa que distinga al COVID-19 y por tanto habrá que consultar siempre al pediatra en estas ocasiones».

Delgado también apunta a la dificultad que va a haber para discernir los casos entre los niños y piensa que «no hay otra opción que hacer PCR, seguir las normas de aislamiento y evitar el contacto de los pequeños con los abuelos y personas vulnerables de su entorno, e intentar que los padres no se obsesionen porque hay mucha infección más allá del COVID-19».

Comentar ()