Imagen que representa un negacionista con una mascarilla en los ojos

Carmen Vivas

Salud | Sociedad

El auge de los negacionistas: "Nos ponen en peligro a todos"

Algunos rechazan que haya una pandemia, otros no se fían de la vacuna y creen que las mascarillas no nos protegen del coronvirus... ¿Qué y quién está detrás de este movimiento negacionista?

Hay gente que niega que el coronavirus sea una pandemia, que niega la efectividad de las vacunas y que niega la validez de los tests PCR. También rechazan las mascarillas y el confinamiento. Para colmo, algunos niegan todo lo anterior. Es decir, niegan ser negacionistas.

«Al llamarles negacionistas le estás poniendo una etiqueta y eso no les gusta. Lo que quieren es no enfrentarse a la realidad», analiza la científica Matilde Cañelles, del Instituto de Filosofía del CSIC, sobre un fenómeno que tiene una fuerza cada vez mayor en España.

Apoyados en el altavoz de las redes sociales y con rostros conocidos adheridos a la causa, son una resistencia cada vez más influyente y «peligrosa». Este sábado habrá una nueva concentración en Madrid, organizada por el Colectivo Humanos Conscientes y Libres, y apoyada por artistas como Bunbury, Carmen París o Sherpa. Participarán asociaciones de todo tipo, como Docentes por la Verdad, Médicos por la Verdad, Policías por la Libertad o Plataforma Libertad. Un cartel que ejemplifica la principal fuerza del movimiento: no se les puede encasillar en una ideología ni en un estrato social. «Lo único que les une es la irracionalidad», añade Matilde Cañelles.

El coronavirus, el caldo de cultivo perfecto

Las teorías de la conspiración no son algo nuevo, pero la crisis del coronavirus ha creado el escenario ideal para su proliferación. Una especie de tormenta perfecta de miedos, dudas e incertidumbre en la que la Ciencia no ha tenido respuestas definitivas desde el minuto uno.

Para contrarrestar el negacionismo habría que reforzar la confianza en la ciencia y en las instituciones»

alejandro romero, sociólogo

Si uno es medianamente escéptico, no es difícil caer en esa espiral de oposición a lo establecido. Y es que muchas de las teorías pueden sonar plausibles a oídos de un ciudadano estándar: se ofrecen cientos de datos, mezclando falsos con verdaderos aunque descontextualizados, con una visión del asunto bastante más seductora que la propia realidad. Además, es un círculo que se retroalimenta con la persona como víctima final de algo que escapa de su control: las vacunas y el 5G, el control de la población, Bill Gates, planes para cambiar el orden mundial…

«No esperaba gastar tanto tiempo leyendo tantos inventos, fantochadas, magufadas, cuñadismos y conspiranoias», escribe Alexandre López-Borrull, Profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universidad Abierta de Cataluña. «Uso estos nuevos modismos por no llamarlos directamente mentiras, porque también es cierto que en todo relato negacionista aparecen unos puntos intermedios que son ciertos, para vestir mejor la desinformación», añade en un informe publicado a finales de 2020.

«Dudar es lógico. Lo que no es válido es seguir obsesionado cuando te lo han explicado»
Salvador Macip, médico y científico

La vacuna, la principal diana

Los negacionistas tienen bulos y teorías para todos los gustos, pero la vacuna se lleva la palma. Y con la del coronavirus, las dudas eran más que lógicas. «Dudar de algo nuevo es totalmente lógico, pero lo que no es válido es seguir obsesionado en negar una cosa cuando te lo han explicado varias veces», dice Salvador Macip, médico y científico español.

Las vacunas de Pfizer y Moderna son las primeras de la historia con tecnología de ARN y uno de los bulos más extendidos es que modifican el ADN de las personas. «Lo hemos explicado por activa y por pasiva, pero esta gente sólo quiere escuchar los argumentos que refuercen sus ideas. La gente tiene que aceptar que cambiar de opinión no es malo. No pasa nada», añade Macip.

Lo que más puede llamar la atención es que en este movimiento haya también médicos y científicos. Sin embargo, Matilde Cañelles lo explica bien: «Dentro de la profesión científica suele haber esta inercia. No les llamaría negacionistas, simplemente se resisten a nuevos descubrimientos hasta que no se lo han explicado todo bien. Pero suelen ser flexibles y cambiar de opinión. Esto es algo bueno porque los que logran nuevos descubrimientos tienen que tener respuestas para todo porque le van a atacar. Así funciona el método científico».

Ni de izquierdas ni de derechas

Frente a esa flexibilidad de la gran mayoría de científicos y médicos, está la tozudez de algunos ciudadanos. Gente que no cambiará su opinión por mucha evidencia que se le presente. «Los negacionistas de la vacuna son los más extremos de todos, más allá del extremo de la irracionalidad», continúa Matilde Cañelles.

Intentar trazar un perfil de estos negacionistas es muy complicado porque no tienen espectro ideológico ni pertenecen a un mismo estrato de la sociedad. Hay gente de derechas, gente de izquierdas, ricos y pobres, gentes más o menos formada. Es muy heterogéneo y no todos coinciden en sus ideas: algunos niegan la pandemia, otros creen que la vacuna produce autismo, otros van más allá y lo relacionan todo con la tecnología 5G. Lo cierto es que negacionistas hay, habrá y hubo. Ya en la pandemia de la gripe española hace un siglo había «antimascarillas».

Niegan la pandemia, otros se niegan a ponerse la mascarilla porque se cree que le controlan, otros que se creen que la vacuna producen autismo, algo desmentido completamente. Es un espectro bastante amplio. Si con algo solapa es con la irracionalidad.

«Lo que genera es un efecto de grupo, que cada miembro tenga un sentimiento de pertenencia. Eso les lleva a no razonar porque se sienten bien en ese grupo: se refuerzan unos a otros y por eso es muy difícil convencerles», desarrolla esta científica. Disentir de esas opiniones, les supone salir del grupo.

Cómo combatir el negacionismo

Discutir con un negacionista es un ejercicio de paciencia infinita y suele ser una fuente enorme de conflictos dentro de una sociedad. «Compartir el mismo mundo físico pero vivir en mundos simbólicos incompatibles es, evidentemente, una fuente potencial de conflicto», explica el sociólogo Alejandro Romero, de la Universidad de Granada. «Esto es un problema cuando hay que consensuar decisiones sobre cuestiones muy importantes que nos afectan a todos, como por ejemplo la vacunación. Negar la existencia del virus nos pone en peligro a todos. También negar la evidencia del cambio climático. Y, obviamente, negar que se produjo el Holocausto contribuye a hacer aceptable la monstruosidad del nazismo, lo cual también es un problema muy serio».

Combatir el negacionismo es complicado, ya que no basta con enfrentar sus teorías con la evidencia científica. Cuando alguien está convencido de algo y es tozudo… mal asunto. Y la situación actual junto con la actitud de algunos referentes no ayuda.

«Para contrarrestar el negacionismo habría que reforzar la confianza en la ciencia y, en general, en las instituciones», comenta Alejandro Romero. Y lo primero que tendrían que hacer las instituciones para que podamos confiar en ellas es no darnos motivos para desconfiar. Cuanto mejor funcionen, más indefendible es la posición negacionista».

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