Jacques Cousteau no era ecologista. Nadie lo era en su tiempo. Se hizo ecologista con los años. Antes, el explorador, cazó tiburones, capturó animales para sus documentales y hasta trabajó para la industria petrolífera. Estuvo siempre a la vanguardia de la exploración submarina y durante años facilitó las extracciones de crudo.

“Hace más de 30 años descubrí un nuevo mundo. He querido mostrarlo, explorarlo, hablar de él y, finalmente, quise conquistarlo, cuando lo que realmente había que hacer era protegerlo”. Esta frase pertenece a un diálogo entre Jacques Cousteau y su hijo Philippe en la película Jacques que llega este viernes a los cines. El diálogo se produce  en la Antártida, por primera vez el oceanógrafo y autor de decenas de documentales visita el océano y el continente del polo sur. El hombre que se hizo famoso explorando los océanos y haciendo películas sobre los mares de todo el mundo, un día se dio cuenta de lo que le estábamos haciendo al planeta. Y nació el Cousteau ecologista.

Para Jérôme Salle, director de Jacques, es «lo más interesante de Cousteau: la evolución de su relación con la naturaleza. Es alguien que refleja perfectamente lo que es el siglo XX en cuanto a la relación del hombre con su entorno. En los años 40, él cazaba bajo el agua sin restricciones, gracias al Aqua-Lung, el regulador de buceo que inventó con Emile Gagnan, un ingeniero de Air Liquide. Luego, en los años 50, Jacques trabajó con compañías petrolíferas, ¡cogiendo muestras para encontrar futuras bases de extracción de petróleo!»

Una de sus máximas más conocidas es: «Las misiones imposibles son las que triunfan»

Pero el realizador matiza: «tienes que ponerlo todo en contexto. En esos tiempos, el ser humano se consideraba un ser todopoderoso, y la naturaleza era algo que tenía que ser dominado, domesticado, explotar sus recursos sin remordimiento alguno. Nadie había pensado nunca que el planeta estaba en peligro. Más tarde, Cousteau fue una de las primeras personas en darse cuenta de ese error. Así que se convirtió en uno de los primeros ecologistas. Pero nunca trató de esconder sus errores pasados. Por ejemplo, mucha gente quería que re-editara El mundo silencioso [de 1956, es uno de los primeros documentales realizados bajo el agua] de modo que cortara las escenas más chocantes, como la masacre de tiburones. Él se negó, porque pensó que, si la película no cambiaba, era para mostrar la evidencia de los errores cometidos por el hombre en esos tiempos, él incluido», explica Salle.

Cuando se volvió ecologista muchas cadenas le dieron la espalda, pero Cousteau se creció y se volcó en la Cousteau Society, una de las primeras organizaciones ecologistas que existen. El capitán se crecía en la adversidad, fue reconocido con la Legión de Honor por su trabajo en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, y una de sus máximas más conocidas es: «Las misiones imposibles son las que triunfan».

Localizaciones imposibles

Para rodar este biopic el equipo de producción tuvo que viajar a muchos lugares. Para recrear la Francia de los años 40, ha tenido que recurrir a una isla croata, ya que la costa francesa está repleta de construcciones que no estaban entonces. El Calypso, el famoso barco protagonista de sus documentales, es un barco que el director localizó en Sudáfrica y se parecía mucho a la emblemática nave que actualmente está siendo restaurada. Con este barco no pudieron ir a la Antártida a grabar. Para este rodaje fueron con un barco que estaba preparado técnica y ecológicamente, un imperativo para poder navegar en una zona tan protegida como la Antártida.  «¡Gracias a Cousteau, de hecho!», destaca el realizador. Cousteau fue con el Calypso jugándose su vida y la de tripulación. Los planos de Cousteau en la Antártida fueron añadidos digitalmente. «Y lamentablemente, también tuvimos que añadir peces de forma digital en las escenas del Mediterráneo porque eran de especies que han ido desapareciendo en los últimos 70 años», recalca el realizador.

Tuvimos que añadir peces de forma digital en las escenas del Mediterráneo porque eran de especies que han ido desapareciendo

Pese a las dificultades para el director era clave grabar en la Antártida. «Fui muy persistente para ir allí, primero por razones artísticas, porque allí hay escenarios que no existen en ningún sitio del mundo, pero también por razones simbólicas, porque representa la batalla final de Cousteau», señala el realizador.  El capitán fue una figura destacada, junto con otros actores de la sociedad civil, para que se lograra el acuerdo político internacional para la protección de la Antártida que se firmó en Madrid en 1991. Artur Chilingarov, representante de la URSS en aquel tratado, destacó que estaba a favor de la total conservación de la Antártida declarando: «tenemos la misma posición que Greenpeace o Jacques Cousteau». La contaminante superpotencia en la línea de los ecologistas, una alineación imposible, como le gustaban a Cousteau.

Philippe y la familia

Lambert Wilson y Audrey Tatou interpretan al matrimonio Cousteau y Pierre Miney a su hijo Philippe. La película esta basada en un libro de Jean Michel Cousteau, el otro hijo del matrimonio y también realizador que este año presenta en el Festival de San Sebastián un nuevo documental: Wonders of the Sea. La historia de Jacques está muy centrada en la relación del oceanógrafo con Philippe, que fue clave en la evolución de las películas de Cousteau y en su transformación ecologista. La muerte de Philippe en accidente de avión supuso un duro golpe para su padre que redujo su vida pública. Jean Michel que era arquitecto tomó el relevo de su hermano. Pese a los posteriores desencuentros de Cousteau con Jean Michel, toda la familia ha seguido los pasos del capitán. Los hijos de Philippe también se dedican a la divulgación científica y ecologista.

Una de las motivaciones del director para hacer este biopic era recuperar el nombre de un personaje que los más jóvenes ya no conocen

Una de las motivaciones del director para hacer este biopic era recuperar el nombre de un personaje que los más jóvenes ya no conocen. Jacques no es sólo el viaje de Cousteau hacia el ecologismo, es el de todos. Los que nacimos en el siglo XX somos Cousteau, nadie nació ecologista, nadie sabía que sus coches cambiaban el clima, que sus cereales destruyen el Amazonas o que el atún se agotaba sino se pesca de manera sostenible. Son cosas que hemos aprendido con el tiempo y lo sabemos gracias a gente como Cousteau.

Cuando en la película Cousteau está contemplando la belleza de la Antártida y le confiesa a su hijo que tenía que haber protegido los océanos, más que conquistarlos y explorarlos, Philippe le contesta: “Aún estamos a tiempo. Estamos a tiempo”.