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Protestas independentistas en un Camp Nou con huecos en las gradas. EFE

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El procés vacía el Camp Nou

El desafío secesionista no sólo ha supuesto un foco de inestabilidad para las instituciones catalanas, también para la mayor fuente de riqueza de la región: el turismo. Desde la celebración del referéndum del 1 de octubre, la afluencia de turistas ha registrado descensos notables.

Hace unas semanas el Gremio de Hoteles de Barcelona, la patronal hotelera en la ciudad, confirmaba las caídas en la métrica de ingresos por cada habitación disponible. Este, uno de los mejores indicadores para medir de forma objetiva la marcha del negocio, ha retrocedió un 13% justo tras la celebración de la consulta ilegal.

Que los turistas busquen nuevos destinos para pasar sus vacaciones no sólo afecta a los hoteles. Los restaurantes, los bares y los negocios que surgen en paralelo al turismo, y que viven de esos visitantes, también lo están sufriendo, de la misma manera que lo está haciendo uno de los símbolos catalanes: el Fútbol Club Barcelona.

El Camp Nou, bastión blaugrana, se está vaciando. Sus 98.772 asientos lo convierten en el estadio más grande de la Liga Santander, y dependen muchos de los turistas que aprovechan sus días en la Ciudad Condal para asistir a un partido de los de Ernesto Valverde.

Cartel con el que la ANC pide a los asistentes que lleven una bandera en apoyo a los presos políticos.

Cartel con el que la ANC pide a los asistentes que lleven una bandera en apoyo a los presos políticos.

Este mismo jueves se disputa el partido de Copa del Rey entre el Barcelona y el Celta de Vigo, un marco que la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, entre otras organizaciones independentistas, aprovecharán para visibilizar una protesta en favor de los “presos políticos” repartiendo 20.000 banderolas con el lema “Llibertad”.

Gradas vacías

En lo que llevamos de temporada, la asistencia al campo cercano a Les Corts ha caído casi un 17%, situando el porcentaje de asientos ocupados en el 62,7%. A lo largo de los ocho partidos ligueros que ha disputado el Barcelona como local, han pasado por las gradas del Camp Nou un total de 495.425 personas, a una media de 61.928 espectadores por choque.

De continuar esta media, los 1,49 millones de espectadores totales de la temporada pasada se quedarán sólo en 1,17 millones este curso, un 22% menos, según los datos de Transfermarkt.

Las cifras que registra el estadio son las más bajas de los últimos 16 años. Hay que remontarse hasta la temporada 2001-2002, cuando Joan Gaspart era el presidente y Carles Rexach el entrenador, para ver unas cifras de espectadores tan malas.

En aquella temporada, en la que el club acabó cuarto en Liga a 11 puntos del Valencia, que resultó vencedor, el porcentaje de asientos ocupados se quedó en un pírrico 59,8%. Ese fue el primer año sin Josep Guardiola en una plantilla en la que si figuraban Luis Enrique, ex entrenador, o el brasileño Rivaldo, en su último año en el equipo.

Un problema catalán

Dentro de la Primera División española hay 15 equipos, de los 20 que la componen, que superan al Barcelona en asistencia media a sus partidos como locales. Sólo quedan por detrás la Real Sociedad, el Celta de Vigo, Las Palmas y el Espanyol, el otro equipo catalán, que también ha visto como el número de espectadores en Cornellá-El Prat se reducía notablemente.

De hecho, los dos clubes catalanes están entre los tres equipos que más han sufrido caídas en la asistencia a los partidos. Tras el Barcelona se sitúa Las Palmas, cuyos malos resultados han provocado que haya un 10,2% menos de espectadores en el Estadio de Gran Canaria, y en tercera posición ya aparece el Espanyol, con un retroceso del 6,5%.

Es bien cierto que los horarios que la Liga otorga al equipo de Quique Sánchez Flores, con muchos lunes y viernes laborales que dificultan las asistencias masivas, pero las cifras son muy malas: sólo el 43,9% de sus asientos están ocupados, frente al 50,4% de la temporada pasada.

Los datos de asistencia del Espanyol y de muchos otros equipos encuentran explicación en los malos horarios y, sobre todo, en los mejorables resultados que obtienen los encuentros. Pero ese caso no es aplicable al Barcelona, pues el equipo entrenado por Ernesto Valverde ocupa el primer puesto en la Liga Santander y va directo hacia el título casi sin oposición.

La entidad presidida por Josep María Bartomeu siempre disputa sus partidos en sábado o domingo, dependiendo si tiene compromisos europeos en la semana siguiente, y cuenta con el atractivo de jugadores como Leo Messi, Luis Suárez o Andrés Iniesta, cuyo poder de convocatoria es mucho mejor que el que pueden lograr muchos de sus rivales domésticos.

En Madrid, lo contrario

La situación es totalmente opuesta en los estadios de Madrid, que sí que registran unas cifras de afluencia que, en algunos casos, se han disparado. El Santiago Bernabéu ha sufrido un pequeño descenso desde el 88,2% de la temporada pasada hasta el 86,3% de lo que llevamos de este curso, una métrica que no es destacable en ningún caso.

De hecho, el feudo madridista no ha bajado del 85% de ocupación desde la temporada 2012-2013, cuando la cifra se quedo en un 84,9%. Desde entonces, además, se han registrado números como el 90,8% de la 2014-2015 o el 88,2% de la 2016-2017.

El recién estrenado Wanda Metropolitano es el que más ha aumentado el porcentaje de ocupación de toda la Liga Santander, aunque en este caso hay que compararlo con el Vicente Calderón, histórico feudo colchonero. Así, los aficionados del Atlético de Madrid han llenado el 86,5% de las 68.000 localidades que tiene su nueva casa.

En una localidad cercana a Madrid, en Leganés, está uno de los estadios más abarrotados de toda la Primera División. El equipo pepinero registra una asistencia del 89,1% cuando disputa un encuentro en Butarque, la segunda cifra más alta tras Mendizorroza, el estadio del Alavés.

Equipos de moda

El Valencia y el Betis son dos de los equipos de moda de lo que llevamos de liga. Los de Marcelino han revivido después de varios años dando tumbos y en los primeros meses de competición han sido los únicos que han podido seguir la velocidad de crucero del Barcelona.

Su rendimiento en las últimas fechas se ha resentido un poco, pero sí que han conseguido resucitar a su hinchada, que está acudiendo en masa al estadio de Mestalla. El 67,5% de ocupación del ejercicio pasado ha aumentado hasta el 78,1% de este curso, el séptimo recinto con más afluencia de la Liga.

En el caso bético, el repunte es aún más espectacular. El equipo técnico liderado por Quique Setién ha mejorado la marcha de la nave verdiblanca y la afición ha respondido. El 75,9% del estadio está lleno, un aumento del 20,6% respecto al 55,3% que presentaba el Benito Villamarín en la 2016-2017.

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