El año que murió Camarón España vivía en un escaparate. Era 1992, la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona eran la presentación al mundo de la España que, después de tres lustros en democracia, recuperaba el brillo después de los años oscuros del franquismo. Camarón iba a ser parte de la fiesta, participó en el vídeo promocional de la Expo de Sevilla y se contaba con su figura para la inauguración de los Juegos Olímpicos. No pudo ser.

En 2017 se cumplieron 25 años de la muerte de Camarón (José Monge Cruz, San Fernando, 1950; Badalona, 1992). Apenas unos artículos en la prensa y unas piezas de telediario daban cuenta de un aniversario redondo. Sus hijos se juntaron en un concierto homenaje en el Conde Duque de Madrid. Emotivo, pero con muchas carencias. Poca memoria para una figura como la de Camarón.

El Festival de Málaga ha sido el escenario en el que la memoria colectiva ha recuperado el sentido. Camarón. Flamenco y revolución de Alexis Morante nos trae un homenaje a la altura de Camarón con un documental repleto de documentos visuales y sonoros que recomponen la vida y arte del de la Isla de San Fernando.

La cinta, con una duración de 100 minutos, se estrena este 1 de junio. Es un viaje por la vida del cantante pero, sobre todo, es un viaje por la revolución cultural que acompañó a su figura y los cambios de España que se hace a lomos de la voz de Juan Diego, quien apuntala la solidez de la película narrando un delicado texto que en ocasiones parece un cuento.

Con 12 años José Monge entierra a su padre. Su madre se pone limpiar casas para sacar adelante a una prole de ocho hijos

Y en esta fábula que cuenta la leyenda de Camarón, no falta una infancia en la pobreza tercermundista de la España clasista y desamparada de Franco en el Cádiz de los años 50. Poco cuento, allí asiste a una escuela en San Fernando en la que disgregaban a los niños entre ricos y pobres y, entre los pobres, los gitanos están predestinados a fracasar en la escuela. Camarón fracasa rápido, como era de esperar.

Así que su escuela fue pronto la de la vida y sus mazazos. Con 12 años José Monge entierra a su padre. Su madre se pone limpiar casas para sacar adelante a una prole de ocho hijos. Juana Cruz, también cantaora en los descansos que le daba la vida. En el documental se puede ver cómo sonaba su voz.

Camarón durante una actuación en televisión.

Camarón durante una actuación en televisión.

Tan pronto despunta su arte empieza Camarón a rondar la Venta de Vargas e inicia su formación en el flamenco. La venta era el punto de encuentro de la élite del flamenco. Manolo Caracol, Antonio de Mairena o Lola Flores eran algunas de la figuras que pasaban por allí. La de Vargas fue, además, una cantera de la que salían cantaores, bailaores y palmeros.

El flamenco está llamado a jugar un papel crucial en la imagen del país y en la industria incipiente: el turismo. Camarón entró en el circuito de bolos flamencos por todo el país. Pero, como se dice en el documental, cantar para señoritos y guiris era “pan pa hoy y hambre para mañana”.

El flamenco llega al vinilo

El futuro del flamenco estaba en la industria discográfica. Y a ella llegó de la mano de Antonio Sánchez Pecino con cuyo hijo se entendió perfectamente: Paco de Lucía. Juntos iniciaron una exitosa carrera musical y discográfica que encumbró al cantaor y al guitarrista. Desde 1969 a 1977 graban nueve discos, entre los que se encuentran Al verte las flores lloran (1969), Canastera (1970), Rosa María (1976) y Castillos de Arena (1977).

Esta etapa tiene su fin cuando Camarón deja Madrid, donde se ha labrado su carrera y se va a Sevilla a vivir. Allí el destino del flamenco le cruza con Ricardo Pachón, el productor musical que lleva a Lole y Manuel, a Kiko Veneno y a nuevas formaciones de rock. Un productor que le da la posibilidad de explorar nuevos territorios para el flamenco.

Camarón en sus primeros años como cantaor.

Camarón en sus primeros años como cantaor.

Así nace la Leyenda del tiempo, el peor lanzamiento de la carrera de Camarón pero que, pasados unos años, se convertirá en el disco más importante de su carrera, de la década y el tiempo dirá de qué horquilla de años de la Historia del flamenco. Lo hace acompañado por Tomatito, Kiko Veneno, Raimundo Amador y la unión de sonidos del rock y flamenco, más la flauta travesera de Jorge Pardo y la percusión de Rubem Dantas, entre otros colaboradores, y buenas dosis Federico García Lorca. “El disco si no te gusta lo que tienes que hacer es escucharlo más”, decía Camarón en una entrevista.

De  la heroína sólo pudo salir con una fuerza de enganche similar: la familia

Además de abrir una vía nueva a la música, la Leyenda del tiempo significa el inicio de una segunda parte de la carrera de Camarón en la que de nuevo tiene protagonismo su compadre Paco de Lucía. Una etapa en la que su adicción a la heroína marcó la nota negativa y de la que sólo pudo salir con una fuerza de enganche similar: la familia.

De la segunda mitad de los 80 dejaron discos que cada vez vendían más copias, como varios grabados en directo y trabajos de estudio como Te lo dice Camarón (1986) y Soy gitano (1989), grabado con la Royal Philharmonic Orchestra de Londres: además de ser su primer Disco de Oro, se convierte por aclamación popular en himno calé.

Cuando mayor era el eco internacional que adquiría su figura y estando recuperado de su adicción a la heroína, apareció el cáncer de pulmón que acabó con su vida. “Salud antes que dinero yo le estoy pidiendo a Dios”, cantaba en un fandango años antes. Ni la Clínica Mayo en Minnesota (EEUU), el mejor hospital en oncología del mundo, pudo frenar la enfermedad. El 2 de julio de 1992, unas semanas antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, muere en Badalona.

El pueblo gitano lloró su muerte como un ídolo y el flamenco se quedó huérfano de una figura de la que sigue esperando repuesto.