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'Golfa': la educación sexual a juicio

Obra de teatro 'Golfa'.

Obra de teatro 'Golfa'. ÁLVARO MAISONS

La puerta del instituto amanece manchada con un enorme grafiti anónimo del que lo único que se deduce es que alguien está tratando de enviarle un mensaje a una mujer: «Golfa». Al poco tiempo, señalan como supuesto autor de la pintada a Fran, un adolescente de 15 años que había mantenido una relación sentimental con Amanda. Esa palabra «es el disparadero desde donde surge» la nueva obra de Jose Padilla, Golfa, que se representará entre este jueves y el día 22 de noviembre en el Teatro Galileo de Madrid.

Esta situación deriva «en una serie de acontecimientos que concluyen en una sesión judicial en forma de streaming, abierta al público, para de alguna manera dirimir qué es lo que ha ocurrido» entre Fran y Amanda, que lleva semanas siendo víctima de virtual, y los actores le proponen al público «una sesión de sexología como forma no ortodoxa de solucionar un posible conflicto», expresa el dramaturgo en una entrevista con El Independiente.

Padilla ha incorporado al argumento y al lenguaje teatral de Golfa una narrativa transmedia, que «va en dos direcciones»: «Nada más entrar en la sala, el público lo va a poder comprobar que todo el lenguaje que estamos utilizando tiene muchísimo que ver con esta forma de comunicarnos que, durante los últimos meses sobre todo, hemos tenido que aplicar para desarrollar nuestro trabajo y para seguir relacionándonos. Y, en el sentido contrario, también pretendemos, mediante los recursos que nos dan las redes sociales, hacer partícipe al público permitiendo que manifieste su opinión y proporcionándole materiales que tienen que ver con la sexología».

Jose Padilla, que recibió el Premio Max en 2019 con su obra Dados, al frente de la dirección y dramaturgia, insiste en la necesidad de «normalizar el sexo, porque el sexo es salud». «Meterlo dentro de un baúl pesado al final deriva en comportamientos completamente erróneos que terminan por lastrarnos como sociedad», asegura, para luego añadir que «hay comportamientos lesivos que están íntimamente ligados con la educación sexual y la solución es tratarla desde la infancia más temprana y desde luego en familia».

El público interpreta el papel de «jurado» popular durante la hora y cuarto que dura este montaje para mayores de 12 años, protagonizado por Fran Cantos, Ana Varela, María Rivera, Ninton Sánchez y Montse Díez. «A su vez, es parte desde el momento en el que todo lo que se está tratando no sólo afecta a los personajes de la obra, sino a un colectivo tan amplio como nuestra sociedad», agrega el director, ya que se debate sobre un tema «tan básico como es el sexo», que históricamente «ha sido tratado de una forma no del todo luminosa ni abierta». «Siempre se suele relacionar con algo tabú o con algo que no se puede tratar en según que foros de debate, y apartado completamente del foro familiar, y eso Golfa de alguna forma viene a rebatirlo», expresa el dramaturgo. 

El sexo está en todas partes, «en la narrativa, en el cine o en la publicidad, pero de una forma completamente manipulativa». También es un agente más de las redes sociales, donde «no ves a tu interlocutor» y, por lo tanto, «es fácil convertirte en una persona que se manifiesta de una manera absolutamente injusta, porque es como si estuvieras hablando con un muñequito». «Con este uso oscuro y no correcto de lo sexual, casi se cosifica a las personas y se le convierte en un mero objeto»

«Ese es el problema, que no se le da un lugar de cotidianeidad ni un sitio normal como un tema de salud más», reflexiona Padilla, que va más allá y sentencia: «Es algo que nos interpela y nos apela continuamente y, sin embargo, la manera de que nos hagan partícipes del sexo en los grandes medios es mediante una forma manipulativa y una manera de entender la sexualidad como un medio oscuro para llegar a otros fines que se relacionan con el poder. Eso es absolutamente nocivo y termina por estallarnos en la cara».

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