Una madre desde hace un año, una escena de sexo y un novio que no quiere consumir leche materna. Así comienza La mala leche (Planeta), la primera novela gráfica de la humorista y guionista Henar Álvarez, ilustrada por Ana Müshell. El libro «no va de maternidad», sino de deseo sexual y de cómo cambia la concepción que la sociedad y una misma tienen de una mujer una vez que ésta se convierte en madre. La autora defiende en una entrevista con El Independiente que su obra no es irreverente, sino que, si llama la atención por su tono, es porque «estamos poco acostumbrados a tener personajes femeninos que hablen de su sexualidad de esta manera tan libre».

El cómic se alimenta de «ideas a las que yo siempre estoy dando vueltas y lo único que he hecho ha sido cogerlo todo para crear una historia y contar cómo he vivido yo el deseo después de haber pasado de los 30 años y después de haber sido madre; cómo lo gestiono y cómo he luchado contra dejar de estar muy buena y que la gente me dejase de ver», confiesa esta cómica, conocida por participar en el programa de radio Buenismo bien. Nani, la guionista que protagoniza esta historia y que «evidentemente soy yo, no me escondo», entra en la edad adulta de la forma en la que le han enseñado que tenía que hacerlo, pero este personaje se revela firmemente contra el convencionalismo de tener que «dejar de hacer cierto tipo de cosas» como madre y mujer, y contra la diferencia de trato que reciben los hombres cuando son padres.

  • Adelanto de 'La mala leche', la novela gráfica de Henar Álvarez y Ana Müshell.
    • Compartir
    EDITORIAL PLANETA

    Deseo y maternidad

    «De repente, la gente piensa que, si tú quieres seguir siendo un sujeto con vida propia y objetivos propios, eres súper egoísta. A las mujeres se nos obliga a ejercer la maternidad y, para los hombres, ejercer la paternidad es una opción», afirma la guionista, que denuncia que «quienes se tienen que encargar de los cuidados siempre somos nosotras». «Te inunda muchas veces la culpa: no quieres perder los puestos que hayas podido ganar en tu vida profesional, pero tampoco quieres dejar a tu hijo de lado. Es muy complicado hacer encajar las piezas y poder continuar teniendo una vida en la que tú seas feliz, principalmente para que tu hijo lo sea también».

Henar Álvarez, que ha colaborado en programas como Late Motiv, Las que faltaban, Días de cine y Hoy por Hoy, recuerda que le llegaron a preguntar cuando fue madre si iba a dejar su trabajo y ella contestó convencida, pero molesta por tener que responder: «¿Perdón? Que mi hijo tiene cuatro años y no estamos en los 50. ¡Clarísimo que no! ¿Por qué no se lo preguntas a él?». En el libro, esa culpa por no ceñirse al estereotipo de madre socialmente aceptado se multiplica cuando la protagonista, creada a partir de situaciones que la guionista ha experimentado «en un momento u otro de mi vida», es infiel a su novio, Néstor, para acostarse con un joven técnico de sonido que trabaja con ella en la radio.

La humorista refleja en la trama los dilemas internos que tiene Nani antes y después de acostarse con su amante, cuando realmente nadie percibiría como algo extraño que su pareja le hubiese engañado a ella, según defiende la autora. «La infidelidad masculina es un discurso que los hombres se han currado mucho», porque, en general, «nunca ha estado mal vista», sino que «se ha concebido como algo humano que formaba parte de su naturaleza», ya desde el momento en el que «casi es un cliché decir que los hombres necesitan esparcir su semilla y que nosotras, sin embargo, necesitamos un macho que cuide la casa», sostiene Álvarez, que agrega que «eso lo sigue diciendo gente joven». «Son creencias que se han metido en la cabeza», argumenta.

  • «‘Antes las parejas duraban mucho más’. ¡Nos ha jodido!»

    La guionista utiliza el imaginario popular de décadas pasadas para explicar esta idea: «Nuestros abuelos tenían sus queridas, pero ellas no podían tener una pareja, entre otras cosas porque ni siquiera les dejaban trabajar. Y, si les pillaban siendo infieles, imagínate. Ahora cuando dicen los abuelos: ‘Es que antes las parejas duraban mucho más’. ¡Nos ha jodido! Porque estaba institucionalizado que la mujer tuviera dependencia económica del hombre. ¿Dónde iba a ir a vivir, debajo de un puente? Estaba hecho para que nunca se separase del hombre y para que éste tuviera una esclava en casa».

  • Mujeres «a disposición» del hombre

    Por el contrario, a las mujeres se les ha tratado de «negar el deseo» y neutralizarlas para que el hombre «pueda tenerlas a su propia disposición». «A todas nos llaman ‘puta’ por primera vez a los 13 o 14 años», «estamos tres horas arreglándonos para salir, llegar a una discoteca y -¡por dios!- no ser la que no liga del grupo» y, si una mujer que en un momento determinado «pasa de su hijo para hacer lo que ella quiera -no hace falta ser infiel-, se le ve como todo lo contrario a una persona humana: alguien egoísta, mala, que deja a su hijo». Los hombres no sienten esa presión. «Parecen gilipolleces, pero nos las han metido a muerte» y, por ello, la humorista toma «todas estas reflexiones para crear una historia» y contar cómo convive con ello y cómo va «luchando con mi propio deseo a medida que me voy haciendo más mayor y que entro en el grupo este de MILF (Mother I’d Like to Fuck)».

Al respecto, la cómica continúa analizando las tramas de series, como Marco o Heidi, que todos los que ahora son adultos han visto y, con el tiempo, han asociado a la madre con el papel de la mala por haber abandonado a sus hijos, «pero nadie se preguntaba dónde estaba el padre». «Que el padre no existiera ni te lo planteabas; lo que era una locura era que la madre dejase a la niña. Cuando una mujer es madre parece que ya toda tu vida tiene que girar en torno a tu descendencia y no en torno a tu persona», razona Álvarez.

  • «La monogamia es una construcción social»

    «No creo para nada que seamos monógamos por naturaleza, todo lo contrario. Es 100% una construcción social», asegura la humorista, aunque matiza que considera que una persona puede ser fiel en una relación. La cómica normaliza «tener deseos o fantasías con alguien que no sea tu pareja después de que lleves X tiempo con ella» y señala que «me parece hasta insano no reconocerlo». «A mí me da un poco de reparo reconocerlo, porque soy una señora mayor y me he criado de otra manera, pero si yo me entero de que mi pareja me ha sido infiel en un momento determinado, digo: ‘Pues, chico, eso que te has llevado’. No lo veo dramático».

Hasta Rafa Mora me parece interesante»

Henar Álvarez, a sus 36 años, continúa «explorando» el deseo y concluye que «está muy relacionado con el poder». «Yo antes me veía como un objeto de deseo, para mí resultaba muy placentero darme cuenta de que resultaba atractiva y con eso a mí me bastaba. Y yo he tenido novios que con el tiempo me he dado cuenta de que les admiraba muchísimo pero físicamente, a día de hoy, es probable que no hubiese tenido una relación con ellos jamás. Ahora estoy en el otro lado: tengo un novio y quiero que me admiren a mí, y me doy cuenta viendo la tele de que hasta Rafa Mora me parece interesante. Antes, no lo veía así, porque pensaba que no tenían nada que aportar», explica, para proseguir: «¿Por qué nosotras siempre tenemos que estar planteándonos que necesitamos a alguien que sea intelectualmente guay? ¿No puedo ser yo la intelectual de la pareja?».

  • «El feminismo es cosa de todos»

    La cómica es consciente de que este libro puede resultar alarmante a algunos sectores de la sociedad, pero, según indica, esta reacción se debe a «una falta de conocimiento del mundo femenino». «Entiendo que gente que no tenga tantas amigas o que no ha consumido mucha cultura hecha por mujeres de repente abra La mala leche y le explote la cabeza», pero ha percibido que «las chicas jóvenes que se lo leen no lo ven tan raro, porque tienen estas conversaciones con sus amigas». «Yo el tema de mamarme la leche de las tetas con otras amigas que han sido madres lo he comentado. ‘Oye, pues a mí me ha hecho’, ‘pues yo un chorrito en el café me eché un día’. Esa conversación ha estado presente», dice.

Para que la comedia femenina sea mainstream debe colarse en los medios»

«Es como cuando la gente sigue preguntando que por qué no hay cómicas. Cariño, ¿estás en el mundo? No te estás informando. Ahora hay más que nunca. Es una falta absoluta de referentes y de interés por lo que están haciendo las mujeres», reflexiona. Álvarez considera que lo que queda «para que la comedia femenina acabe siendo mainstream, que es lo que queremos todos para no vivir de crowdfundings, es que se cuele en los medios de comunicación y, para eso, son los compañeros los que tienen que abrir el paso». Ella aclara en este sentido que no trabajaría en Buenismo bien si Manuel Burque no hubiese pensado en ella para hacer la sección de cierre del programa. «Él podría haber llamado a otro chico, pero me llamó a mí y estoy eternamente agradecida».

La autora de La mala leche añade que, cuando se habla de feminismo, «siempre nos preguntan a nosotras y esto es una cosa de todos. Y sobre todo es cosa de todos porque los que tienen acceso a los puestos de poder son ellos». «Si ellos no son los que pelean para que estén sus compañeras, no va a pasar», concluye. Ahora, va a ser la propia Henar Álvarez quien elija con quién va a trabajar en la adaptación audiovisual de su novela: «Voy a liderar el equipo creativo. Es lo que yo siempre he querido hacer y hay muchísimo interés en que no se pierda el espíritu del cómic y en que no se suavice nada».