Es comer ‘pintxos’ de historia, porciones de cultura con aires de literatura, política y todo con estética lejana, más propia del sur que un día fue mudéjar que del norte amante del bacalao, el chuletón y el rape. Es el rincón con más historia de la hostelería bilbaína. En sus butacas han debatido políticos y literatos insignes. En sus mesas han degustado la gastronomía vasca rodeados de arquitectura de estilo árabe lo más granado de la sociedad financiera y política vizcaína. El Café Iruña nos traslada a la capital pamplonesa pero sólo por su nombre. Ubicado a escasa distancia del Guggenheim Bilbao, a pocos metros del Palacio de Justicia de la capital vizcaína y de la que fue vivienda familiar de Sabino Arana, este centenario local es una de las referencias del centro de Bilbao. Junto a los Jardines de Albia, entre las esculturas del poeta Antonio Trueba y el fundador del PNV, que de punta a punta se esquivan la mirada, ahí se encuentra uno de los cafés de toda la vida.

El 7 de julio pasado, mientras en la Plaza del Castillo se celebraba a San Fermín, este céntrico local cumplía 119 años. Si no más. Algunas crónicas lo sitúan tiempo atrás, pero no fue hasta la adquisición por parte del vinatero y promotor navarro, Severo Unzué Donamaría (1871-1940) cuando el local que vería pasar ante sí el desarrollo industrial, su crisis, su modernización, el ‘efecto Guggenhneim‘ y una pandemia, comenzó a consolidarse.

Unzúe Donamaría tiene una calle en Bilbao. Es el reconocimiento a su labor caritativa en momentos clave como el asedio a la capital vizcaína por parte de las tropas franquistas durante la Guerra Civil. No dudó en alimentar a los presos sin recursos, de toda ideología, internos en la prisión de Larrinaga. Tras ser conquistada por las tropas nacionales, Unzúe fue torturado y perseguido. Murió en 1940.

Plaza del Castillo y Jardines de Albia

Aquel local era lo que le vinculaba con su querida Navarra. Allí, en la Plaza del Castillo de Pamplona, desde 1888 otro café, el ‘Iruña’, llevaba años convirtiéndose en el centro social y cultural de la ciudad. Unzúe, asentado como empresario y promotor en Bilbao, se propuso tener un punto de encuentro como aquel, incluso con el mismo nombre y estilo. En 1903, el 7 de julio, lo inauguró, y en 1909 lo bautizaría como el ‘Café Iruña’, el de Bilbao.

Adentrarse en este centenario local es entrar en un espacio que nadie esperaría en el norte, en el centro de la capital financiera vizcaína. De inspiración mudéjar, sobresalen sus techos, azulejos y policromías, una decoración con murales y arabescos obra de Joaquín Rucoba, que le aportan una calidez que invita al relajó, la conversación y el encuentro. Los 300 metros cuadrados, suelos, paredes y techos han sufrido a lo largo de su historia numerosas remodelaciones, la última en 2020, y que permiten observarlo en todo su esplendor.

La segunda mitad del siglo pasado fue el periodo de los grandes cafés, todos ubicados en un radio cercano. El Café ‘La Concordia’, de 1913, el rincón de las ostras, la bolsa y los escritores, o de los políticos como Unamuno o Indalecio Prieto, toreros y demás farándula de la época que Elías Segovia impulsó y logró convertir durante años en el verdadero corazón de Bilbao. O el cercano café ‘La Granja’, de 1926, o el ‘Boulevard’, de 1871, en el Arenal de Bilbao. Todos ellos hoy cerrados estuvieron interconectados en una suerte de triángulo de redes sociales de la época en la que el poder, la cultura, la prensa y el ‘artisteo’ convivía en una atmósfera muy particular. Hoy el ‘Café Iruña’ es el último que queda de un tiempo en el que la vida se disfrutaba en torno a una buena conversación, airada o pausada, y siempre alrededor de una mesa y un buen plato.

‘Pintxos’, morunos y vascos

A la muerte de Unzúe Donamaria sus hijos se hacen cargo del local hasta que años después fue el empresario Iñaki Aseguinolaza quien se puso al frente. Tras su muerte repentina en 1993 fue su mujer quien lo lideró e impulsó y ahora uno de sus hijos encabeza el puesto de control.

Visitar el remodelado ‘Café Iruña’ de Bilbao no sólo es adentrarse en un rincón de la historia local, sino una oportunidad para degustar sabores vascos, una amplia gama de pintxos locales y morunos o especialidades como el ‘serranito’: emparedado de tocino ibérico con lágrimas de jamón a la plancha». En estos días de excursiones en familia o en grupo, el establecimiento brinda la oportunidad de vivir el mundo del ‘pintxo’ en el centro de la ciudad. El menú de ‘pintxos’ para grupos (8 pintxos, postre y vino. 36 euros) permite degustar la ‘guilda’ de Bilbao, ‘Lumagorri’ (pollo de granja), taco de bacalao, merluza frita y una selección de postres vascos. La oferta de menús también incluye el menú del día -17,9 euros-, menú de fin de semana -29,9 euros- y de noche -31 euros-.