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Corinna y el destino final de los famosos 65 millones

Corinna Larsen acude al Tribunal de Apelación británico.

Corinna Larsen acude al Tribunal de Apelación británico. EFE

Octavo y último episodio del podcast Corinna y el rey en donde la ex amiga entrañable del emérito Juan Carlos ha explicado su particular versión de lo sucedido en su relación y, sobre todo, lo que finalmente pasó con los famosos 65 millones que el ex jefe de Estado le entregó como donación y que luego, presuntamente, quiso recuperar o, cuando menos, hacer uso cuando él quisiera.

En esta última entrega, se reconoce abiertamente que Corinna se quedó con el dinero, con el que compró una gran finca de campo –algunos medios apuntan a que podría ocupar unas 80 hectáreas– en donde había una mansión, Chyknell Hall. Se especula con que la propiedad le podría haber costados unos 6,65 millones de euros.

Pero Corinna no solo se quedó con los 65 millones. También está aún en su posesión el famoso anillo de diamantes que Juan Carlos le dio para «pedirle matrimonio» y una finca de Marruecos que el rey de este país le obsequió después de quedarse «prendado de ella».

Un ex-agente del FBI

Sin embargo, según ha explicado la alemana en esta nueva entrega del podcast, poder disfrutar tranquilamente de estas propiedades no ha sido en absoluto sencillo dado el presunto acoso continuado al que, según ella, Juan Carlos le ha sometido en los últimos años.

En este episodio, Corinna Larssen sigue asegurando que el emérito y personas de su alrededor maquinaron para que fuera acusada falsamente de robo y fraude. La presión llegó a tal punto que ella pidió ayuda a un ex agente del FBI, un gran especialista en investigación de la corrupción y el blanqueo financiero internacional, el cual ahora dirige una empresa privada, W1 Global, dedica a perseguir y resolver «casos financieros complejos, como fraude, corrupción o blanqueo de dinero», según se puede leer en su página web.

Fue este exagente y ahora CEO, Bill McMurry, quien la sometió a un interrogatorio absolutamente exhaustivo, equivalente al que la hubiese sometido el FBI de verdad, para saber hasta qué punto ella estaba implicada o no en una trama presuntamente ilegal. Después de las sesiones –que según Corinna duraron hasta nueve horas diarias durante días seguidos–, McMurry y su equipo llegaron a la conclusión de que ella no había cometido ilegalidad alguna y que debía poner su caso en conocimiento del Departamento de Justicia de Estados Unidos y del FBI. Corinna así lo hizo.

Un reportaje que no era lo que parecía

Pero declarar ante semejantes instancias sin levantar sospechas no fue en absoluto sencillo y, según Corinna, fue espiada mientras almorzaba en un restaurante griego de Nueva York con su nuevo acompañante, el director de ópera Alvise Casellati. El supuesto espía era, según ella, un alto directivo de un destacado grupo bancario español, el cual estaba en el local con su mujer y sus hijos. Casualmente, fotos de Corinna y su acompañante salieron al día siguiente en Vanitatis.

Este portal digital ya ha negado que se tratara de una «mano negra», como parece indicar Corinna en el podcast, y que todo se debió a una casualidad. Milos, el restaurante griego donde se hallaba Corinna, era por entonces uno de los más concurridos de Manhattan, y casualmente la alemana coincidió allí de manera totalmente fortuita con una amiga de un periodista de Vanitatis. De ahí que se pudieran obtener las fotografías.

La demanda por acoso

Corinna continua diciendo en el podcast que, después de aquel interrogatorio con el Departamento de Justicia y el FBI, también recibió un importante espaldarazo cuando el fiscal suizo que investigaba sus presuntos crímenes determinó que ella no había hecho nada ilegal.

Fortalecida por semejante decisión, fue cuando Corinna decidió acudir a la justicia británica para denunciar a Juan Carlos por acoso. Recordemos que hace poco un juez determinó que no se le podía juzgar mientras fue jefe de Estado ya que la Constitución española le reconoce inviolabilidad jurídica.

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