Como aterrizado en el corazón de Exposition Park, en el sur de Los Ángeles, el edificio diseñado por el arquitecto chino Ma Yansong no disimula su genealogía. Es una nave espacial curva, orgánica y futurista de 27.870 metros cuadrados que parece haber emergido a hipervelocidad del universo de la ciencia ficción. Sin embargo, en el interior de este coloso de cinco plantas no solo habitan droides y sables de luz, como esperarían los millones de fans de Star Wars: alberga un relato coherente y fascinante de cómo la humanidad ha dado curso a su ansia primaria de contar historias, desde sus orígenes hasta hoy.
El Lucas Museum of Narrative Art abre sus puertas este martes tras años de expectación y un presupuesto estimado en 1.000 millones de dólares. Su premisa conceptual, formulada por el propio George Lucas, es tan ambiciosa como sencilla: el arte narrativo es aquel que explica las creencias comunes que sostienen a una sociedad. Para demostrarlo, el centro propone un viaje transversal que abarca desde la prehistoria hasta el arte urbano contemporáneo, situando en el mismo plano compositivo una viñeta de cómic, un óleo del Renacimiento y la maqueta original del Halcón Milenario.
De las cuevas prehistóricas a la galería secreta de Banksy
Con más de 1.300 obras seleccionadas para su apertura –de una colección privada que supera las 40.000 piezas–, el museo se articula en más de una treintena de galerías organizadas en torno a cinco grandes ejes temáticos: cómics, historias para la infancia, fantasía, historia y comunidad.
El espectador camina por un continuo visual sin jerarquías elitistas. Maestros clásicos como Artemisia Gentileschi, Vincent van Gogh o Maxfield Parrish comparten espacio con iconos de la ilustración estadounidense como Norman Rockwell y N. C. Wyeth, leyendas del cómic como Winsor McCay, Robert Crumb y Jack Kirby, o referentes del arte moderno como Frida Kahlo, Diego Rivera, Jacob Lawrence y Robert Colescott. La cultura popular más reconocible –dibujos de Pikachu, viñetas históricas de Walt Disney o manga– convive con el periodismo gráfico de Robert Capa y la célebre Niña afgana de Steve McCurry, además de retratos contemporáneos de gran formato como un imponente óleo de Barack Obama visto de espaldas.
Conscientes de la imposibilidad de trasladar ciertas obras cumbre de la historia del arte universal, los diseñadores del museo han recurrido a la tecnología inmersiva para integrar tesoros inmateriales de la humanidad. El visitante puede contemplar reproducciones a escala real de los frescos del techo de la Capilla Sixtina, los Toros Alados del Palacio de Sargón II o las pinturas rupestres de la cueva de Altamira.
El broche de oro al recorrido artístico se custodia en la quinta planta: una galería reservada a obras inéditas hasta la fecha del muralista y activista británico Banksy, que corona este mosaico sobre la evolución de la imagen narrativa.
Los archivos de Skywalker Ranch
Para los devotos de la cinematografía, el museo es la meca definitiva. El centro alberga en exclusiva los Archivos Lucas, una exhaustiva biblioteca de producción establecida originalmente en 1983 en el Skywalker Ranch (Condado de Marín, California) tras el rodaje de El retorno del Jedi, y donada formalmente a la institución en 2013.
Se trata de más de cuatro décadas de historia viva del cine a través de las producciones de Lucasfilm (Star Wars, Indiana Jones, Willow, Howard the Duck o Red Tails). Los visitantes pueden contemplar a escasos centímetros los trajes originales de Darth Vader y C-3PO, la estructura real de R2-D2 y los bocetos conceptuales con los que Ralph McQuarrie, Joe Johnston, Doug Chiang y Jim Steranko diseñaron el imaginario colectivo de varias generaciones: desde los primeros trazos del Halcón Milenario hasta el combate a muerte en la Estrella de la Muerte.
La experiencia cinematográfica se completa con dos salas de proyección con capacidad para casi 300 espectadores: el Teatro Robert Flaherty, enfocado en el cine documental y el proceso creativo, y el Teatro Slavko Vorkapich, destinado al cortometraje experimental, la animación y la vanguardia del montaje.
El modelo Lucas: cultura, filantropía y rentabilidad
Detrás del lirismo sobre el arte narrativo opera la inconfundible mente financiera de George Lucas. El hombre que revolucionó Hollywood en 1977 al quedarse con los derechos de merchandising de una película en la que nadie creía no ha construido un templo para perder dinero. El museo es una obra cultural de alcance público, pero también un engranaje comercial minuciosamente diseñado.
La coarquitecta del proyecto es su esposa, Mellody Hobson, co-CEO del fondo Ariel Investments, expresidenta de Starbucks y consejera de JPMorgan Chase. Ambos firmaron en 2010 el Giving Pledge –comprometiéndose a donar la mayor parte de su fortuna a causas benéficas–, canalizando su mecenazgo hacia la educación visual. Sin embargo, la estructura operativa del museo sigue la lógica de la máxima eficiencia corporativa.
El complejo está pensado para capturar la estancia prolongada del visitante durante todo el día y la noche. Cuenta con una oferta gastronómica propia, que incluye el Skywalker Grill, abierto desde hace semanas, y un restaurante en la azotea con vistas panorámicas sobre el skyline de Los Ángeles. Y, cómo no, hay espacios comerciales dedicados a la venta de merchandising exclusivo inspirado en la colección del museo. Junto a la biblioteca especializada del centro, hay espacios polivalentes destinados a la celebración de convenciones y actos privados.
Un consejo de administración estelar
La gobernanza combina el peso cultural de cineastas como Steven Spielberg y Guillermo del Toro con el músculo financiero y corporativo del director del LACMA (Michael Govan), el presidente de NBCUniversal News Group (Cesar Conde) o ejecutivos del capital riesgo.
A todo ello se suma su ubicación estratégica en Exposition Park, a pocos pasos de la Universidad del Sur de California (USC), del Estadio Olímpico y rodeado de otras instituciones clave de Los Ángeles. Con más de cinco hectáreas de jardines sustentables diseñados por el estudio Studio-MLA –que sustituyen a antiguos aparcamientos asfaltados–, el museo no solo revaloriza el entorno urbano en la antesala de los Juegos Olímpicos de 2028, sino que consolida la marca Lucas como un activo cultural inamovible.
Lo que empezó en la época universitaria de George Lucas con la compra por 30 dólares de una viñeta del troglodita Alley Oop se ha convertido hoy en un imperio museístico de 1.000 millones de dólares. El creador ha vuelto a aplicar la fórmula que lo hizo millonario: empaquetar la mitología popular en un envoltorio deslumbrante donde el arte, la memoria colectiva y el negocio nunca se excluyen.
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