En un año en que el famoso certamen de música ha tenido que aplazarse por el coronavirus, Netflix ha decidido secar las lágrimas de los eurofans estrenando en su plataforma Festival de la canción de Eurovisión: la historia de Fire Saga. Este largometraje cuenta la historia de Lars (Will Ferrell) y Sigrit (Rachel McAdams), dos islandeses que siguen Eurovisión desde que ABBA pasara por el concurso. No contentos con ser unos meros espectadores, trabajan codo con codo para representar a su país en la próxima edición que tendrá lugar en Edimburgo (Reino Unido).

Después de enviar su canción al comité islandés que va a elegir a su representante para Eurovisión, Lars y Sigrit se cuelan en la competición más por el azar que por su destreza musical. Pese a que su objetivo era ir a Edimburgo, su paso por el concurso está a punto de empezar. Ha llegado el momento de hacer pruebas de sonido, grabar la canción, escoger el vestuario y, ya que no todo en Eurovisión es trabajar, asistir a las fiestas que organizan sus participantes. Puede que los eurofans queden contentos con esta parte, puesto que Festival de la canción de Eurovisión: la historia de Fire Saga cuenta con cameos de algunos ganadores del concurso.

Sin embargo, más que parecer una película sobre Eurovisión, el nuevo título de Netflix parece una parodia de un largometraje sobre el certamen musical. Además de contar con Will Ferrel, uno de los principales cómicos de Estados Unidos, los creadores de esta película han llenado de estereotipos eurovisivos a las canciones y candidatos del concurso. Volcano Man, uno de los temas que prepara Fire Saga, cuenta con ese vestuario vikingo al que suelen recurrir los escandinavos. Por su parte, el ruso Lemtov (Dan Stevens) recurre con un tipo de coreografía que los artistas normalmente reservan para Eurovision.

Más allá de que esta película se ría o no de Eurovisión, cabe destacar que los propios seguidores y responsables del concurso tienden a tomarse con humor el mismo y a, incluso, sentir vergüenza por los concursantes de su país o de la competencia. Sin embargo, Will Ferrell confesó en una entrevista que, con este largometraje, pretendió homenajear al certamen. «Cuando nos sentamos con los organizadores de Eurovisión para explicarles, nos dieron permiso para que nos divirtiéramos con ello. Son muy, muy conscientes del humor que tiene Eurovisión a veces», comentó Ferrell.

«Pero también queríamos presumir de la importancia de Eurovisión y rendir homenaje a este espectáculo increíble que, de alguna forma, sucede cada año. Así que éramos muy conscientes de que, aunque nos lo queríamos pasar bien, también queríamos hacer una carta de amor a Eurovisión», indicó. De hecho, el propio Will Ferrell estuvo presente en la edición de Eurovisión que tuvo lugar en Lisboa en 2018 para experimentar de primera mano el festival.

«Hablamos con un montón de cantantes y lo que nos impresionó de verdad fue el sentido de comunidad. Sí, los países intentan ganar y si ganas significa mucho. Pero, al mismo tiempo, están ahí solo por su arte, están respaldando a los demás». Y es que uno de los mensajes de la película es que no todo es ganar y que la mejor canción no tiene por qué alzarse con la victoria.