A Pepa Flores la infancia se le pasó siendo otra persona. De viaje en viaje, de plató en plató, de rodaje en rodaje; fue la niña que representó todo lo que España quería ver: el progreso. Fue Marisol y su personaje mostró que era posible pasar de ser una niña humilde de Málaga a una gran estrella.

Actúo hasta los años ochenta, cuando dijo que ya, que no podía más. Cuando ya había dejado claro que poco quedaba de aquella niña de ojos azules que beneficio la imagen de Franco, que ahora era la mujer que iba en la cabeza de las manifestaciones contra la OTAN y que «antes fusilada que traicionando a su clase».

Este sábado 25 de enero recibirá el Goya de Honor. Llega muchas décadas de retiro, paseando por su ciudad natal, sin dar entrevistas, sin actuar, sin cantar en público. Mañana no irá, dicen. Volverá a dejar todo en manos de sus hijas. Porque a Pepa Flores el cine ya solo le gusta desde el sofá.

Desde El Independiente repasamos sus mejores momentos: