Troubadour es un club nocturno ubicado en West Hollywood, California, que abrió sus puertas en 1957. Desde que lo inauguró su primer dueño, Doug Weston, han sido miles los artistas que han pasado por su escenario para darse a conocer. El 25 de agosto de 1970, Neil Diamond -que acababa de grabar su álbum debut en Troubadour- presentó a un Elton John que llegaba de su Gran Bretaña natal, para ofrecer sus primeros conciertos en Estados Unidos. Este momento, que muchos desconocían que fuera el inicio de una carrera de éxito, fue recreado en la película autobiográfica de Elton John, Rocketman.

«Mi vida cobró sentido esa noche», confesó Elton John hace unas décadas en una entrevista que concedió al Times. «Llevaba mucho tiempo esperando que sucediera lo que pasó esa noche. Sentí la magia en cuanto subí al escenario». Al igual que el autor de Your Song, Guns N’ Roses tocó por primera vez en Troubadour, donde les descubrió su futuro representante.

Ya una vez en la década de los 80, cuando el heavy metal arrasó en el sur de California, Troubadour se convirtió en el escenario de los primeros conciertos de Slayer, Metallica y Motley Crue. Posteriormente el club acogió espectáculos de pop británico, grunge y rock alternativo de Foo Fighters, Queens of Stone Age, Melvin, Dave Mathews, White Stripes, Bon Iver y Weezer. Hoy día, algunos de los que actúan bajo el icónico cartel de neón del establecimiento, son artistas emergentes del Reino Unido -Radiohead, Coldplay, Bastille, Franz Ferdinand y Arctic Monkeys-, bandas de música punk/hardcore -Billy Talent, Papa Roach, Bad Religion y Rise Against- y cantautores como Fiona Apple.

Troubadour se ha consolidado como un club independiente, que ha sido testigo del fracaso de establecimientos que han cerrado o han sido absorbidos por grandes promotoras, como Live Nation y AEG. Ahora, con la crisis sanitaria del coronavirus, su propietario, Ed Karayan, -que tomó las riendas del club tras la muerte de Doug Weston en 1999- ha tenido que apretarse el cinturón. Lo que comenzó con un proceso de incertidumbre, siguió con la obligación de cancelar conciertos y el posterior cierre de la sala el pasado 11 de marzo.

En este tiempo, Christine Karayan, gerenta general del club, se ha visto obligada a despedir a casi veinte empleados, quedando solo tres en nómina. Para evitar que Troubadour desaparezca del todo, ha abierto una página en GoFundMe llamada Fondo de ayuda para los empleados de Troubadour, que ha recaudado desde el día 2 de abril casi 70.000 dólares gracias a un millar de donantes.

Christine Karayan cree que estas donaciones provienen de multimillonarios que desean repartir su fortuna, o aficionados que quieren con todas sus fuerzas que el club sobreviva. «Vamos a necesitar toda la ayuda posible, venga de donde venga», ha comentado la gerenta general de Troubadour en una entrevista concedida a Los Angeles Times.

«Sabemos que habrá un montón de establecimientos que no saldrán adelante tras la crisis sanitaria, de hecho muchos no podrán sobrevivir, y nosotros solo buscamos sobrevivir, como todos los demás», asegura Christine Karayan. Si el club no logra salir adelante, el concierto que dio en marzo Glass Animals sería el último de su historia.

En California han puesto en marcha un plan de desescalada que sitúa a las salas de conciertos en la cuarta y última fase, tal y como anunció su gobernador Gavin Newsom. Cuando llegue ese momento, estos establecimientos solo podrán llenar el 25% de su aforo, algo que Christine Karayan considera que «no hace viable la reapertura del local». A pesar de que los grandes clubs pueden controlar que los asistentes mantengan la distancia de seguridad, esta no es una opción para Troubadour, que tiene una capacidad para solamente 500 personas.