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ToteKing: "Cuando yo llegué, Guns N' Roses sonaba en todos lados y el rap no existía"

El primer libro del sevillano ya va por la cuarta edición, y se ha convertido en una auténtica revelación durante el confinamiento.

EP

Antes de que el mundo entero se sumiera en el aislamiento que precipitó la Covid-19, llegó a las librerías el 4 de marzo Búnker, el debut literario del rapero sevillano ToteKing. «El libro parece un vaticinio del coronavirus, y puede que alguien lo haya comprado porque pensara que tuviera relación con la cuarentena», cuenta en una entrevista concedida a El Independiente.

Sin embargo, este título se refiere al carácter y la forma de ser del rapero: «Siempre he estado encerrado. Aunque me considero una persona normal, que sale a la calle y ha jugado al baloncesto, tengo un carácter muy cerrado». ToteKing ha confesado que tiene un estudio en su casa que hace las veces de búnker cuando necesita alejarse de todo y grabar. El rapero comenzó a escribir Búnker cuando su padre cayó gravemente enfermo, momento que también afrontó en soledad. «Cuando sabía que lo iba a perder, me encerré el triple», recuerda.

En el capítulo introductorio titulado Odio, que podría considerarse más una canción que una pieza narrativa, ToteKing desgrana todas las cosas que le producen ese sentimiento. Una de ellas es que el lector de su libro tenga padre y él no. «Describo la impotencia, el odio y la rabia que sentí al ver que le perdíamos». Pese a que la lista de cosas que odia es larga, ToteKing anima a llegar al «capítulo contrario» en el que manifiesta que «en realidad no odio tanto las cosas de las que hablo».

Para conocer al rapero de hoy, tenemos que remontarnos a la Sevilla de la década de 1980 en la que se crió, la cual define como «más cerrada de la que hay ahora». Considera que la capital andaluza de su infancia no toleraba movimientos estéticos «diferentes» a los que se suponía que eran normales. El ToteKing adolescente llevaba el pelo largo y vestía camisetas de Metallica, lo que levantaba las miradas de los viandantes, y hacía que sus amigos y él «nos sintiéramos juzgados». Por otro lado, confiesa haber vivido cosas maravillosas y haber encontrado «ambientes ocultos de gente como yo, que era más curiosa y rara».

Ahora es un hombre de 41 años que echa de menos la época del instituto, en la que «eres más joven y disfrutas la vida de verdad». Aunque describa la infancia y la adolescencia como un tiempo en el que «no te da miedo ir al médico porque sabes que estás sano», afirma sentirse «muy privilegiado» ya que le ha ido muy bien en la música y vive «la vida que quiere».

Lamentablemente, los buenos tiempos de la infancia y el momento dulce que vive el artista, se ven empañados por recuerdos «feos y llenos de remordimientos» que se le vienen a la mente de manera aleatoria. «Tengo una cabeza muy obsesiva, y desde que me levanto me dispara momentos vergonzosos del pasado que revivo una y otra vez». ToteKing fue diagnosticado de Trastorno Obsesivo Compulsivo, afección mental para la que se medica. En uno de esos crudos momentos que su mente revive, aparece él semidesnudo, dispuesto a abrir la puerta esperando a ver a su hermano, y, en su lugar, se encuentra al cartero. «No sé cómo funciona mi cabeza, pero me proyecta recuerdos desagradables constantemente», confiesa.

«El rap permite una libertad absoluta a la hora de componer»

«Entré en contacto con la música en mi casa. Mi madre tenía una colección de vinilos acojonante», recuerda. Por otro lado, su padre era un apasionado del jazz, género que ahora ToteKing escucha con más frecuencia. Recuerda trastear en un mueble en el que hojeaba libros y ponía discos como Between the Buttons de The Rolling Stones o Machine Head de Deep Purple.

El rap llegó un poco después, concretamente cuando Rage Against The Machine publicó un disco que mezclaba el género al que ToteKing iba a dedicar su vida, con su amado rock. «Yo venía del rock y descubrí a una banda que juntaba los dos géneros». Poco después, montó un grupo con varios amigos «sin pretensiones» y descubrió que «el rap permite una libertad absoluta a la hora de componer», y es algo «que me sigue gustando y enganchando».

Al igual que fue juzgado cuando llevaba camisetas de grupos de heavy metal, se sintió aun más incómodo con las miradas acusadoras que le lanzaban al imitar la vestimenta de sus raperos favoritos. Su Sevilla natal ya se había acostumbrado al rock, lo que quedó claro después de que algunos grupos tocaran en una plaza de toros que estaba hasta arriba. «Cuando yo llegué, Guns N’ Roses sonaba en todos lados y el rap no existía». Recuerda que algunos grupos habían trabajado en maquetas de rap mientras otros pintaban grafitis. «Cuando nos tocó abrir el camino a SFDK y a mí, la gente que te veía con pantalones anchos se limitaba a reírse», relata ToteKing.

Su carrera como rapero dio comienzo a la par que inició sus estudios de Filología Inglesa en la Universidad Sevilla. ToteKing declara haber compaginado de la mejor manera que pudo ambas cosas, si bien le «molestaban algunas asignaturas», como la semántica. Sin embargo, confiesa que la literatura le encantaba y que un «buen profesor hacía que lo disfrutara muchísimo». Aunque llegó un momento en que continuaba estudiando para «complacer a mis padres» y solo acudía a las clases en las que «no me quedaba dormido», de esas lecturas obligatorias sacó algunas ideas para las letras de sus canciones. En su etapa universitaria, en la que se recuerda «muy infantil», no concebía que fuera a escribir un libro, puesto que «me dedicaba al rap».

Ahora, ToteKing está trabajando en una nueva novela: «Llevo unas 60-70 páginas. Estoy muy contento y voy muy lanzado. No sé si la idea será buena después de un año, pero voy con calma, sin prisa y disfrutando mucho», nos cuenta el rapero a modo de despedida.

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