Música Pablo Sánchez (Ciudad Jara) hace balance de los tres meses de una cultura segura

"El público está más cerca que nunca del artista"

Ciudad Jara

Han pasado seis meses desde que la crisis del coronavirus paralizara gran parte de los sectores económicos, entre ellos el de la música. La agenda de conciertos y promoción que tenían todos los artistas del mundo fue cancelada o aplazada, lo que supuso también una pérdida de los ingresos estimados.

Para más inri, al tratarse de una situación que no había experimentado la industria hasta este momento, los profesionales que viven de ella se han visto afectados también a nivel personal y emocional.

Tal es el caso de Ciudad Jara, grupo encabezado por Pablo Sánchez, quien ha contado a El Independiente que la pandemia fue un auténtico «coitus interruptus».

Y es que esta banda estaba a punto de darse a conocer con su primer trabajo antes de que el coronavirus paralizara el mundo: «Íbamos a salir, pero nos tuvimos que quedar en casa antes de presentar nuestro proyecto». Sin embargo, como Ciudad Jara hay muchos. «Estamos en una situación muy similar todos», señala el cantante.

Gracias a una desgracia, hemos descubierto que nos gusta el formato acústico e íntimo

«Nos afectó como a todos los grupos y a todos los sectores laborales del país, todos los planes que teníamos y el calendario se nos desmontó». Esto provocó un efecto en cadena que tocó de lleno a todos los que dependen del sector cultural y del grupo en concreto, que eran incapaces de tomar decisiones a largo plazo como la organización de conciertos y la contratación del personal.

Con el fin del estado de alarma el 22 de junio, le llegó el momento tanto a Ciudad Jara como a otros artistas, de mostrar sobre los escenarios los avances que fueron atesorando durante la pandemia, con un formato acorde a ella. «Empezamos a tocar en lugares con aforo de 150 personas, por lo que no pudimos subirnos todos al escenario y nos vimos obligados a adaptar nuestro repertorio para que fuera acústico», recuerda Sánchez. Por el contrario, esto ha fomentado la organización de conciertos más cercanos e íntimos, en los que «la gente puede hablar y nosotros también».

Sí que es cierto que el primer día que se subió con un par de músicos al escenario, el cantante creyó estar viviendo una pesadilla: «Estaba allí presentando el disco, con gente que tiene una mascarilla que no me permitía ver si lo que estaba haciendo le estaba gustando».

Por suerte, el segundo día se encontraron con más energía y emoción, ya que afrontaron la situación como si de «camaleones» se tratasen. «Gracias a una desgracia, nos está encantando el formato acústico e íntimo».

Después de los férreos tres meses de confinamiento, lo que se está haciendo más duro para los músicos que se han subido este verano al escenario, es no poder interactuar con su público sin quebrantar la distancia social. Sobre todo en este año en que los viajes y desplazamientos han sido a nivel nacional, e «igual venía uno de Albacete» y no le podías dar las gracias «ni con un buen apretón de manos».

Yo me sentía más seguro sabiendo que no estaban levantados

Pese a ello, esta circunstancia fomentada por la pandemia ha provocado que el público esté «más cerca que nunca del artista» y que se «desmitifique y democratice la música», puesto que la única forma que tienen los artistas de estar en contacto con su público es a través de las redes sociales.

Pablo Sánchez ve esto como una nueva forma de relacionarse con sus fans, a la que se tienen que adaptar todos los músicos: «Quiero que la gente sienta al artista alejado de su ego, puesto que todos van a tener que tocar en recintos con restricciones de aforo».

La pandemia, un castigo que ha forzado la reinvención

Los conciertos que ha habido este verano han sido fruto de la colaboración de artistas, organización y público. En estos eventos había personal en el recinto controlando que la gente no se levantase ni se quitase la mascarilla.

Aunque estas restricciones «quitan magia al momento», los de Ciudad Jara fueron conscientes de que esa era la única forma de llevar el concierto a cabo. «Yo me sentía más seguro sabiendo que no estaban levantados».

«No quiero que se levanten y se besen, quiero que se vuelvan a casa y no pase nada. Queremos que la cultura no se encierre y que sea una herramienta segura», cuenta Pablo Sánchez. Por suerte, este ha sido el modus operandi de los espectáculos en directo de este verano, salvando los casos de Taburete y lo acontecido esta misma semana durante una fiesta con dj en La Riviera.

Ciudad Jara, que ha podido tocar en directo, es consciente de que en general, esto no está pasando, y que su labor es conseguir que la cultura siga siendo segura. «Yo he ido como artista y como público y me encantó ver el concierto, en ningún momento me entraron ganas de saltarme las normas», cuenta Sánchez.

De momento, Ciudad Jara tiene previstos siete conciertos. La semana que viene en Leganés, una cita que se han visto obligados a posponer en dos ocasiones y que están deseosos de cerrar el año tocando en la capital. «No podemos hacer planes a largo plazo, porque si hacemos algo puede que haya cambiado. Nos reinventamos cada semana, creando algo nuevo todo el grupo «. Ciudad Jara no se va a callar.

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