Las primeras imágenes de la nueva serie de HBO La conjura contra América presentan a tres personajes históricos. El primero de ellos es Charles Lindbergh, que aparece preparándose para volar subido al Spirit of St. Louis desde Nueva York a Francia, en el que es el primer vuelo transatlántico sin escalas del mundo. Tras treinta y tres horas y media de trayecto, Lindbergh se convierte en el símbolo estadounidense por excelencia. Sus ojos reflejan un brillo que es sinónimo de liderazgo.

En segundo lugar está Franklin Delano Roosevelt, el 32º presidente de Estados Unidos, que asumió el cargo en plena Gran Depresión, y cuyos programas económicos rescataron a los ciudadanos de la recesión. Un letrero en un mitin de campaña dice: “Los tiempos son difíciles. El final está cerca. Vote a Roosevelt y no tenga miedo».

Por último, la serie nos lleva a Alemania, donde Adolf Hitler y el Partido Nazi están en su mejor momento. En las imágenes, pueden verse manifestaciones y grupos de niños que alzan las banderas nazis y de los Estados Unidos. Sin embargo, después aparecen aviones de combare disparando desde el cielo, marchas masivas iluminadas por antorchas, quema de libros y, finalmente, escenas de violencia antisemita a la vez que entra en funcionamiento la persecución anterior al Holocausto, la Kristallnacht.

La conjura de América es una miniserie de seis episodios que sigue las andanzas de una familia judía de Newark (Nueva Jersey) en los Estados Unidos de los años 40. Roth proponía una mirada alternativa a la historia reciente de su país, en la que el ya mencionado Charles Lindbergh, héroe nacional tras haberse convertido en el primer aviador en cruzar el Atlántico de oeste a este, derrota en las presidenciales a Franklin D. Roosevelt.

Casi todo el primer episodio gira en torno a esta familia judía y su comunidad, en junio de 1940. El padre, Herman (Morgan Spector) es el héroe anónimo americano; Zoe Kazan (nieta de Elia Kazan) da vida a Bess, en su papel de perfecta madre y sostén de retaguardia de la familia típica de la época; y Anthony Boyle es el tío Alvin, el héroe (o no tanto) de guerra, que se alista en el ejército canadiense para poder participar en la guerra. A pesar de que esta familia tiene unos problemas que entran dentro de lo normal, la tensión va acrecentándose tanto cultural como políticamente.

Una mañana, la familia se desplaza a un barrio que podría ser su nuevo hogar. Sin embargo, una vez allí, pasan por una concurrida cervecería alemana. Mientras Herman los mira, murmurando «Hijos de puta» y «Bastardos fascistas», puedes escuchar los gritos de los clientes: «¡Vuelve a la calle Delancey!» «¡Vuelta equivocada!» «¿Qué estás mirando?» Si los Levins se mudaran a Union, probablemente serían la única familia judía en el vecindario. ¿El mejor escenario? Serían ignorados, como Bess cuando creció en una situación similar. ¿El peor caso? Estarían en peligro inmediato.

El naciente antisemitismo pronto recibe un sello de aprobación de nada menos que Charles Lindbergh, quien pronuncia un discurso en un mitin del Primer Comité de América, la más importante organización contraria a la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, en el que insiste firmemente en que los judíos estadounidenses son agitadores de guerra, etiquetándolos como «otros pueblos». Herman escucha esto en la radio y explota, pero pronto todo el vecindario está en las calles discutiendo la retórica antisemita de Lindbergh, y la gran posibilidad de que se postule para presidente.

Como colofón final, la serie nos traslada a una sala de cine estadounidense, en la que Herman está contemplando las imágenes de noticieros nazis, en los que se ve como ván apoderándose poco a poco de toda Europa. Puede verse a oficiales alemanes rodeando a judíos y otros indeseables en Polonia, para «separarlos» de la población general.