A la espera de los grandes nombres, el nombramiento de Carmen Montón como ministra de Sanidad ha pasado algo desapercibido entre la vorágine informativa. Sin embargo, es una designación con mensaje. Contra la homeopatía. La hasta ahora consejera de Sanidad de la Comunidad Valenciana se ha mostrado en infinidad de ocasiones beligerante con este tipo de prácticas, que constituyen una «medicina alternativa» aceptada por parte de la sociedad, que se entrega a ella en perjuicio de los tratamientos clásicos, y que es fuertemente rechazada por la mayoría de la comunidad médica y científica.

«Permitir que la homeopatía se venda en las farmacias como medicamento genera confusión y riesgo social, para la salud y para la economía de las personas», dijo la ahora ministra, Carmen Montón, en El País hace menos de dos meses. Reaccionaba a la intención del ministerio de Sanidad de reactivar la regulación de estos productos con una normativa que Bruselas exige desde 2001, pero que en España nunca se ha llegado a aprobar.

La orden es necesaria, pero la oposición en bloque consideró que los términos en los que pretendía sacarse adelante eran demasiado beneficiosos para la industria homeopática, basada en el principio «lo similar cura lo similar», y que funciona a base de disoluciones en agua de sustancias similares a las que provocan ciertas enfermedades. La comunidad científicar en su mayoría rechaza tanto su efectividad como su comercialización, aunque existen asociaciones y sociedades muy activas en el lobby a favor de estos productos.

Vacío en las arcas

Actualmente, se comercializan en España más de 14.000 productos homeopáticos distintos, incluso en farmacias, sin pagar tasas de ningún tipo. Se aprovechan de un limbo legal producido por los reiterados fracasos a la hora de sacar adelante la regulación sobre el tema. Un vacío que representa aproximadamente 1,2 millones de euros que el Estado deja de ingresar al año. Actualmente, estos productos se venden como medicamento en farmacias, aunque no está permitido indicar ni en las cajas ni en los prospectos sus indicaciones terapéuticas concretas en caso de que no estén probadas en estudios clínicos. Además, los productos deben probar su inocuidad. En otras palabras: aunque no curen, se permite su venta siempre que no hagan daño.

La homeopatía carece de evidencia científica, su consideración como medicamento supone un riesgo’, dijo Montón hace una semana

«Pedimos que no haya rebaja ni condonación de las tasas, que suponen 1,2 millones de euros. No podemos permitir que se perdone ese dinero a un producto como la homeopatía que además no produce ningún beneficio», decía en el reportaje la ministra Montón, que abogaba además por «desterrar» la homeopatía de las farmacias.

Hace justo una semana, Montón se refería con igual dureza a este mismo tema en unos desayunos informativos de Europa Press: «La homeopatía debe estar fuera, carece de evidencia científica. Por eso, su consideración como medicamento supone un riesgo». Además, en declaraciones al portal ConSalud, se mostró contrariada por el hecho de que el presidente de la Asociación Española de Médicos Naturistas formara parte de la candidatura ganadora del Colegio de Médicos de Valencia: «Dentro de España, el Colegio de Médicos de Valencia es una isla».

En el panorama sanitario español, los principales defensores con los que cuenta la homeopatía sobreviven en los colegios farmacéuticos, precisamente quienes engloban a quien más se aprovecha de los beneficios de su venta. Algunas entidades territoriales han organizado en los últimos años jornadas destinadas a su promoción, organizadas por algunas de las multinacionales más importantes del sector.

La guerra contra la homeopatía trasladada ahora al ministerio de Sanidad sigue la línea de la que ya se ha desarrollado en las universidades. Esta semana se ha confirmado que la Universidad de Salamanca, la única en la que la homeopatía resistía como asignatura académica en estudios oficiales, ha eliminado la materia de sus programas formativos. En el pasado, casi una decena de centros universitarios han contado entre su oferta con este tipo de especialidades, que han ido desapareciendo progresivamente de los planes de estudio.