El doctor Thomas Massaquoi se coloca una mascarilla antes de tratar a enfermos de ébola. EP | UNIVERSIDAD DE GLASGOW

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Convivir con el ébola y el Covid-19: el Congo ante el peor escenario de salud pública del mundo

Estos dos virus confluyen en un Estado mermado por otras enfermedades, como el sarampión, y con la presencia de grupos de milicianos. Los que huyen del conflicto armado dificultan el rastreo de los casos, especialmente los de coronavirus

El área de Beni celebraba el pasado 3 de marzo el alta de Semida Masiko, la última infectada por ébola en República Democrática del Congo (RDC) hasta ese momento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció entonces un periodo de seguridad, hasta el lunes 13 de abril, en el que no debían notificarse nuevos contagios para poder declarar que la epidemia había sido erradicada en el país. 42 días.

Tres jornadas antes de que se cumpliese esta fase, el pasado sábado día 10 de abril, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, confirmó que se había registrado un nuevo caso de ébola, también en Beni, en la provincia de Kivu del Norte. Esta enfermedad, que llegó al Estado africano en agosto de 2018, se ha cobrado la vida de 2.266 personas del total de 3.351 contagiados confirmados, de acuerdo con los datos del Ministerio de Sanidad dela República Democrática del Congo.

«Hoy [10 de abril], el Comité de Emergencia sobre el ébola en República Democrática del Congo ha vuelto a reunirse y ha decidido que el brote todavía constituye una emergencia de salud pública de interés internacional. Si bien existe un bajo riesgo de propagación internacional, la respuesta aún requiere coordinación y apoyo internacional», explicaba la escisión de la OMS para África en su cuenta de Twitter.

El ébola es menos contagioso que muchas otras enfermedades virales, pero tiene una «tasa de mortalidad» muy alta, de entre el 50% y el 90% en sus cepas más letales, según indica Médicos Sin Fronteras. Las zonas de Beni y Butembo, en Kivu del Norte, además de a las provincias de Kivu del Sur e Ituri, son las regiones más afectadas del Congo por esta enfermedad.

Esta epidemia recibe su nombre por el río Ébola, cercano a Yambuku (Zaire, actual República Democrática del Congo), donde se localizó en 1976 el primer brote la enfermedad, simultáneamente al registrado en el pueblo de Nzara (hoy Sudán del Sur). Este virus se instaló en focos «básicamente rurales con muy poco contagio y mucha mortalidad», asegura Rafael Vilasanjuan, director de Análisis y Desarrollo de ISGlobal.

El hallazgo de un nuevo caso de ébola agrega una capa de complejidad a un contexto ya difícil»

Geoffrey Denye Kalebbo (WV)

«Todo esto cambió con la epidemia de 2014: es entonces cuando el ébola genera un amplio contagio porque entra en las ciudades», señala Vilasanjuan. El brote que tuvo lugar entre 2014 y 2016 en África Occidental fue «el más extenso y complejo desde que se descubrió el virus en 1976», indica la OMS, dado que hubo más casos y más muertes en este brote que en todos los demás juntos. La enfermedad se propagó a diferentes países: empezó en Guinea y después accedió a través de las fronteras terrestres a Sierra Leona y Liberia.

Y en agosto de 2018, llegó a República Democrática del Congo. «Las cifras de mortalidad cayeron drásticamente, así como las de contagio», porque al año siguiente se empezaron «a hacer ensayos clínicos para frenar el virus, a través de una vacuna terapéutica, es decir, que no solamente era preventiva sino que además curaba», afirma Vilasanjuan.

«El hallazgo de este nuevo caso de ébola agrega una capa de complejidad a un contexto ya difícil. Responder a esta enfermedad requiere que los contactos sean rastreados y llevados a los centros de salud lo antes posible. El rastreo de contactos precisa que un gran número de trabajadores de salud comunitarios se muevan en el campo para encontrarlos», explica para El Independiente Geoffrey Denye Kalebbo, responsable de Comunicación en Emergencias de World Vision en la RDC.

«A los equipos de respuesta al ébola les resultará más difícil rastrear contactos en un contexto donde los dos contagios coexisten», asegura el representante de World Vision. Y sentencia: «Abordar estos dos contagios mortales en una situación de conflicto planteará desafíos sin precedentes, incluso para una comunidad que hasta ahora ha sido testigo de las peores formas de crisis».

«Abordar estos dos contagios mortales en un contexto de conflicto planteará desafíos sin precedentes para una comunidad que hasta ahora ha sido testigo de las peores crisis»

Geoffrey Denye Kalebbo (WV)

En esta coyuntura tan complicada por la incidencia del ébola, pero también de otras enfermedades como el sarampión, entra en escena el coronavirus, que ahogará aún más a un sistema sanitario ya de por sí mermado. «Los trabajadores de la salud, las instituciones y los sistemas en estas áreas se han extendido significativamente para abordar el ébola durante los últimos 18 meses», refleja Kalebbo.

En áreas como Beni e Ituri, dos de las zonas más afectadas por el ébola, que además tienen una fuerte presencia de milicias armadas, la propagación del coronavirus «sería catastrófica para los centros de salud que a menudo dependen de la ayuda internacional», afirma. Este área mostró altos niveles de desconfianza durante la crisis del ébola, una «resistencia que condujo a aproximadamente 424 ataques a la atención médica, sólo en 2019», denuncia Kalebbo.

En todo el país, que tiene una población de 78,7 millones de habitantes, se han registrado 307 casos de coronavirus en las provincias de Ituri, Kinshasa, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Kwilu, aunque la mayor incidencia se encuentra en la capital, Kinshasa. Además, ya han muerto 25 personas, aunque los datos en los Estados subsaharianos -excepto en Sudáfrica– tienen que cogerse con pinzas por la escasez de medios con los que cuentan para medir la expansión de este virus.

La huida del conflicto armado dificulta el rastreo

Una mujer pela guisantes mientras un contingente de cascos azules realiza una misión de reconocimiento en Mutaho. EFE

El Congo, como otras naciones del continente, se ve amenazado por la «presencia de múltiples grupos armados», como señala el experto de World Vision. «Los picos de conflicto en el extremo oriental de la RDC a menudo son impredecibles», explica a este diario.

Estos actos violentos sostenidos en el tiempo han provocado que muchas personas hayan tenido que huir corriendo de sus hogares a un lugar seguro. «Si esto sucede cuando hay dos crisis de esta naturaleza [ébola y coronavirus], se incrementaría el riesgo de propagación de las dos enfermedades; sería mucho más difícil rastrear a los pacientes; aumentarían las amenazas a los sanitarios y los costos para responder a las crisis en tales contextos», analiza Kalebbo.

Según el Plan de Respuesta Humanitaria para 2020, RDC tiene la mayor población de desplazados de África: entre octubre de 2017 y septiembre de 2019, se movilizaron 5,01 millones de personas. «La mayoría de los que viven en el este de la RDC huyen del conflicto», indica el portavoz de WV, y a menudo se trasladan a «las aldeas vecinas donde encuentran amigos o familiares con los que pueden vivir durante un tiempo».

Tienen un acceso extremadamente limitado a lo básico»

Geoffrey Denye Kalebbo (WV)

«A la larga, son una carga para las comunidades de acogida, que ya están experimentando inseguridad alimentaria o, a veces, escasez de agua. Cuando huyen, en ocasiones no pueden acceder a las instalaciones de salud y, en la mayoría de los casos, los niños están separados de sus familias. Las familias de bajos ingresos pierden sus pertenencias mientras huyen de los conflictos», evidencia Kalebbo.

«Tienen un acceso extremadamente limitado a lo básico y, como lo demostró la respuesta al ébola, es increíblemente difícil dotar a las personas con servicios [sanitarios] e información mientras hay combates e inseguridad, especialmente si se esconden en áreas remotas que a menudo carecen de infraestructuras viales», refleja este responsable de Comunicación en Emergencias.

Un país con un futuro limitado

Un niño se asoma desde el cuarto de su casa, localizada en el barrio de Kasikko, a las afueras de la ciudad de Goma. EFE

Los que más sufren los estragos de tener que desplazarse son los niños: «Con interrupciones continuas en la vida escolar, algunos niños abandonan el colegio y se unen a grupos de la milicia, se casan antes de tiempo o se incorporan al mercado laboral, donde están expuestos a la explotación y a todo tipo de abusos».

Además, la población infantil ha sido también víctima del ébola, ya que el 30 por ciento de los contagiados de esta enfermedad en el Congo fueron niños: un total de 979 niños estaban infectados, 7,633 se vieron separados de sus familias y 2,579 se quedaron huérfanos, según Unicef. En un estudio realizado por World Vision, en el que participaron 139 menores, éstos indicaron que se encontraban «tristes, temerosos, aislados y separados», como resultado del sufrimiento generado por el conflicto y el ébola.

«Cuando los padres y cuidadores mueren, los niños pierden una capa de protección y se vuelven altamente susceptibles a la violencia y el abuso, incluidas las niñas que se casan antes de estar listas o los niños reclutados en grupos de la milicia, en un país con más de 30,000 niños soldados», evidencia Kalebbo.

El brote de sarampión, que comenzó en 2019 y todavía sigue activo, había infectado al menos a 320.000 personas y ha matado a otras 6.000, por lo que casi triplica el número de fallecidos por ébola. «La crisis del ébola está dejando en su camino efectos socioeconómicos y psicológicos duraderos en los niños y sus comunidades», refleja el portavoz de World Vision.

Sin embargo, indica que es importante tener en cuenta las lecciones que se han adquirido por la crisis del ébola y que no desaparecerán: «La gente ha aprendido sobre la higiene y cómo puede ayudar a mantener alejadas las enfermedades mortales. Las comunidades han aprendido que tienen un papel que desempeñar para mejorar su salud y bienestar».

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