Para darnos cuenta de cómo el coronavirus se ha apoderado de nuestras vidas, y así queda para la posteridad, no hay más que ver las portadas de los principales diarios nacionales, y gran parte de los internacionales, en las que las noticias versan sobre la pandemia y de sus consecuencias. The Washington Post titula a toda plana: «El desempleo en EEUU supera los 22 millones» (por las consecuencias del Covid-19). También es la principal noticia del alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. En el Financial Times entrevistan en exclusiva al presidente francés, Emmanuel Macron, quien advierte que «sin solidaridad financiera la Unión Europea peligra». Todos los diarios impresos y digitales en España se focalizan en el coronavirus.

Muy diferente era el mundo hace apenas tres meses; no había ni rastro del coronavirus en las portadas en España. Hace dos meses aparece en La Vanguardia el principal titular que decía que China ocultó 15 días la gravedad del virus y en El Periódico una fotonoticia con la imagen de un crucero varado en Yokohama por contagios. Anuncia que la economía puede contraerse un 0,2% por el coronavirus.

El mundo parece que se ha detenido y solo existe el coronavirus y todo lo que explica su origen, sus efectos en la vida de los enfermos y de los sanos, y las consecuencias económicas, sociales y políticas. En todo el planeta.

Todo conflicto va a sufrir el efecto expansivo del coronavirus. Ya no podemos hablar de guerra ni de paz sin tener en cuenta al Covid-19. Las guerras olvidadas yacen sepultadas en un olvido aún más profundo. Quedan fuera de foco todos aquellos sucesos, desde el Brexit, que nos ha ocupado tan intensamente durante más de tres años, hasta los incendios en Australia.

Las protestas en Argelia, o en Irak, quedan en suspenso, aunque en muchos casos será una pausa, antes de un estallido mayor, y hasta las plegarias o los ritos religiosos, como el Ramadán que empieza la semana próxima, sufrirán una gran transformación.

El Brexit a cámara más lenta

Después tres años de agonía, el Reino Unido cerró el Acuerdo de Salida de la Unión Europea, con un flamante primer ministro al frente del país. Boris Johnson cumplió, tras lograr una contundente victoria en las urnas en diciembre de 2019. La salida se hizo efectiva, por fin, el 31 de enero de 2020.

Arrancó entonces un periodo de transición que habría de concluir el 31 de diciembre de este año. Boris Johnson se había comprometido a no pedir más prórrogas.

Quedaba menos de un año, en realidad seis meses, para fijar las bases de las relaciones entre la UE y el Reino Unido. El límite temporal que Boris Johnson se había marcado era imposible de cumplir. Los tratados de este tipo tardan en lograrse varios años.

Ya antes la Unión Europea estaba dispuesta a aceptar una ampliación de este periodo transitorio, pero tendrá que pedirlo Boris Johnson y desdecirse, algo que ya ha hecho otras veces sin gran problema. Han seguido las rondas de negociaciones, por videoconferencia la última vez, ya reincorporado del coronavirus el jefe negociador de la UE, Michel Barnier.

Protestas en suspenso

En numerosos países donde había manifestaciones constantes la indignación sigue ahí, pero en hibernación. En Argelia, donde las protestas que se habían prolongado durante 56 semanas, quedaron en suspenso el pasado 20 de marzo por el aumento de contagios y el riesgo de las concentraciones de gente. Hasta ese momento habían sido pacíficas y persistentes. El grito en las calles argelinas se levanta contra un sistema corrupto y anquilosado.

Esta pandemia acelera todos los procesos en marcha… Las protestas quedan paralizadas… pero no han desaparecido las causas ni las ganas de salir», dice Haizam Amirah Fernández

«Esta pandemia cambia todo lo que se había pronosticado en la región. Acelera procesos en marcha. Las protestas están paralizadas: en Argelia, el Líbano, Irak… Pero no han desaparecido las causas ni las ganas de salir a manifestarse. Cuando ocurra será con más intensidad», afirma Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Apunta Haizam Amirah cómo «las fuentes de ingreso están en caída libre en todos los países: hidrocarburos, sector agrícola, transporte, turismo, grandes eventos.. Está cayendo la demanda externa e interna… Los grandes eventos se postergan, como la gran Exposición de Dubai, lo que se anunciará la semana próxima».

Hay riesgo de que colapsen las estructuras del Estado en varios de estos países como el Líbano, o Irak, donde ya han elegido el tercer primer ministro en diez semanas, y donde continúan las protestas en las calles.

Ya se han cobrado 600 muertes sin que en Occidente prestemos atención. Tanto es así que cuando el fotógrafo Ricardo García Vilanova intentó vender imágenes de las protestas no encontró medios interesados. Una de estas imágenes de las protestas acaba de ser premiada en el World Press Photo 2020. Las ganas de salir a las calles persisten, y más razones habrá.

También en Irán el coronavirus irrumpió cuando el régimen llevaba meses reprimiendo a quienes se atrevían a encararse con el régimen de los ayatolás. Es uno de los países que ya sufría una crisis económica durísima, agravada por la ruptura del acuerdo nuclear y las sanciones de EEUU.

Los iraníes estaban convocados a elecciones legislativas el 22 de febrero, pero apenas un 30% votó, si bien el gobierno había intentado contener las noticias sobre el coronavirus para favorecer que los iraníes acudieran a las urnas. Los radicales salieron reforzados.

Guerras olvidadas y eternizadas

Algunos ven un rayo de esperanza en las anunciadas intenciones de Arabia Saudí de buscar una salida a su intervención en Yemen, donde se vive el sexto año de una guerra de la que pocos se acuerdan. Ahora hasta la ONU suspende parte de su ayuda por sospechas en su distribución. Según la propia ONU, Yemen sufre «la peor crisis humana del mundo».

Como recuerda Nawal al Maghafi en BBC, la guerra de Yemen es la guerra olvidada en el olvido. En Yemen la población no solo se enfrenta a los combates entre hutíes, apoyados por Irán, y Arabia Saudí. Han sufrido varias epidemias, entre ellas el cólera en 2016. «Era descorazonador ver cómo la gente que había contraído la enfermedad no tenía hospital donde curarse», escribe Nawal al Maghafi. Imagínense si el coronavirus se expande. Ya se ha registrado el primer caso.

Acababa de anunciarse un alto el fuego este mes, lo que había sido bien recibido por la población civil, si bien los hutíes no parecen dispuestos a claudicar ahora que parecen avanzar. El 16 de abril volvieron las bombas, de modo que el alto el fuego se evaporó como un sueño. De cualquier manera, la destrucción después de seis años de guerra es tan devastadora que el país necesitará muchos años para recuperarse. Y por si todas las plagas fueran pocas llega el coronavirus.

Era descorazonador ya en 2016 ver cómo la gente que contraía el cólera no tenía hospital donde ir», señala Nawal al Maghafi

Si bien la atención mediática sobre Siria es mayor que en el caso de Yemen, no deja de ser una guerra que se eterniza ante nuestra indiferencia. Antes de la megacrisis del coronavirus, Siria llamó nuestra atención por la tensión entre Turquía y las fuerzas del dictador Assad, apuntalado por Rusia.

De momento el alto el fuego, acordado el 5 de marzo, en Idlib, el último bastión rebelde, al noroeste de Siria, se mantiene pero pende de un hilo. Turquía había enviado miles de efectivos a la frontera para intentar impedir una ofensiva del régimen de Assad en Idlib.

Cerca de un millón de personas, que se hacinan en tiendas en las inmediaciones de Idlib, se ven atrapadas entre los bombardeos, ahora en suspenso, y la amenaza del coronavirus.

García Vilanova, fotógrafo que lleva cubriendo Siria desde el principio de la guerra, señala cómo ahora las potencias que juegan en el tablero sirio, Estados Unidos, Rusia, Turquía, Irán, se dejan ver claramente sobre el terreno. «Todos han ganado en Siria, salvo los sirios», señala el fotógrafo, que ha reunido su obra sobre Siria en Fade to Black.

En el caso de Libia los combatientes sirios, enviados por Turquía, llegaron para respaldar al gobierno apoyado por la comunidad internacional (el secretario general de la ONU ha llamado al alto el fuego global) en su intento de frenar la ofensiva que lidera Jalifa Haftar, al que ayudan Emiratos y Egipto. Hay llamamientos de la comunidad internacional a un alto el fuego, que podrían atenderse de forma puntual. Es posible que todas las partes lo aprovechen para recobrar las fuerzas.

Apunta Haizam Amirah Fernández cómo en algunos casos hay colaboración, forzada por las circunstancias, como en Gaza entre la Autoridad Nacional Palestina, Hamas e Israel, donde parecen abocados a nuevas elecciones después de que Netanyahu y Gantz hayan fracasado en sus intentos de formar gobierno.

En un artículo titulado El coronavirus en los países árabes: ¿tormenta pasajera, oportunidad de cambio o hecatombe regional? el investigador señala que «la pandemia ofrece a los países árabes una oportunidad para negociar nuevos contratos sociales en un momento en que el virus SARS-CoV-2 ha pausado las protestas anti-régimen. Por el momento, no hay signos de que eso vaya a ocurrir. Varios países árabes de los más poblados son una olla a presión».

Y añade: «Otra oportunidad que abre la actual pandemia es el cese de combates en los territorios que sufren conflictos armados como Yemen, Siria, Libia, Irak y Gaza. Esta situación debería aprovecharse para alterar el curso de los conflictos y propiciar el acercamiento entre las partes enfrentadas, primero para frenar la propagación del coronavirus (que amenaza a todos los contendientes) y luego para adoptar medidas de confianza y dar pasos hacia la resolución de esos conflictos».

La hora de los talibanes

Afganistán celebró unas disputadas elecciones presidenciales en septiembre de 2019 y hasta diciembre no se conoció que había ganado Ashraf Ghani frente a Abdullah Abdullah. Estados Unidos ha promovido el acuerdo con los talibanes, que comprende la retirada de gran parte de las tropas de EEUU en el país asiático.

A su vez, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, anunció en marzo que Washington retiraría su ayuda de 1.000 millones de dólares por falta de acuerdo con el nuevo gobierno.

Los talibanes pueden entender el distanciamiento de EEUU como una oportunidad para imponer su victoria política o incluso militar… O apoyar un acuerdo de paz interafgano», dice Juan Garrigues

Según expone Juan Garrigues, director adjunto del Dialogue Advisory Group e investigador asociado del CIDOB, en su artículo Guerra y Paz en tiempos del Covid-19, «la cuestión ahora es cómo los actores políticos afganos reaccionarán ante este nuevo escenario. Los talibanes pueden entender el distanciamiento de los Estados Unidos como una ventana de oportunidad para imponer una victoria política o incluso militar».

Pero hay otra posibilidad: «Impulsados por una crisis sanitaria que también les concernirá a ellos, los jefes de los talibanes podrían permitir un mayor acceso de la ayuda humanitaria a zonas que se encuentran bajo su control y, finalmente, tratar de imponer un alto el fuego en todo el país. En este contexto, podría imaginarse un acuerdo de paz interafgano entre los sectores».

Naufragios sin testigos

El cierre de fronteras y puertos en toda la Unión Europea no ha frenado a quienes están desesperados por guerras que no paran y hambre que no cesa. «Estamos ahora muy marcados por lo inmediato. Ahora hay cierre de fronteras en la UE y también en el norte de África lo impusieron. Pero este cierre de fronteras no impide los naufragios cerca de Sicilia. No hay ninguna cobertura informativa», decía esta semana Eduardo Soler, investigador del CIDOB, en una mesa redonda online sobre la crisis del Covid-19, organizada con ISGlobal.

Como señala Human Rights Watch, la protección de la salud de los ciudadanos europeos no puede poner en peligro las vidas de los migrantes. El gobierno italiano aprobó un decreto el 7 de abril por el que se declaran «inseguros» para el desembarque los puertos italianos mientras dure la emergencia sanitaria nacional.

El Covid-19 nos recuerda el valor de la vida, y cómo hemos de actuar colectivamente para proteger a los más vulnerables», dice Judith Sutherland, de HRW

«El Covid-19 nos recuerda el valor de la vida, y cómo hemos de actuar colectivamente para proteger a los más vulnerables. Es hora de mostrar la misma resolución para salvar vidas en el mar como para proteger la seguridad en Europa», afirma Judith Sutherland, directora de Europa y Asia Central en Human Rights Watch.

El barco Alan Kurdi, de la ONG alemana Sea-Eye, ha estado días en aguas italianas con 146 personas a bordo, tras realizar rescates en las aguas internacionales cercanas a las costas de Libia. HRW demanda un puerto seguro para el Alan Kurdi. Este viernes han sido trasladados por embarcaciones italianas para cumplir una cuarentena. Varios migrantes habían amenazado con suicidarse.

Confinamientos a palos en África

El continente africano es el gran olvidado antes y durante la pandemia. La Organización Mundial de la Salud ha advertido de gran riesgo de la expansión del coronavirus en este continente, debido a las graves carencias del sistema sanitario de numerosos países y las deficiencias inmunitarias de gran parte de su población.

En Ruanda las primeras víctimas del coronavirus no fueron enfermos. La policía mató a dos personas por desafiar el confinamiento. Como relata The Economist, la policía keniata golpeó y arrojó gas lacrimógeno a quienes se saltaban el toque de queda. El 31 de marzo mataron a un adolescente de 13 años que estaba en su balcón en un tercer piso en Nairobi. En Uganda la policía arrestó a 20 personas en un refugio LGTBI, con la excusa de las normas para contener la pandemia.

Etiopía saltó a los titulares cuando Abiy Ahmed, su primer ministro desde 2018, ganó el Premio Nobel de la Paz en 2019, por el histórico paso dado con la vecina Eritrea. Sin embargo, los arrestos y las ejecuciones sumarias siguen sucediendo en Oromia, la región más grande de Etiopía. Las fuerzas de seguridad etíopes combaten con fuerza a los separatistas de Oromia, de donde procede Abiy Ahmed.

Había elecciones previstas en agosto, y los grupos rebeldes procedentes del exilio iban a participar por primera vez. Ahora todo queda en vilo.

La devastación en Australia

A finales de año en los informativos de todo el mundo había imágenes insólitas de una Australia entre llamas. Los incendios se llevaron por delante 11 millones de hectáreas y más de 2.000 propiedades. Millones de animales se perdieron. Las agencias difundían imágenes de koalas y canguros entre llamas de fuego. El debate político se centró en el cambio climático.

Al fuego siguió agua por doquier, unas inundaciones como no se recordaban en años. Las lluvias ayudaron a controlar los incendios, justo cuando los bomberos estaban ya agotados.

El 31 de marzo, según señala la BBC, el Servicio de Incendios de Nueva Gales del Sur declaró que la situación estaba bajo control. Llegó el momento de valorar los daños. El proceso será lento, más aún con el coronavirus como nuevo enemigo.

Venezuela estancada

En España, Venezuela es una presencia constante en la agenda informativa y política. Hay razones: cientos de miles de venezolanos viven en España, tras huir de un régimen en descomposición, y la huella de los españoles permanece en el país americano.

Sin embargo, en los dos últimos meses también Venezuela ha caído en la zona de sombras. Estados Unidos ha puesto sobre la mesa un plan para la transición, por el cual tanto el líder chavista, Nicolás Maduro, como el presidente encargado, Juan Guaidó, darían un paso atrás durante el periodo en el que se pondrán en marcha las elecciones presidenciales libres y transparentes. Guaidó sí podría presentarse como candidato.

El régimen chavista rechazó esta iniciativa, que sí avala la oposición que abandera Guaidó. A la crisis económica, cada vez más grave por la caída del precio del petróleo, se suma ahora la amenaza de crisis sanitaria. Preocupa la situación de una población que ya carecía de lo más básico. El sistema sanitario ya estaba colapsado antes de la pandemia.

Pero Maduro y sus acólitos han aprovechado para incrementar su acoso al entorno de Guaidó. Varios miembros de su equipo están detenidos, o mejor dicho, «secuestrados». Aún así, Juan Garrigues, alberga cierta esperanza: «Maduro podría aprovechar la crisis sanitaria para liberar a presos políticos, normalizar la situación en el Parlamento y entablar mejores relaciones con los actores internacionales que se muestran predispuestos a colaborar en el abordaje de esta crisis. Por otro lado, la oposición podría acceder a cooperar y convencer a Estados Unidos para que suavicen las sanciones económicas impuestas a Venezuela. Estos pasos podrían servir para viabilizar de nuevo un acuerdo político más amplio».

El mundo no se ha parado. Las tendencias latentes se han acelerado. Los actores inmersos en muchas guerras aprovechan el momento para recobrar fuerzas y repensar estrategias. Los motivos de las protestas siguen ahí, incluso otros se suman con la amenaza de colapso total. Sin embargo, nos queda un «y si..» esperanzador. Y si tomamos conciencia y unidos buscamos salidas que eviten más sufrimiento…. Aquí y en el más allá del coronavirus.