Un miembro del equipo de la División de Higiene de Dakar, Senegal, rocía desinfectante para frenar la propagación del coronavirus. EP

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África contiene la respiración ante la llegada de su enésima epidemia

Nigeria es el claro ejemplo de país subsahariano que se enfrenta al coronavirus con las problemáticas comunes de la región: un conflicto armado activo, una población enferma, una sanidad frágil y la imposibilidad de confinar, tanto en las zonas urbanas como en las rurales

África, un continente azotado por enfermedades como el sida, la tuberculosis o la malaria, que se han convertido ya en fenómenos endémicos de la región, comienza a notar la incidencia global del Covid-19. Según los últimos datos de este sábado, se han registrado casi 13.000 casos de coronavirus en 53 países, contando el Sáhara Occidental, lo que evidencia que tan sólo dos naciones africanas, Comoras y Lesoto, estarían aún libres de la pandemia.

Por zonas, los Estados más afectados son Sudáfrica, que suma ya más de 2.000 infectados y 24 fallecidos en el momento en el que cumplen dos semanas de las cinco de confinamiento establecidas por el Gobierno. El Ejecutivo liderado por Cyril Ramaphosa decretó 21 días de internamiento, que comenzaron a contar desde el 26 de marzo. Pero, ante el avance de la pandemia en el país, ha alargado estas medidas durante 15 días más.

Asimismo, el norte está siendo la zona más castigada: Argelia ha contabilizado 1.761 positivos y 256 defunciones; Egipto, 1.794 contagios y 135 fallecidos; y Marruecos, 1.448 casos y 107 muertos. El número de víctimas mortales del coronavirus se acerca a 700, concentradas en los citados países, además de Túnez, con 25, y Burkina Faso, con 24.

Hay que tener en cuenta que los países del norte y Sudáfrica cuentan con los sistemas sanitarios más avanzados de la región, por lo que resulta para ellos más sencillo acceder a pruebas con las que detectar los positivos. «Hay una realidad epidemiológica en los países del norte muy diferente en la forma de seguir los trazados a través de los tests. Además, tienen un sistema de salud más integral y que llega a más gente», por lo que se refleja una mayor incidencia en cuanto a casos y muertes, simplemente «porque hay un mayor seguimiento epidemiológico de lo que está ocurriendo», explica para El Independiente Rafael Vilasanjuan, director de Análisis y Desarrollo de ISGlobal.

Según afirma Vilasanjuan, «hay que separar a los países del norte de África de los subsaharianos, por una cuestión de niveles de sistemas de salud y de demografía. La esperanza de vida es mucho más alta en el norte, porque sus sistemas sanitarios están mejor dotados, especialmente en comparación con países como Congo o República Centroafricana».

Algo similar ocurre en Sudáfrica, que «es el país económicamente más desarrollado del África Subsahariana». «No sólo cuenta con unos sistemas de salud más sólidos que el resto de naciones al norte, sino que además tiene incluso capacidad de producción de medicamentos y conocimiento científico», analiza este experto, por lo que «es normal que se estén registrando» más casos en el resto de países.

Nigeria, después de Sudáfrica y el norte de África, fue una de las primeras naciones que comenzó a detectar casos. «Al principio parecía un foco en Lagos, luego en Abuya, la capital, y ahora [han aparecido] algunos casos en otros estados, sobre todo en el sureste y oeste del país», evidencia directora del programa de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Níger, Nigeria, Malí y Guinea Bissau, Mari Carmen Viñoles. A última hora del sábado, llevaba contabilizados al menos 305 contagios, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

Una región, diferentes realidades

«Si vemos unos números de contagio muy bajos es precisamente porque [en África Subsahariana] no tienen material» para verificar los positivos, señala Vilasanjuan. Y, si esas herramientas escasean en países con economías avanzadas, «imaginemos lo que supone para África hacerse con ventiladores, test, material de protección de personal sanitario e incluso mascarillas«, evidencia.

«La verdadera amenaza del coronavirus es que llegue a zonas empobrecidas y sin capacidad para lidiar con ello», explica Raquel Martín, de AMREF (Fundación Africana para la Medicina y la Investigación, por sus siglas en inglés), que destaca la especial vulnerabilidad de los Estados que «ya están en otros conflictos, como puede pasar en la zona del lago Chad [noreste de Nigeria], afectada por el terrorismo de Boko Haram«, o en las áreas con más movimientos migratorios, como el Sáhara o Libia.

La verdadera amenaza del coronavirus es que llegue a zonas empobrecidas y sin capacidad para lidiar con ello»

Raquel Martín (AMREF)

La expansión de esta pandemia, que está poniendo en jaque a naciones como China, Estados Unidos o los países europeos, en concreto a España, «donde tenemos un sistema sanitario muy fuerte que se ve afectado bajo esta situación», afirma Martín, anima a reflexionar acerca de lo que podría ocurrir «en África Subsahariana, donde apenas hay UCI, apenas hay ventiladores y básicamente no tienen tests para identificar los casos, para que los datos sean realistas».

La OMS considera que el número total de camas de UCI disponibles para su uso durante la crisis del Covid-19 en 43 países de África es inferior a 5.000, según evidencia en un reciente informe. Esto significa que hay disponibles aproximadamente cinco camas por cada millón de personas, en los países que ha evaluado la organización. En comparación, Europa cuenta con 4.000 camas de UCI por cada millón de habitantes. Además, en 41 países africanos hay menos de 2.000 ventiladores funcionales en total en los servicios de salud pública.

África Subsahariana presenta dos realidades diferentes, aunque igualmente preocupantes: la de los cinturones urbanos y la de las zonas rurales. «Las áreas urbanas tienen un sistema con el que pueden hacer frente a todo lo que les puede venir encima», señala Vilasanjuan.

Abordar los casos en las zonas rurales representará un inmenso desafío para los sistemas de salud en África»

Matshidiso Moeti (OMS)

Sin embargo, cuentan con «una densidad de población enorme en los barrios periféricos», y estos ciudadanos se mueven mucho por «mercados de poca salubridad, que es donde la gente está prácticamente confinada«, indica el experto de ISGlobal. Estos barrios de invasión se conforman de asentamientos informales, y generan «grandes áreas chabolistas -en África hay zonas que acumulan incluso a millones de personas-, en los que muchos viven en construcciones informales que no tienen acceso a agua«, informa Raquel Martín.

Por su parte, los territorios rurales no están cubiertos a nivel sanitario. «Abordar los casos en las zonas rurales, que a menudo carecen de los recursos de los centros urbanos, representará un inmenso desafío para los sistemas de salud en África», dice Matshidiso Moeti, director regional de la OMS para la región.

Las capitales y los estados más ricos de Nigeria cuentan con «un sistema sanitario bien posicionado a nivel de respuesta a las epidemias o enfermedades infecciosas», porque recurrentemente tienen que lidiar con episodios de «fiebre de Lassa, un tipo de fiebre hemorrágica», explica Mari Carmen Viñoles. Es un país «bien entrenado» en cuestiones «epidemológicas, de laboratorio, de aislamiento y de tratamiento».

«Desde un principio, el Nigeria Centre for Disease Control (NCDC) estuvo bastante activo, pero sí que es verdad que la respuesta se ha centrado en los lugares en los que ha surgido el foco, mientras que la respuesta a nivel regional ha tardado muchísimo en concretarse», recalca la directora de zona de MSF. 

Pero «todo esto cambia en los estados del noreste, como Borno, Yobe, Adamawa, donde realmente existe un conflicto activo, y donde ya hay una fragilidad real del sistema de salud y hay muchísimos lugares sin hospitales funcionales», relata Viñoles, que agrega que los centros que «funcionan los están gestionando ONG, como MSF».

África vive en un constante colapso sanitario

El Covid-19 «puede provocar una crisis sanitaria enorme», porque el coronavirus se sumaría al resto de epidemias que castigan a un contienente en el que «la fragilidad de los sistemas de salud va a provocar muchas más muertes», recalca Vilasanjuan. «En África, están muriendo anualmente entre 500.000 y 600.000 menores de cinco años sólo de neumonía», dice el experto. 

«Las organizaciones internacionales están trabajando en estos momentos en cambiar su asignación de financiación. El Fondo Mundial, que es el que lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, ha designado un 15% de sus recursos para que sean utilizados en la emergencia» del coronavirus, indica el portavoz de ISGlobal. Asimismo, agrega que «GAVI, la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, también ha permitido que el 10% de sus fondos se destinen a esta pandemia».

Una mujer, que lleva una bolsa de plástico a modo de mascarilla, se lava las manos en Nairobi, Kenia. EFE

«Si combinamos la situación de la epidemia del coronavirus con estados en los que hay un sistema de salud muy frágil, que no es funcional, sin personal suficiente ni medios, la combinación puede ser bastante preocupante y catastrófica», ilustra Viñoles, refiriéndose a las regiones nigerianas más abandonadas.

Las organizaciones temen que «haya un colapso total en el estado de Borno» a nivel sanitario, como ocurriría en las zonas más vulnerables del continente, porque esa situación provocaría, por ejemplo, que «la gente no tenga acceso a un tratamiento de una malaria severa, a que las mujeres se mueran en casa con un parto complicado porque no pueden ser atendidas en un hospital o que niños malnutridos no pueda ser tratado allí».

En África, están muriendo anualmente de neumonía entre 500.000 y 600.000 menores de cinco años»

Rafael Vilasanjuan (ISGlobal)

«Hay otras patologías que están afectando a gran escala a la población de Borno, y si los pocos servicios actuales se bloquean por la emergencia del coronavirus esos pacientes no van a tener acceso a salud», explica Viñoles, que hace hincapié en que «va a haber muchísima más mortalidad por otras patologías» si la población, en su mayoría desplazados, no puede tener acceso a los centros hospitalarios por la respuesta ante el Covid-19.

Médicos Sin Fronteras está insistiendo en mantener los servicios esenciales de nutrición, cirugía, maternidad, pediatría, tratamientos de malaria y tuberculosis «para salvar vidas». «Cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de coronavirus, los cierres de fronteras y los bloqueos de aeropuertos, hubo toda una reacción inmediata de muchas organizaciones que decidieron retirar sus puestos», relata Viñoles. Afirma que «ahora más que nunca se necesita un incremento en la respuesta humanitaria, no sólo para el Covid-19, sino para asegurar que todos los programas que eran tan importantes hace dos meses siguen siendo importantes».

Campo de desplazados en el noreste de Nigeria. EP

La imposibilidad de quedarse en casa

En esta zona del planeta, quedarse en casa es un privilegio reservado para unos pocos. En áreas de África Subsahariana, «las casas no tienen acceso directo a agua, sino que tienen que ir a una fuente. Sólo por el hecho de no contar con agua en casa, ya tienen que salir para algo tan sencillo como beber agua, lavarse, tener una higiene básica -que es muy necesaria para evitar este virus- o ir al baño. Esta situación lo complica todo un poco más, por lo que hace imposible el confinamiento», refleja la experta de AMREF.

Asimismo, en este continente, como también ocurre en lugares de Asia y América Latina, abunda la economía hand to mouth (de la mano a la boca), lo que implica que si millones de ciudadanos no salen de sus casas, no comerán ese día, que es algo muy poco común en los países europeos. «Viven de trabajar en el día a día, con trabajos informales, con un salario diario», puntualiza Raquel Martín.

«Se tendrán que valorar otras estrategias o centrar el confinamiento en unas clases sociales y en unas regiones determinadas», mientras que para el resto de la población tendrán que ver los diferentes gobiernos qué soluciones de aplican, considera Martín, que propone dotar a esas zonas más vulnerables de «más personal sanitario o más mecanismos de prevención».

Se tendrán que valorar otras estrategias o centrar el confinamiento en unas clases sociales y en unas regiones determinadas»

Raquel Martín (AMREF)

Se ha decretado el confinamiento «en países que son un poco más ricos, como Sudáfrica, y en otras áreas, como islas Mauricio o islas Seychelles, que son zonas menos pobladas y que tienen más dinero que otras regiones», refleja la portavoz de AMREF. En Kenia, se implantó el toque de queda, los comercios están cerrados y se recomienda no salir de casa, pero no es obligatorio. Por su parte, Etiopía estableció el martes el estado de emergencia y la comisión electoral decidió aplazar las elecciones generales, que se iban a celebrar en agosto.

No obstante, hay dirigentes que se ponen una venda en los ojos para no ver el destrozo que puede generar esta enfermedad. Es el caso del presidente de Burundi, que aseguró el sábado que su país está «bendecido por Dios», ya que sólo han contabilizado tres contagios, y no considera adecuado tomar medidas que para frenar el avance del virus. Tampoco le ha parecido conveniente desconvocar las elecciones presidenciales, legislativas y de distrito, que previsiblemente se celebrarán el 20 de mayo.

Un continente joven y experto en epidemias

África tiene una ventaja con respecto a Europa, y es que está acostumbrada a lidiar con pandemias. Desde la fiebre de Lassa al ébola y el cólera, pasando por la malaria, que «es prácticamente endémica», señala Raquel Martín. «Ellos saben qué herramientas gestionar durante este tipo de situaciones mucho mejor que nosotros, porque están acostumbrados», afirma la experta de AMREF.

Los africanos «asumen que esto es una pandemia y ellos mismos empiezan a prevenir, a cuidarse y a tener una higiene básica, siempre que tengan acceso a agua y jabón o a geles desinfectantes», explica Martín, mientras que, «en Europa, hemos pecado de mucha arrogancia, pensando que esto no nos podía pasar».

En Europa, hemos pecado de mucha arrogancia, pensando que esto no nos podía pasar»

Raquel Martín (AMREF)

Es un continente acostumbrado a tomar decisiones rápidamente y sus habitantes entienden «que la prevención es casi más importante que la gestión de la enfermedad en estas situaciones», indica la portavoz. «Saben que es una amenaza real y que puede afectar no sólo a la salud, sino también a la economía y a la vida política».

Otro de los puntos a favor con los que cuenta África para hacer frente al virus es un continente joven. El 77% de los africanos tienen menos de 35 años, que son las edades a las que, en principio, menos afecta el coronavirus, por lo que «podemos pensar que quizás la mortalidad se extienda menos en este continente», valora Martín. Sin embargo, gran parte de esta población «tiene otro tipo de estrés inmunitario -sida, tuberculosis y malaria, enfermedades respiratorias, neumonías- y por eso es gente que está muy sometida» al impacto del coronavirus o de cualquier otra enfermedad, enfatiza el portavoz de ISGlobal.

En julio y agosto hay una mayor mortalidad por el aumento de los casos de malnutrición y malaria»

Mari Carmen Viñoles (MSF)

Nigeria, un país cuya pirámide poblacional también está invertida, mira con especial incertidumbre a los meses de julio y agosto, cuando tiene lugar el pico de malaria y, al mismo tiempo, hay escasez de alimentos por la brecha de suspensión de la producción agrícola en el Sahel. Mari Carmen Viñoles refleja que, durante esos meses, hay una mayor mortalidad en la región por «el aumento de los casos de malnutrición, combinados con los de malaria», y se prevé que sea en esa época cuando más duro castigará el Covid-19 a esta zona.

«Hay medidas para prevenir estos casos de malaria, pero estas campañas se tienen que planificar y se tienen que implementar. Lo que nos preocupa es que todos los actores del gobierno estén concentrados en hacer frente al coronavirus, y no presten atención» al resto de problemas que afectan al país.

Las capacidades para parar este virus en África hoy por hoy son inexistentes»

Rafael Vilasanjuan (ISGlobal)

Los expertos animan a la comunidad internacional a reaccionar con responsabilidad ante la devastadora crisis que puede generarse en África, y recuerdan que esta pandemia ha llegado al continente desde otros territorios, entre ellos Europa. «Los europeos hemos sido el peligro para la salud pública de África, y no deberíamos olvidarlo», refleja la portavoz de AMREF.

«Las capacidades para parar este virus en África hoy por hoy son inexistentes», opina Vilasanjuan, que añade que «por eso es tan importante que ahora a nivel internacional se empiecen a crear las condiciones para que el tratamiento posible como la vacuna, cuando llegue, sea accesible para todos, y se empiece a negociar en un sistema que no sea de monopolio, sino de utilidad pública».

El Covid- 19 es una amenaza global que «no se frena cuando se para en un país, sino que se acaba cuando se pare en todos los países», dice el experto de ISGlobal, que sentencia: «Si mantenemos el virus circulando, lo más probable es que la emergencia venga con varios tipos de mutaciones y, por lo tanto, genere varios tipos de epidemia». 

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