CARMEN VIVAS

Salud

De las enfermedades emergentes al bioterrorismo: un mundo bajo la amenaza biológica

Los primeros casos del nuevo coronavirus salieron a la luz el 31 de diciembre, cuando la Comisión de Salud Municipal de Wuhan informó de que 27 personas sufrían una “extraña neumonía” que se relacionaba con el mercado de animales vivos de Huanan. Apenas 12 días después, el Gobierno chino compartió la secuencia del genoma del virus, un tiempo récord que permite que laboratorios de todo el mundo puedan estudiar el virus, desarrollar pruebas para detectarlo, tratamientos o vacunas.

«La expansión en el acceso a los conocimientos, procedimientos y materiales en el ámbito de la microbiología ha supuesto una auténtica revolución. En muy poco tiempo estamos viviendo una revolución biológica que se compara con los avances que en su día hicieran los pioneros de la informática en los garajes», afirma el coronel José Ignacio Castro, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE).

Por su parte al virus le ha bastado apenas un mes para viajar millones de kilómetros por 27 países y nos ha vuelto a mostrar que vivimos bajo una constante amenaza biológica. En España, ya hay dos casos de contagio de coronavirus, el último de ellos confirmado este domingo en Palma de Mallorca.

Más allá del recuerdo de las cartas con ántrax, que extendió el miedo al bioterrorismo tras la muerte de cinco personas en EEUU en 2001, a la posibilidad de una guerra biológica se une a la amenaza natural que suponen las enfermedades emergentes como el ébola, el zika, la influenza o ahora el coronavirus.

Pero la ciencia ha conseguido no solo secuenciar los virus sino también manipularlos para que muten o incluso desarrollarlos sintéticamente. Eso último fue lo que hizo en 2017 el científico canadiense David Evans con la viruela. Una de las enfermedades más letales de la historia – se calcula que mató a 300 millones de personas en el siglo XX –, la viruela se consideró erradicada en los años 80 del siglo XX gracias a la vacuna. Sin embargo, Evans consiguió sintetizar el virus en un laboratorio y lo publicó en la revista Plos One. Su trabajo, al alcance de todos, despertó las alarmas de la comunidad científica: con 100.000 dólares y en seis meses, su equipo había conseguido la receta para acabar con el mundo. Y la ponían a disposición de todos.

Evans consiguió, al sintetizar el virus de la viruela, la receta para acabar con el mundo

Algo similar había pasado unos años antes con los científicos que consiguieron mutar el virus de la gripe aviar (H5N1) – de gran letalidad pero poca capacidad de transmisión entre humanos – hasta conseguir que fuese contagioso por el aire entre mamíferos. En uno de los grupos de investigación participaba el científico ubicado en Nueva York Adolfo García-Sastre, que recuerda el episodio a El Independiente: “La motivación era averiguar si los virus H5N1 eran capaces de evolucionar hasta transmitirse entre mamíferos por el aire. Se experimentó con hurones, porque replican bien la gripe humana, y se consiguió. Además, se vio que no eran necesarias muchas mutaciones, apenas tres o cinco”.

Gripe aviar H5N1. EP

Es decir, habían conseguido un virus de la gripe aviar mucho más contagioso entre personas y, por tanto, peligroso, pues su tasa de mortalidad entre humanos llega al 60%. “El Gobierno americano bloqueó la publicación de sus hallazgos [iban a salir sendos artículos en Science y Nature] y pidió una moratoria. Iba a durar seis meses pero duró casi dos años. Se pararon todo tipo de investigaciones con virus, incluso muchas que no eran peligrosas”, recuerda García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes de la Escuela Monte Sinai de Medicina de Nueva York. La regulación finalmente limitó “las investigaciones de doble filo, enfocadas a virus que puedan dar lugar a virus más peligrosos que el que tienes de partida. Ahora, en esos casos hay que pedir permiso y un comité evalúa si lo que se puede ganar es más beneficioso que el riesgo de hacer pública esa información”, añade el investigador.

Los científicos consiguieron hacer un virus de la gripe aviar mucho más contagioso entre personas y, por tanto, peligroso

Aquella moratoria afectó a los coronavirus y la legislación que resultó de aquello es en parte responsable de que laboratorios como el de García-Sastre continuaran esta semana esperando que les llegase el coronavirus chino para poder trabajar con él en tratamientos y vacunas. “No hay aún muchos laboratorios que tengan acceso al virus y estamos perdiendo un tiempo importante, porque cuanto antes lo tengamos, antes podremos conseguir los tratamientos y las vacunas”.

Es precisamente el miedo al bioterrorismo el que ralentiza el comienzo de investigaciones como ésta, pues los países tienen que lidiar entre el beneficio de luchar contra las enfermedades y el riesgo de que determinados conocimientos puedan ser utilizados como armas biológicas. Así lo recoge el informe «Reducción de amenazas biológicas» del Instituto Español de Estudios Estratégicos (del Ministerio de Defensa) de 2018: «Una de las amenazas de vivir en un mundo globalizado es la posibilidad de diseminación internacional de un agente biológico, zoonótico (de origen animal) o no, emergente o reemergente, ya sea de origen natural, accidental o intencionado».

Igual que en el coronavirus, cuyo origen se circunscribe a un murciélago, tres de cada cuatro agentes causales de enfermedades infecciosas emergentes en humanos son de origen animal – lo son el ébola, el VIH o los virus influenza de la gripe -. Además, el 60% de las enfermedades humanas transmisibles tienen un origen zoonótico y el 80% de los microorganismos que se consideran agentes de guerra biológica o bioterrorismo son agentes zoonóticos, según destaca el informe.

Vacuna ébola
Ensayos con una vacuna para el ébola.

Internacionalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera 29 agentes biológicos vivos susceptibles de ser empleados en bioterrorismo. De ellos, los 12 más relevantes se conocen como la «docena sucia» y la mitad de ellos son agentes zoonóticos: antrax, peste, viruela, ébola o fiebre q son algunas de las amenazas consideradas más importantes a las que el analista del IEEE añade otras como la influenza: «La mayor amenaza la constituyen los virus influenza, entre los que se encuentran algunos muy conocidos como es el caso de la gripe aviar. La OMS estima que una pandemia de este tipo a nivel global podría ocasionar 700.000 muertes anuales mientras durase la enfermedad».

En el estudio Bioterrorismo: aspectos prácticos, dirigido por el José Ignacio Garrote, investigador del Hospital Clínico de Valladolid, explica el enorme potencial de un ataque bioterrorisma que «si un aeroplano diseminara en forma de aerosol 50 kg de esporas de Bacillus anthracis (ántrax) a 6.600 pies de altura sobre una población de 500.000 habitantes con adecuadas condiciones metereológicas supondría la infección de 220.000 personas».

Sin embargo, las muertes e infecciones no son lo único que preocupa: «Si se introduce un virus que no está en un país desarrollado, puede provocar un desastre agrícola o ganadero y paralizar la economía del país», apunta García-Sastre. El informe del IEEE cifra en 570.000 millones de dólares asociados los costes anuales de una pandemia de influenza y advierte que no solo son amenazas biológicas las que afectan a los humanos. Una epidemia del virus del rayado común, relacionado con las hambrunas de África, podrían afectar por ejemplo al 37% de la producción mundial de trigo y dejar sin fuente de alimentación a 1.000 millones de personas en países en vías de desarrollo.

Alerta antes el nuevo coronavirus. EP

Esos aspectos económicos o colaterales son los que más preocupan a analistas como Castro ante la posibilidad de un atentado biológico. «Si bien en los casos acontecidos no se produjo un número de muertes elevado, sí se paralizaron muchos servicios y se produjo un importante efecto psicológico sobre la población». Unos efectos psicológicos que no hay que minimizar, pues basta ver el efecto que ha tenido el coronavirus chino en la economía mundial o en la diseminación de fake news, pese a que es una enfermedad que mantiene su letalidad en el 2,5%.

Además de ataques intencionados, los accidentes también suponen otro de los factores de riesgo de las amenazas. «En el mundo solo existen dos laboratorios que mantengan muestras del virus de la viruela. Uno de ellos está en Estados Unidos y el otro es Vector en Rusia. El de Rusia ardió a finales de 2019 sin que se supieran las causas», recuerda Pepe Fernández Rúa, consultor en Cariotipo 5, autora del informe «Amenaza biológica, ¿una amenaza real?» actualizado en 2018.

Boko Haram obstaculiza las campañas de vacunación en Nigeria», explica Castro

Otros ataques pueden pasar más desapercibidos porque lo son a la inversa pero suponen también una amenaza biológica. «Hay lugares de África en los que determinados grupos están obstaculizando las campañas de vacunación, por ejemplo Boko Haram en Nigeria», explica Castro.

Pero independientemente de su origen, los expertos consultados coinciden en que estas amenazas requieren una respuesta coordinada y global y que España está bien posicionada. «Aunque el riesgo cero no existe, el objetivo es reducirlo hasta mínimos aceptables para evitar la vulnerabilidad», indica el portavoz del IEEE, que añade que «en el caso que la amenaza se materialice en un incidente real se necesita un sistema de protección sanitaria robusto y eficiente, siendo el español uno de los mejores del mundo».

Preparados para la respuesta a una amenaza biológica

Ya en 2001 la OMS emitió la resolución «alerta y respuesta ante epidemias para dar respuesta a nuevas amenazas» y en 2005 se adaptó el Reglamento Sanitario Internacional para prevenir «la propagación internacional de enfermedades». Más concretamente, en 2015 se celebró auspiciada por la Organización Mundial de Sanidad Animal la 1ª Conferencia Mundial sobre la Reducción de Amenazas Biológicas para potenciar la colaboración internacional y el fortalecimiento de los sistemas de salud pública.

Ese último punto, la debilidad de determinados sistemas de salud pública fue precisamente el foco de preocupación de la OMS al constatar la expansión del coronavirus y la sombra que planea sobre la respuesta a una pandemia nueva como la que puede llegar a convertirse el coronavirus.

La Interpol (organización internacional de Policía) cuenta con una Unidad Especializada en Bioterrorismo, que califica de «amenaza real» cuyos daños «puede alcanzar magnitudes insospechadas, al provocar un gran número de contagios y de muertes, y sembrar el miedo y el pánico a escala mundial». La organización indica en su web como la proliferación de datos y conocimientos disponibles en internet, ponen a disposición «canales de comunicación ocultos y anónimos, como la web oscura, para comprar, vender e intercambiar información y para comunicarse entre ellos». La organización trabaja con las distintas policías nacionales en prevención y preparación para la respuesta a un evento de este tipo.

Del lado europeo, los últimos años ha habido nuevos avances que en 2014 ya incluían dentro de sus programas de salud «proteger a los ciudadanos de la Unión de las graves amenazas sanitarias transfronterizas».

En España, el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) se creó en 2004 para coordinar la gestión de la información y apoyar la respuesta ante situaciones de alerta o emergencia sanitaria nacional o internacional que supongan una amenaza para la salud de la población. Otros organismos como la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica o el Sistema Nacional de Alerta Precoz y Respuesta Rápida colaboran ante posibles eventos de este tipo.

Desde el ámbito más científico, la Red de Laboratorios de Alerta Biológica dependiente del Instituto de Salud Carlos III tiene por objetivo «la mitigación de los riesgos que entrañaría tanto la dispersión intencionada de agentes biológicos por parte de actores no estatales como la liberación accidental de los mismos y constituye un importante elemento en la coordinación y respuesta frente a este tipo de amenazas». Son 12 laboratorios con instalaciones de alta seguridad biológica.

La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) está en estos momentos preparando un protocolo de actuación ante bioterrorismo. La oordinadora de Procedimientos Microbiológicos sobre Bioterrorismo de la Seimc, Amparo Rodríguez Fernández, que explica que «el objetivo es acercar a todos los microbiólogos clínicos cuál es el estado de la cuestión, cómo están organizados los procedimientos, qué cuadros clínicos se pueden dar y cuál es el protocolo de respuesta».

En el procedimiento que llegará a todos los microbiólogos españoles, la viruela, el ántrax, la peste o la toxina botulímica son algunos de los agentes más importantes que se explican y que son susceptibles de convertirse en armas biológicas peligrosas. «Para hacer mucho daño, un arma biológica debe reunir características de fácil diseminación, ser estable en el ambiente y atacar a una población diana a la que afecte con el daño que se persiga», indica la portavoz de la Seimc, que añade que «si sus síntomas son inespecíficos y tienen un período de incubación más o menos largo puede ocasionar más daño al ralentizar las opciones de respuesta por parte de las instituciones».

La alerta constante es una necesidad tanto en los centros como de los profesionales ya que cada vez más han de responder a esa revolución biotecnológica que está fomentando el movimiento, explica Castro, «do it yourself biology entre particulares, pequeñas empresas e instituciones de ámbito educativo, pero que si en un futuro alguien quisiese utilizar este movimiento con fines maliciosos podría traer graves consecuencias. Hay que prestar una especial atención a la ingeniería genética y a la manipulación biológica. Cualquier manipulación de una enfermedad, por ejemplo hacerla resistente a los antibióticos, podría tener unas consecuencias de salud y psicológicas sin precedentes».

Comentar ()