Salud

El alto precio del remdesivir hace temer que se dispare el de las vacunas contra el COVID-19

La farmacéutica Gilead ha fijado el coste del tratamiento en más de 2.000 euros aunque un estudio de la Universidad de Liverpool (Reino Unido) estimó el coste de producción en unos cinco euros. Desde Médicos sin Fronteras y Salud por Derecho advierten del peligro de que este precedente se extienda para otros fármacos o la vacuna.

Remdesivir, antiviral aprobado para tratar el COVID-19. EP

El primer fármaco aprobado específicamente contra el COVID-19, el remdesivir, cuesta 2.074 euros por paciente. Es el precio fijado por Gilead, la farmacéutica que desarrolló este antiviral de amplio espectro utilizado en primer lugar para el ébola y más tarde para tratar otros coronavirus, el SARS y el MERS. «Es un precio abusivo a todas luces y que va a suponer una barrera en el acceso al tratamiento», denuncia Vanessa López, directora de Salud por Derecho, una organización sin ánimo de lucro que busca el acceso a la sanidad universal y asequible.

Tanto Salud por Derecho como Médicos sin fronteras (MSF) denuncian que la farmacéutica haya fijado de forma unilateral el precio a un fármaco cuya efectividad se ha confirmado gracias a una gran cantidad de ensayos clínicos financiados con fondos públicos. Sólo en Estados Unidos, la aportación pública al I+D en este fármaco ha superado los 70 millones, según la denuncia hecha en mayo por la asociación de consumidores estadounidense Public Citizen.

«Es un precio abusivo por la inversión pública que se ha revisado y porque según un estudio de la Universidad de Liverpool el coste mínimo de producción son 93 céntimos la dosis», denuncia López. El estudio al que se refiere se publicó en la revista Virus Erradication y establecía costes mínimos de dosis de éste y otros fármacos relacionados con el COVID-19. Otros costes por dosis eran 8 céntimos para la hidroxicloroquina, 2 para la cloroquina, 10 céntimos para la azitromizina o 28 para el lopinavir y ritonavir.

Ya antes de que se confirmara la eficacia del Remdesivir, un total de 150 organizaciones civiles de salud pública habían firmado una carta abierta en la que alertaban del riesgo de que Gilead tuviera el monopolio del medicamento.

El antecedente del sofosbuvir y la hepatitis C

Para Médicos sin Fronteras, el pasado de Gilead con otros fármacos esenciales no es tranquilizador. «Esta farmacéutica tiene antecedentes bastante oscuros en torno a la financiación de la investigación de fármacos y el precio que les pone», explica Miriam Alía, responsable de Vacunación y Respuesta a Epidemias de MSF.

Alía se refiere al sofosbuvir, un fármaco contra la hepatitis C que Gilead puso a la venta por casi 1.000 euros por pastilla. «El coste era de un euro por píldora. Lo puso literalmente a precio de oro», afirma Alía. En aquel momento Gilead acordó con fabricantes de genéricos la distribución del fármaco a un precio muy inferior en países pobres, «pero dejó fuera a otros países de ingresos medios o en crisis en aquel momento, como España, donde hubo muchísimos problemas para el acceso al tratamiento. La compañía sólo se lo vendía barato a los países que no eran potenciales clientes. No ponía el precio según el coste sino según lo que podía ganar».

El acopio de EEUU

«Es muy preocupante que Estados Unidos se haga con casi toda la producción hasta septiembre«, denuncia también la directora de Salud por Derecho, «que los demás países como España tengan garantizado el acceso está por ver». No obstante, el Ministerio de Sanidad ha asegurado recientemente que España tiene stock suficiente para la situación actual y posibles rebrotes.

López afirma que Gilead ha firmado unos acuerdos de licencias voluntarias con países de rentas medias y bajas. «Ha firmado acuerdos con fábricas en 10 países, entre los que se encuentran India, Egipto o Pakistán, que se supone cubrirían el acceso al fármaco en 127 países. Pero no conocemos el detalle porque son acuerdos confidenciales y el resto de países sigue siendo una incógnita. Esto muestra la estrategia de Gilead para seguir controlando la producción», afirma la directora de Salud por Derecho.

De hecho, Alía opina que el acopio de EEUU «es una estrategia para presionar al resto del mundo, donde por ejemplo ha fomentado la reacción de la Comisión Europea para aprobar aceleradamente el fármaco y adquirirlo, sin dar lugar a una negociación del precio».

Su miedo, asegura, es que esto despierta «un riesgo enorme respecto a las vacunas». «Es necesario que después de toda la financiación pública y filantrópica con la que se están desarrollando las vacunas, los acuerdos de comercialización tengan en cuenta criterios que garanticen el posterior acceso», indica López, «que esas indicaciones acompañen a todas las inversiones públicas para que tanto los medicamentos y las vacunas tengan un acceso global y sin precios abusivos».

«Si este va a ser el modus operandi de las farmacéuticas, es necesario que se establezcan ya medidas de control para garantizar la transparencia y el reparto equitativo», añade Alía.

Licencias obligatorias

Para el caso de los fármacos que cuentan ya con patentes de farmacéuticas, Salud por Derecho reivindica la figura de las licencias obligatorias, que los países pueden ejecutar en situaciones de riesgo sanitario. «La legislación sobre patentes contempla que un país pueda suspender temporalmente una patente y encargar la producción del fármaco como si fuera un genérico con el pago de unos royalties a la empresa que tiene la patente», explica la directora de Salud por Derecho.

Esta figura, asegura, en España no ha sido nunca utilizada pero Israel lo hizo al principio de la pandemia con caletra, un fármaco anteriormente usado para el VIH. «Realizó esa licencia aunque luego llegó a un acuerdo con la compañía. Otros países como Canadá, Brasil o Alemania ya han adaptado su legislación de patentes para hacer uso de herramientas de licencia obligatoria», afirma López, que reivindica que «España considere todas las vías que sean necesarias para garantizar el acceso a los tratamientos».

Un fármaco más, no «la panacea»

La aprobación del uso del remdesivir ha sido en todo caso celebrada pero con cautela. Así lo decía Fernando Simón, portavoz técnico de Sanidad para el coronavirus, tras la autorización de Bruselas para comercializar el fármaco. «Es una buena noticia, pero vamos a necesitar otros tratamientos». Y es que los estudios hasta la fecha han conseguido mostrar una reducción del tiempo medio de hospitalización de 15 a 11 días, pero no una reducción de la mortalidad.

En la misma línea se pronunciaba el codirector del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, Adolfo García-Sastre, en una reciente conversación con El Independiente. «Es un fármaco que ha mostrado cierta eficacia pero no es la solución a la pandemia». En este sentido, el investigador apuesta por fomentar la investigación de antivirales de amplio espectro y plataformas vacunales universales. «Ha habido un gran relajo en la búsqueda porque no se consideraba prioritario», concluye, «más investigación en este sentido hubiera facilitado ahora las cosas».

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