La mascarilla es ya complemento obligatorio en toda España, hay que llevarla en todos los espacios públicos cerrados y también en los abiertos, salvo excepciones. Sólo dos comunidades autónomas, Madrid y Canarias, permiten de momento ir sin ella por la calle cuando hay distancia interpersonal de dos metros o más.

Hasta aquí, la teoría. La práctica, algo más compleja, es controlar cómo se usa. Porque para que la mascarilla cumpla su función y no sea perjudicial para la salud – de uno mismo y los demás – hay que llevarla bien puesta. No vale que la nariz quede fuera, que no cubra toda la barbilla, reutilizarla más allá de su uso permitido o bajarla a la barbilla mientras se come, toquetearla y volverla a subir.

Todos esos comportamientos son, además de incívicos, peligrosos. Así lo advierte Nieves López Fresneda, epidemióloga y profesora del Máster en Gestión de la Seguridad Clínica del Paciente y Calidad de la Atención Sanitaria de UNIR: «Si la mascarilla se contamina, aumentan las posibilidades de transmisión por lo que es crítico, más en este momento en que hay una cierta relajación, hacer un uso responsable de ellas».

Colocarlas correctamente es fundamental – desde la parte superior de la nariz a la barbilla, con cobertura completa y bien ajustada – para que no se exhalen los virus o se pueda entrar en contacto con ellos.

«Hay que tener en cuenta que si entramos en contacto con alguien que tenga el virus, la mascarilla queda contaminada y si nos la colocamos en el cuello, en el brazo o la manipulamos, entraremos en contacto con los virus», añade López Fresneda, que recuerda que las mascarillas son «un pilar fundamental para evitar la transisión, pero no el único, por lo que no hay que olvidar la higiene de manos, de superficies y la distancia interpersonal».

El peligro de reutilizarlas demasiado

«Tenemos que ser conscientes cuando nos ponemos la mascarilla ésta entra en contacto con las bacterias de están en nuestra piel», indicaba recientemente a El Independiente el virólogo y profesor de microbiología de la Universidad CEU San Pablo, Estanislao Nistal. Bacterias que forman parte de natural de nuestra piel y que no suponen un peligro habitualmente por las cantidades con que se entra en contacto, «pero si se acumulan en la mascarilla y después se inhalan, pueden llegar a ser perniciosas para la salud».

El experto habla de estafilococos, estreptococos, bacilus, hongos o levaduras. «Este tipo de bacterias encuentran en la piel un lugar idóneo donde agarrarse pero si se acumulan y se inhalan pueden provocar incluso infecciones respiratorias», añade.

Toda la población está expuesta al riesgo del que advierte Nistal, aunque específicamente la población de riesgo. «Las personas inmunodeprimidas, con cáncer, EPOC, fibrosis quística o los transplantados de pulmón tienen que tener especial cuidado porque la carga viral – contacto con virus – que necesitan para enfermar es mucho menor que la de una persona sana», afirma.

Cuánto se pueden reutilizar las mascarillas

López Fresneda recuerda que las mascarillas higiénicas (de tela, compradas o incluso fabricadas en casa) están recomendadas para personas sanas y filtran al menos un 90% de las partículas. El Ministerio de Sanidad indica sobre este tipo de mascarillas que si son reutilizables, el fabricante indicará el número máximo de lavados y si no, deben ser eliminadas después de su uso recomendado. «Aunque no se especifica el tiempo de uso, el sentido común indica que deben lavarse al menos una vez al día o más si se mojan o ensucian».

Las mascarillas quirúrgicas tienen un uso recomendado de no más de cuatro horas y las FPP2, de ocho horas. «Las que tienen válvula protegen de infectarse pero no a los demás, por lo que en este contexto no serían indicadas o si se usan, habría que poner encima una quirúrgica o higiénica», explica la epidemióloga de la UNIR.

Ni a la barbilla ni al codo

Para guardarla, los expertos coinciden: «Es importante que no se pongan en la barbilla ni en el codo porque entraríamos en riesgo de infección. Hay que guardarlas a parte, preferiblemente en una bolsa o sobre, y lavarnos las manos antes de ponerlas y quitarlas», explica López Fresneda.

Nistal apuesta, además, por evitar el plástico. «Las bolsas de plástico proporcionan a los virus un ambiente húmedo que les favorece, por eso es más recomendable utilizar bolsas de papel o tela, que deshidratan y son menos favorables a los virus».

Así lo recomienda también el coordinador del Área de Enfermería de SEPAR, David Díaz-Pérez, que recuerda que «la mascarilla es un vehículo de transmisión, de contaminación y por eso, siempre debemos llevarla en una bolsa transpirable, como un sobre de papel, sabiendo que la parte limpia de la mascarilla es la interna, lo que llevamos pegada a la cara, y la parte sucia es la parte externa, que no debemos tocar». «También es muy importante saber que no debemos quitarnos la mascarilla para hablar, toser o estornudar», añade Díaz-Pérez.

El Ministerio de Sanidad indica que «en ningún caso es recomendable dar la vuelta a la mascarilla» y que no es seguro tratar de desinfectar las mascarillas en el microondas. Para su lavado, el Ministerio recomienda seguir las instrucciones del fabricante.