Consultorio médico Cañada Rosal, en Sevilla. Google

Salud

De Sevilla a Barcelona, retrato de cuatro centros de salud bajo mínimos

Elena, Isabel, Ángel e Inmaculada son médicos de familia en Barcelona, Madrid, Granada y Valencia. Los cuatro fueron testigos de la pandemia que se avecinaba y que se coló en sus centros de Salud antes incluso de llegar a los hospitales o de que en España se hablara de coronavirus, a inicios de febrero con aquel repunte de gripes que luego se demostró pudieron ser realmente COVID-19.

Ellos fueron la primera línea de batalla pero, casi medio año después, se sienten en la misma situación y pero física y emocionalmente agotados. Tras la desescalada, sus centros de salud vuelven a ser el frente que debe frenar el brote, pero en su lucha se encuentran con menos profesionales, sin refuerzos y «sin noticias de los rastreadores».

CAP RAMÓN TURRÓ (BARCELONA)

Así están en el Centro de Atención Primaria (CAP) Ramón Turró, en el barrio de Poblenou de Barcelona, donde Elena Bartolozzi denuncia que la atención está «desmantelada». Están sobrellevando el verano con la mitad de personal y mucho más trabajo después de que en medio de la pandemia, la Generalitat trasladara a los Centros de Salud la atención de más de 300 residentes de seis centros sociosanitarios de la zona, además de los 30.000 ciudadanos adscritos al CAP. «Vino una médica de refuerzo pero prácticamente al momento tuvimos la baja de un compañero que no se ha sustituido. Así que quedamos como al principio, sin refuerzos y ahora en verano con la mitad de médicos o menos, porque hay más bajas», lamenta.

En este centro ven ahora cinco veces más enfermos con sintomatología compatible con COVID que hace un mes

Barcelona es además la primera gran ciudad en la que volvió a haber transmisión comunitaria tras el Estado de Alarma. «Estamos en cuadros, compañeros tienen que ir a las residencias, otros por ser población vulnerable no pueden hacer más que trabajo administrativo y ya casi no tenemos huecos para hacer PCR. Se nos dijo a todos que cogiéramos las vacaciones en verano para estar operativos para los rebrotes en octubre, pero los rebrotes han llegado y no estábamos preparados», afirma la médico, portavoz del sindicato médico mayoritario de Metges de Catalunya (MC).

Sienten agotamiento y la soledad. «Estamos destrozados y encima la sensación es de caos. Los protocolos no están claros, es un lío monumental y de los rastreadores, ni idea. Si existen deben ser una entelequia», afirmaba Bertoluzzi hace unos días.

A la falta de recursos para contener la propia epidemia, Bertoluzzi suma a un gran número de damnificados. «La atención primaria como la conocemos ya no existe y a este paso no puede volver. Los médicos hemos tenido que cerrar nuestras agendas, nadie puede ver a su médico sino solo al que está disponible en ese momento. Hemos tenido que suspender los programas de crónicos. Estamos seguros de que muchas enfermedades importantes se están dejando de diagnosticar y eso va a mermar la salud de la población», denuncia.

CONSULTORIO CAÑADA ROSAL (SEVILLA)

Mil kilómetros al suroeste, los médicos de familia tampoco tienen refuerzos este verano. Ángel López, facultativo del Consultorio sevillano Cañada Rosal, en un pequeño pueblo de 3.300 habitantes, se va de vacaciones dejando a sabiendas de que sus pacientes tendrán que afrontar cancelaciones de los programas de crónicos y mayores listas de espera en su ausencia, más en este verano en que a sus tareas habituales tienen que hacer el seguimiento de contactos, porque allí tampoco saben nada de los rastreadores.

«Aquí en el pueblo nos asignaron un epidemiólogo que asesora a los centros del distrito sanitario, pero el seguimiento lo hacemos nosotros, y con la ventaja de que esto es un pueblo pequeño y estamos todos conectados. Aquí a los sospechosos les avisamos de que están vigilados y no pueden salir, tenemos un grupo de alarma con la guardia civil y es más sencillo, incluso yo me puedo pasar por el domicilio. Además nos conocemos todos, sabemos quién ha podido salir, quién ha tenido una comunión o dónde se puede haber contagiado», explica López, a quien la Junta abrió un expediente por ofrecer mascarillas regaladas.

El control lo tienen más fácil pero, también por ser un pueblo, la disponibilidad para hacer PCR la tienen limitadas a lunes, miércoles y viernes. «Si tienes síntomas el viernes por la tarde, tendrás que esperar al lunes para hacer la prueba», reconoce este médico, quien cree que este verano en su pueblo la situación no es peor porque hay mucha gente que sigue sin ir al consultorio: «Aquí antes el consultorio era casi un centro social, la gente venía como quien va a la tienda, y eso no ha vuelto a la normalidad».

CONSULTORIO EL ÁLAMO (MADRID)

En la región que sufrió el peor azote de la epidemia se ubica el Consultorio de El Álamo, un municipio de casi 10.000 habitantes con cinco residencias de ancianos que esta semana se quedará con una sola médica de los cinco que tienen plaza en el consultorio. «Nos están ayudando en lo que pueden los pediatras, si no sería imposible. La semana que viene estoy yo sola, va a ser una locura», advierte Isabel, que asegura que con el COVID-19 el trabajo se hace mucho más inabarcable.

Me pregunto si no tienen en cuenta el problema que esto supone para la seguridad del paciente»

«Tenemos un circuito respiratorio, para gente que tenga síntomas compatibles con COVID-19, se entra por un sitio distinto y tienes que ponerte el traje y volvértelo a quitar cuando terminas. A eso hay que sumar toda la burocracia de las residencias, las visitas a domicilio, el estudio de contactos… todo una sola persona», dice Isabel. ¿Y cómo afecta eso a la atención? «Sustos tenemos todos los días, porque obviamente no puedes atender cada caso como te gustaría», reconoce, «con el punto de partida de lo agotadas que estamos de la pandemia, que no tuvimos ni vacaciones de Semana Santa ni tan siquiera vemos la luz al final del túnel».

A El Álamo tampoco han llegado noticias de los rastreadores: «En principio se supone que Salud Pública tiene que hacer el estudio de contactos, pero nosotros no tenemos ningún feedback. Desde el consultorio indagamos en los familiares y pedimos PCR, pero no podemos ir más allá, al entorno laboral o social, porque no damos abasto», explica.

Los refuerzos no llegan «porque nos dicen que no encuentran personal, pero yo me pregunto si no tienen en cuenta el problema que esto supone para la seguridad del paciente», apunta la médica.

CONSULTORIO AUXILIAR DE TENDETES (VALENCIA)

Les recomendaron cogerse vacaciones en julio y agosto para evitar la falta de profesionales cuando llegaran los rebrotes, pero ya han llegado. En el Consultorio Auxiliar de Tendetes, en Valencia, están a dos tercios de la plantilla (con los refuerzos ya incluidos). El trabajo se acumula ya y exige un tiempo de espera para una consulta de atención primaria de alrededor de una semana. «Otros años aquí en la ciudad casi no había nadie, la gente se iba fuera, este año la ciudad está a tope y encima tenemos que hacer las PCR, atender pacientes respiratorios que se suma a lo habitual», dice la médica Inmaculada Cervera, portavoz de Semergen.

En Valencia, los médicos de Primaria están pidiendo que se traslade la toma de muestras a lugares al aire libre y donde se hagan de forma intensiva. «Evitaríamos riesgos de exposición y ahorro de EPIS porque dos profesionales pueden hacer muchas PCR en serie», reclama. Pero de momento la realización de test recae en Atención Primaria, igual que el rastreo de contactos del que siguen sintiendo toda la responsabilidad y ningún feedback de Salud Pública.

«Sentimos impotencia, no podemos hacer nada, yo he sondeado a mis compañeros y más de la mitad no tienen siquiera un protocolo claro de qué hacer cuando detectan un incumplimiento del aislamiento. Es necesario que haya herramientas de geolocalización para que se pueda controlar esto. Si no, es imposible», concluye.

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