Imagen: Carmen Vivas

Salud

Cuando los políticos prometen una vacuna que la ciencia no asegura

"Lo de la vacuna en 2020 son fechas más bien políticas que científicas", afirma el virólogo Luis Enjuanes, del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC

Aunque encontrar la vacuna para un virus es un proceso que suele llevar años, incluso décadas, la maquinaria de los grandes laboratorios del mundo han acelerado de tal manera en los últimos meses que ya hay varios proyectos muy cerca de hallar la fórmula contra el coronavirus.

La imperiosa necesidad de una vacuna para reactivar la economía y frenar el hundimiento ha llevado a la clase política a lanzar las campanas al vuelo. Pero aunque la ciencia vaya a la velocidad de la luz y las perspectivas sean buenas, todavía no hay un indicador fiable de que la vacuna contra el coronavirus vaya a estar disponible a corto plazo. Frente a los tiempos de los científicos, las urgencias de los políticos.

«Seremos capaces de distribuir 100 millones de dosis de vacunas para el final de 2020, y luego un número muy grande después», prometió este mismo miércoles el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. «Podría ser en octubre, en algún momento de octubre o noviembre, no creo que sea mucho más tarde».

Trump no usó el tiempo condicional. Fue rotundo: «Seremos capaces». El mandatario estadounidense se llegó a enfadar en la misma rueda de prensa con una periodista que le recordó las palabras del director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, Robert Redfield, que dijo que la vacuna podría estar entre noviembre y diciembre pero que no llegaría a la población hasta mediados de 2021.

«Creo que cometió un error cuando dijo eso, simplemente es información incorrecta (…) Estamos listos para ir adelante de manera inmediata», respondió Trump, consciente de que el hallazgo de una vacuna en las próximas semanas sería un espaldarazo a su candidatura para las elecciones presidenciales de noviembre.

Sánchez, Illa y el optimismo español

En España, las autoridades no usaron un lenguaje tan categórico como el de Trump, pero igualmente lanzaron mensajes llenos de optimismo hacia una población más que necesitada de alegrías. “Esperamos que en el mes de diciembre podamos empezar a vacunar a una parte de la población”, anunció el 7 de septiembre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una entrevista en TVE. «Se ha cerrado un contrato con Astrazeneca-Oxford, que es la que tiene los ensayos más avanzados».

El mismo día, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, inflaba todavía más la esperanza. «Si los análisis clínicos superan las debidas garantías, a partir de diciembre estarían en condiciones de suministrar dosis. Europa recibirá unas 30 millones de dosis y a España llegarían unas tres millones», decía el ministro en un encuentro organizado por El Español.

Frenazo a la euforia

Pero dos días después, el 9 de septiembre, llegó un jarro de agua fría a primera hora de la mañana. Astrazeneca comunicaba que suspendía el ensayo de la vacuna ante la aparición de «una enfermedad potencialmente inexplicable» en uno de los participantes del mismo. Aquel mismo día por la noche, Luis Enjuanes, eminencia de los laboratorios españoles, dejaba una frase en el telediario de TVE que resumía a la perfección las idas y venidas de la vacuna.

«El Gobierno español y otros Gobiernos están hablando de distribuir las primeras vacunas dentro de tres meses. ¿Son plazos realistas?», le preguntó el presentador Carlos Franganillo. «Son fechas más bien políticas que científicas», respondió Enjuanes, director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC.

«Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, siempre ha dicho que era un poco exagerado, que la vacuna estaría como pronto en el primer o segundo trimestre del año que viene», añadió Enjuanes en la televisión pública.

La espera hasta el final de la Fase III

La de Enjuanes no es la única voz que ha recordado a los políticos que sus urgencias no van de la mano con los plazos de la ciencia. Margarita del Val, investigadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, advirtió esta semana sobre la incertidumbre que rodea todavía la búsqueda de la vacuna.

«Hasta el final de la fase III no se sabe si una vacuna tiene la más mínima eficacia»

Margarita del Val

«Hasta el final de la fase III no se sabe si una vacuna tiene la más mínima eficacia», apuntó esta semana Margarita del Val. «No olvidemos nunca que las vacunas son de los medicamentos más complejos, son medicamentos biológicos y se administran a personas sanas y por lo tanto requieren más seguridad y que solo en el final de la fase III se sabe si tienen la más mínima eficacia».

El español Carlos Estévez, investigador adjunto de la vacuna de Oxford, tampoco se mordió la lengua y aseguró el domingo en los micrófonos de la Cadena Cope que los políticos se equivocan a la hora de prometer cosas que no están en sus manos. «Creo que ha habido gente en distintos ámbitos que se ha precipitado un poco quizá a la hora de garantizar que se va a administrar la vacuna a finales de año cuando los resultados definitivos del estudio van a estar disponibles al menos en Reino Unido, a finales del verano del año que viene».

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