Salud

Ántrax, la enfermedad de los campos malditos que no se detectaba en España desde 2004

Con pocas semanas de diferencia han aparecido dos focos de infección de esta bacteria en las provincias de Ciudad Real y Badajoz. En uno de ellos solo ha afectado a animales y en el otro también en una persona, de forma leve.

Imagen de archivo de tres vacas pastando en los campos de Extremadura

En pocas semanas se han notificado dos focos de ántrax o carbunco en animales en Ciudad Real y Badajoz.

Dos focos de ántrax en dos pueblos diferentes con pocas semanas de diferencia han hecho que se vuelva a hablar de una patología casi olvidada en España. «Esta enfermedad bacteriana es una de las más antiguas descritas y fue endémica durante mucho tiempo, pero la aparición de las vacunas y antibióticos ha logrado que se convierta en excepcional», explica el epidemiólogo veterinario Ignacio de Blas, profesor de la Universidad de Zaragoza.

El primero de los brotes afectó a 25 vacas de Poblete (Ciudad Real). Todas las reses contagiadas – de un total de 339 susceptibles – murieron y el foco, que se inició el 19 de agosto, se dio por cerrado el 3 de septiembre según notificó España a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE).

Un segundo brote sin embargo continúa abierto y hasta el momento ha afectado a dos caballos y una persona (un veterinario). Ha ocurrido en el pueblo pacense de Navalvillar de Pela y según fuentes veterinarias hay más casos en estudio, aunque la Consejería de Sanidad no confirma el número. Desde la Consejería de Agricultura indican a El Independiente que tienen «activo un plan de vigilancia epidemiológica y han realizado un encargo de emergencia a la empresa Tragsatec [de tecnologías sanitarias] para hacer el seguimiento de todas las incidencias que puedan producirse». Además, aseguran, «están realizando las encuestas epidemiológicas necesarias para conocer el alcance de la situación».

El carbunco fue una enfermedad endémica del campo desde la antigüedad aunque se hizo mundialmente conocida hace ahora 20 años cuando fue utilizada como arma biológica en Estados Unidos. El científico Bruce Ivins – que se suicidó en 2008 – fue considerado el culpable del envío de diversas cartas contaminadas con polvo de ántrax a medios de comunicación y senadores demócratas entre septiembre y octubre de 2001. Cinco personas murieron y de 22 fueron infectadas.

En aquella ocasión se utilizaron las esporas de antrax en polvo para provocar su inhalación, que supone la forma más grave de contraer la enfermedad. Es también, afortunadamente, «la forma más inusual, para ella es necesario inhalar una gran cantidad de partículas y en ese caso la mortalidad en humanos puede estar en el 70%. El problema es que cuando suele detectarse ya no se puede controlar», indica el microbiólogo Manuel Rodríguez, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).

Las otras dos formas en la que los humanos pueden contraer la enfermedad son por vía intestinal o cutánea. «Para contagiarse por vía intestinal es necesario ingerir carne de un animal contaminado o vegetales donde hayan quedado las esporas del ántrax. Pero es ya muy poco habitual y debe haber condiciones de muy poca salubridad», explica Rodríguez. La mortalidad en esta forma de la enfermedad oscila entre el 25 y el 60%. La forma más común y la que se ha confirmado en el veterinario de Badajoz es la tercera, el carbunco cutáneo. «Es la forma menos grave y se produce tras el contacto con un animal infectado si la persona tiene alguna herida. La infección es local, se produce una úlcera en la piel y si se trata suele resultar leve», explica el microbiólogo. No obstante sin tratamiento, esta forma de la patología tiene un 10% de mortalidad, según una guía del patógeno del Ministerio de Agricultura.

Ningún brote de la infección desde 2004

En el informe enviado por España a la OIE figura que el brote resuelto de Ciudad Real era el primero de carbunco detectado en España desde diciembre de 2004. Casi 17 años sin notificaciones de la bacteria gracias a los avances médicos y por ello ha llamado la atención la aparición de dos focos a 150 kilómetros de distancia y a la misma latitud. «Es curioso y hay muchas explicaciones posibles, podría haber habido algún animal que se hubiera desplazado (tanto ganado como animales silvestres), comercio de heno procedente de pastos contaminados o incluso de personas que pudieran llevar las esporas en sus botas.. Sin embargo, también puede ser que la situación haya trascendido precisamente porque se hayan dado dos focos, sin que tengan relación entre sí. Esto es lo que tendrán que estudiar los servicios de vigilancia epidemiológica», afirma De Blas.

En el caso de Ciudad Real, el informe apunta a que la causa es que las reses infectadas habrían pastado en una zona no habitual, ya que suele estar cubierta por el río Guadiana. La sequía ha dejado al descubierto una zona de pasto en la que estaría la bacteria. La sospecha se basa en que sólo se han visto afectados animales que han pastado en esa zona. «Las esporas que hace esta bacteria al contacto con el aire son muy resistentes y pueden aguantar años años y frente a muchos condicionantes, de manera que si el terreno tenía la bacteria y lleva años bajo el agua, la mantiene y puede infectar a animales que pasten décadas después», afirma De Blas.

En un documento del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo sobre la bacteria se indica que «pueden sobrevivir durante dos años en el agua, 10 en la leche y durante décadas en el suelo y en productos animales como lana, hebras de seda o cuero seco o procesado». Además, se añade que estas esporas son muy resistentes al calor, a la desecación, a la radiación solar y a muchos desinfectantes.

La resistencia es tal que en 2015 el deshielo en Siberia hizo aflorar carbunco que estaba enterrado bajo el hielo. La infección afectó a 100 personas y mató a un niño, además provocó la muerte a 2.300 renos.

Los «pastos malditos»

La forma en la que las esporas de esta bacteria quedan enterradas en el suelo es tras la muerte de un animal infectado. «Los animales solían infectarse tras pastar en un campo donde se había enterrado un animal con la infección. Cuando no había vacunas ni antibióticos la mortalidad era altísima y por eso se calificaba esos lugares de pastos malditos», explica De Blas. «Ahora el enterramiento de animales está muy controlado y además la enfermedad se ha casi erradicado y por ello es muy difícil que haya contagios. Los humanos suelen contagiarse cuando hacen necropsias [autopsias] de animales infectados», explica el epidemiólogo veterinario.

El ataque de esta bacteria a la ganadería viene de la antigüedad y afecta sobre todo a rumiantes pero también a ovejas, caballos, aves o perros, además de los humanos. Como explicaba el catedrático de Biología Animal en la Universidad de Málaga Ramón Muñoz-Chápuli en la revista Encuentros, la enfermedad afectaba a los animales que bebían agua contaminada por cadáveres o restos orgánicos de otros animales o comer presas infectadas. También fue propia durante siglos de profesiones en contacto con el ganado o sus productos, tales como pieles, lana, etc.

El nombre de la enfermedad es en realidad carbón – ántrax es la palabra en griego y carbunco en latín – y se la denominó así, explica De Blas, «por el oscurecimiento de la sangre de las víctimas y el color de las lesiones de la piel que produce el ántrax cutáneo».

Las características de esta enfermedad solo se desvelarían bien entrado el siglo XIX gracias a Robert Koch y Louis Pasteur. Koch, padre de la microbiología, logró aislar la bacteria y confirmar que producía enfermedad. Pasteur haría en 1881 un experimento «en directo» con la bacteria. Dividió un grupo de animales ya una parte de ellos les inoculó una cepa atenuada de la enfermedad (vacuna). Al cabo de unos días inyectó una cepa más virulenta y pudo confirmar que los animales no vacunados sufrían la enfermedad con mayor virulencia o morían.

Tras los trabajos de Pasteur, diversos científicos fueron perfeccionando la vacuna que durante años se dio en España de forma sistemática especialmente en zonas de «pastos malditos», como recuerda De Blas. Posteriormente y con la bajada de los casos «se convirtió en una vacuna de emergencia que se da una vez se detecta algún caso».

Las Consejerías de las dos localidades afectadas por los recientes brotes han informado de la vacunación de las reses de las ganaderías afectadas. «Tanto la vacuna como el tratamiento antibiótico son muy efectivos para prevenir la enfermedad, que hay que tener en cuenta que se transmite por el foco contaminado pero no de animal a animal o persona a persona», advierte el epidemiólogo veterinario. Ésta es la razón por la que ni De Blas ni Rodríguez muestran alarma frente a los brotes detectados: «Hemos de estar muy alerta ante los nuevos casos y ser muy muy cuidadosos con la vacunación, porque la enfermedad es potencialmente peligrosa, pero si se siguen estas indicaciones no debería haber un gran riesgo en nuestro país», apunta el microbiólogo.

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