Salud

La Navidad al final del túnel: ¿en familia y sin mascarilla?

Epidemiólogos fijan un horizonte sin restricciones en una incidencia menor de 25 casos por 100.000 habitantes a 14 días y el máximo de vacunados, por encima del 90% de la población.

La Navidad al final del túnel: ¿en familia y sin mascarilla?

La Navidad al final del túnel: ¿en familia y sin mascarilla? Pxhere

La pandemia baja de nuevo su incidencia en España y nos acerca al final del túnel. La vacunación de más del 75% de los españoles frente al Covid empuja también hacia una ansiada normalidad que podría materializarse en una Navidad de 2021 similar a la que dejamos atrás en 2019. Con muchos condicionantes, el primero es mantener una incidencia muy baja.

A pocos días de empezar el otoño, el epidemiólogo Daniel López-Acuña, ex director de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fija un objetivo: «La clave es bajar de 25 casos por 100.000 habitantes a 14 días, en ese momento se podrá pensar en eliminar las restricciones». De momento, la tendencia es a la baja y España ha logrado este viernes niveles que no se veían desde agosto de 2020.

Coincide en poner ese umbral en el horizonte el director de la Unidad de Investigación en Emergencias y Desastres de la Universidad de Oviedo, Pedro Arcos: «Si llegamos a una incidencia de 25, en teoría no serán necesarias restricciones. Ese nivel es similar al de circulación de otros virus respiratorios y por tanto si no hay medidas contra ellos, no tendría por qué haber restricciones frente al Covid».

El epidemiólogo Joan Caylá, que fue jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, pone también el objetivo en 25 y cree que «podrá conseguirse a corto plazo si se mantiene la cautela. No olvidemos que bajar la incidencia es lento y subirla es muy rápido».

Conseguirlo antes de Navidad es para Arcos, algo más optimista que sus colegas, factible: «Si no aparece una variante que desplace a la Delta podremos celebrar las próximas Navidades como las de 2019, con la familia y sin mascarillas». Desde Oviedo, el epidemiólogo cree que el objetivo se cumplirá si se mantienen tres prioridades: «Completar la vacunación de todos aquellos a los que les falta una dosis, mejorar la cobertura en los grupos de edad donde es más baja, fundamentalmente jóvenes, y hacer un seguimiento de cómo se comportan los anticuerpos tras seis meses de la vacunación, para decidir sobre qué hacer en grupos específicos de vacunación».

En cuanto a la vacunación, los epidemiólogos coinciden en que la inmunidad de rebaño es una cifra incierta y apuestan por llegar a los máximos posibles de vacunación. «Aunque parezca muy alto y el 75% sea un gran avance, hay que pensar que una de cada cuatro personas sigue sin vacunar y mientras no se llega a mucha más gente hay que ser cauteloso. Las desescaladas rápidas no han dado buen resultado y es mejor ir despacio que tener que dar un volantazo», afirma Alberto Torres, jefe del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia.

Restricciones a pesar de las vacunas

Evitar ese «volantazo» mientras no se alcanzan los objetivos que plantean los expertos consultados es clave. Mientras no se baje la incidencia de 25 y se supere al menos el 90% de vacunados, Torres cree que será necesario «Mantener la mascarilla en interiores, no recuperar el 100% de aforos y mantener la higiene de manos, no solo por el Covid sino también por otros virus respiratorios que de circular incrementarían el grado de confusión y presión sobre el sistema sanitario».

En esa línea se expresa también la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Elena Vanessa Martín, «la situación este otoño vuelve a ser nueva. Hay más vacunados pero lo lógico es que vuelvan otros virus que no estuvieron el año pasado y eso puede provocar mucha confusión. Creo que más que fijarnos en un número hay que mantener una estrecha vigilancia de lo que ocurra para responder ágilmente según lo que vaya ocurriendo».

El doctor en Salud Pública e investigador de Fisabio, Salvador Peiró, ve «previsible un repunte con el fin del verano y el levantamiento de restricciones». En este sentido, son varias las comunidades autónomas, como Madrid, Asturias o La Rioja, que en los últimos días han anunciado la relajación de medidas, «Yo de momento mantendría restricciones en espacios cerrados, lo que implica control de aforos, distancia, mantenimiento de mascarillas y ventilación», indica Peiró, que subraya entre los lugares de más riesgo los locales de ocio nocturno, lugares de culto o locales de fiestas.

El ex directivo de la OMS también se muestra contrario a que se levanten las restricciones de momento, de hecho califica de «temeridad» la propuesta de Madrid, que desde este lunes elimina las restricciones de cines y teatros y permite el horario completo a bares y discotecas. «El virus sigue circulando y mientras que no logremos las dos metas de vacunar al máximo posible y bajar de 25 de incidencia las restricciones deberían parecerse mucho a las de la primavera pasada», afirma.

Al mantenimiento de las restricciones en que coincide Caylá, este experto añade el rastreo. «Vuelve a ser el momento de hacer buenos estudios de contactos, para que se puedan controlar los brotes y vigilar el cumplimiento de cuarentenas, ya que algunos datos disponibles dicen que se cumplen menos de lo deseado».

Este otoño, el Ministerio de Sanidad ha cambiado el protocolo y los vacunados no tendrán que guardar cuarentena aunque sean contacto estrecho de un positivo. Una medida con la que López-Acuña se muestra en desacuerdo y que Caylá ve con reticencias: «Si no se cumplen los aislamientos creo que habría que hacer test para evaluar tanto al inicio del aislamiento como unos días después».

Repensar los indicadores de evolución de la epidemia

Otro de los aspectos que que los epidemiólogos ven necesario actualizar en esta etapa de la pandemia es el de los indicadores de evolución. «Los umbrales para determinar niveles de riesgo se establecieron el año pasado y su objetivo era prevenir la saturación de hospitales, tras la vacunación la relación entre la incidencia y los casos graves ha cambiado mucho. Ya no significa lo mismo pero los umbrales se han mantenido», afirma Peiró. El investigador de Fisabio cree que un indicador ahora debería ser la hospitalización, pero con cuidado. «El problema es que los ingresos son un indicador tardío. Por tanto, creo que hay que ir controlando la hospitalización pero sin quitar ojo a las cifras de transmisión e ir tomando medidas sobre la marcha. Diría que ahora toca guiarse por los propios datos y tratar de mantener un control funcional de la epidemia, una dosis adecuada de medidas que vayamos cambiando en función de su eficacia», apunta.

La presidenta de la SEE va en la misma dirección, la de «poner medidas en función de la situación epidemiológica, destacando los indicadores de enfermedad grave y con mucha vigilancia al resto de enfermedades respiratorias para evitar saturación en Atención Primaria».

Precisamente en Atención Primaria es donde ve López-Acuña una necesidad de retomar la normalidad: «Hay que dar pasos para volver a la presencialidad en los centros de salud porque la atención telefónica provoca mucho desgaste y toca atender también otras enfermedades».

Así es el camino que marcan estos epidemiólogos hacia el final de la epidemia, con cautela en el mantenimiento de medidas mientras se avanza en la vacunación, en la que España ha conseguido posicionarse como uno de los países del mundo con mejor cobertura. «Es momento para la cautela, de ir sobre seguro», incide Caylá.

El camino está por delante pero el epidemiólogo Pedro Arcos anima a avanzar «sin miedo»: «La mascarilla costó ponerla pero ahora también se ve que cuesta sacarla en el exterior. Lo que no tiene sentido es aferrarnos a la mascarilla como algo simbólico y desde el punto de vista técnico, si logramos los objetivos de incidencia y vacunación, no tendrá ningún sentido mantenerla».

Una nueva variante, en caso de que desplazara a la Delta y mostrar más transmisibilidad o escape a la vacuna, sería razón para retroceder. «Este riesgo lo tenemos y lo que está en nuestra mano ahora es ayudar a la vacunación de los países donde no tienen disponibilidad de vacunas», concluye Arcos.

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